SEMANA SANTA 2026: “DE LA CRUZ A LA LUZ”
Pedro Pierre, Guayaquil. 2026.
CONTENIDO
1.
Sentido de la Semana santa: ‘De la Cruz a la luz’… ese es el camino a recorrer.
2.
Sentido del jueves santa: ‘Nuestro servicio -lavatorio de los pies- es la organización del compartir
-última Cena-’.
3.
Sentido del viernes santo: “Camino a la cruz: ¡La máximo crueldad por la máxima solidaridad!”.
4.
Sentido del sábado de gloria: “El Verbo era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre” (Juan
1,9).
RESUMEN DEL COMENTARIO DE LA SEMANA MAYOR
1. Jesús es el testigo mayor…
2. … del triunfo de la vida y del amor…
3. … después de una vida continuamente solidaria con los pobres…
4. … y de un asesinato horroroso por parte de las autoridades religiosas y
militares.
1ª
parte:
SENTIDO
DE LA SEMANA SANTA: ‘DE LA CRUZ A LA LUZ’.
¡Buenos días de Dios! a ustedes, mis amigas y amigos queridos
de Sucumbíos.
Gracias a los qy Medios de Comunicación que nos permiten acompañarnos en ese
Semana santa.
Para ayudarnos en estos días especiales, vamos a dejarnos guiar por una expresión
de 5 palabras que nos da el sentido de esta Semana mayor tanto para Jesús como
para nosotros los cristianos: “¡De la cruz a la luz!”. Muchas
veces nos quedamos en la cruz. Jesús nos invita a pasar a la luz: la luz de una
nueva vida y la luz de la resurrección en nuestro quehacer cotidiano.
El profeta
Isaias anunciaba cuál iba a ser la misión de Jesús
"Yo, el Señor, te he
llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto
como alianza del pueblo y luz de las naciones, para abrir los
ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que
viven en tinieblas… Guiaré a los ciegos por caminos que no conocen, por
senderos ignorados los haré caminar; ante ellos cambiaré las tinieblas
en luz, y en llano el terreno pedregoso. Todo esto es lo que voy a
hacer y lo haré sin falta" (Isaías 42,6).
En esta
lectura, el profeta es muy claro:
‘Tenemos que ser luz, andando en la luz’. Esta
profecía tiene 3 destinatario: Anteayer, ayer y hoy.
1. Anteayer,
en tiempos de Isaías, su profecía era para el pueblo judío que había
sido desterrado de Palestina y llevado en esclavitud a Babilonia. Como se dice:
“¡No hay mal que por bien no venga!”. Para Isaías, el exilio tenía que ser la
oportunidad de dar a conocer el proyecto de Dios que el pueblo judío trataba de
llevar adelante. Isaías descubre que la Alianza con Dios nos es su propiedad
privada. Proclama el profeta: Por un parte, “te he puesto como alianza del
pueblo”, es decir ‘Eres el Pueblo de la Alianza’, y por otra, “te he puesto
como luz de la nación”, es decir, ‘Mi alianza es para todos los pueblos’. Eso
era la doble misión del pueblo judío: Pueblo de la Alianza con Dios y Luz de
las naciones.
2. Ayer,
el segundo destinatario de la profecía de Isaías es el mismo Jesús,
enviado para sellar una nueva Alianza que sea luz de las naciones. Lo
recordaremos el jueves santo cuando dice Jesús con el vino que comparte en la
última cena: “Esta es la sangre de la Alianza” . La Alianza con Dios se
manifiesta mediante la fraternidad local, nacional e universal. Esa es la luz que
vino a traer Jesús a este mundo: No andar en tinieblas, sino a la luz de la
verdad, la justicia y la verdadera libertad.
3. Hoy,
el tercer destinatario de la profecía somos nosotras y nosotros. Hoy
todas y todos somos llamados a ser el Pueblo de la Alianza con Dios que Jesús
ha venida a sellar, es decir, todas y todos somos el Pueblo que construye la
fraternidad hoy y siempre, aquí y en todas partes, una fraternidad hecha de
verdad, de justicia y de verdadera libertad. “Ustedes, nos dice Jesús, son la
luz, la sal y el fermento” del Reino de Dios en la familia, en la Comunidad, en
el país, en el mundo entero.
Vivamos
esta Samana mayor repitiéndonos en nuestra oración de la mañana:
‘Señor Jesús, tú que has venido para ser luz,
ayúdame y ayúdanos a pasar de la Cruz a la luz.
Ayúdame y ayúdanos a transformar nuestros
sufrimientos en luz, en fuentes de fraternidad, justicia y libertad para mí,
para mi familia, para mi Comunidad y para mi país.’
Es lo que les deseo de todo corazón… hasta una
próxima conversación sobre el jueves santo.
Gracias por su amistad, su fe y su lucha por el
Reino.
Diosito los bendiga.
2ª
parte: SENTIDO DEL JUEVES SANTO
‘Nuestro
servicio es la organización del compartir.
Buenas noches… para profundizar hoy sobre el
Jueves santo cuya celebración es una de la más sentida. De hecho, nos da 3
mensajes muy densos sobre el servicio, la eucaristía y el sacerdocio.
Primer
mensaje: El servicio con el gesto del lavatorio de los pies.
Jesús
quiso comenzar la primera misa con el signo del servicio mediante el lavatorio
de los pies de sus apóstoles. Pedro no quería que Jesús le lavara los pies;
pensaba que estaban reunidos para cosas más importantes.
Jesús pone como primera
prioridad el servicio: “He venido para servir y no para ser servido… Si yo que
soy el Señor y el Maestro les he lavado los pies, es para que ustedes hagan lo
mismo”. Como Jesús somos fundamentalmente servidores: servidores de los demás,
servidores de la vida, servidores del Reino. “¡El que nos vive para servir, no
sirve para vivir!” Estamos al servicio de la vida, de la fraternidad, de la
justicia, de la fe.
Para
realizar este lavatorio de los pies, tomemos iniciativas: lavemos los pies de
quienes son los mejores servidores entre nosotros… para que continúen y para
que surjan nuevos servidores del Reino.
Segundo mensaje: La Eucaristía nos compromete al
servicio de la fraternidad
Jesús deja de lado la práctica de
los sacrificios de animales como culto a Dios y retoma el gesto del rey
Melquisedec que “era sacerdote del Dios Altísimo” y que “ofreció a Abraham
pan y vino” (Génesis 14,18). El pan y el vino son signos de compartir,
fraternidad e igualdad: Son el signo de hermandad sin hipocresía. Al comer pan
y vino, se comparte la vida, se sella una alianza, se compromete a seguir
compartiendo.
Dijo Jesús: “Tomen y caman, este
pan es mi cuerpo entregado”. Jesús lo compartió todo hasta el final y hasta
lo extremo, al punto de morir por sus amigos. “No hay amor más grande que dar
la vida por sus amigos”. Eso es el sentido de la Eucaristía: Dios se hace
presente en la Eucaristía no tanto por las palabras de sacerdote, sino por el
compartir de la Comunidad. Si no hay compartir, el pan no se transforma en el
cuerpo de Jesús. El gran mensaje es: Dios está en el compartir.
Jesús selló este compartir al
entregar la vida como signo de solidaridad con los maltratados de todos los
tiempos. Dios está del lado de las víctimas. La sangre de Jesús es, como el
mismo lo dice, “la sangre de la Alianza”: Jesús ha venido para el
triunfo de la fraternidad, en particular, de la fraternidad entre pobres y con
los pobres. Si no hay fraternidad con los pobres no hay ninguna alianza, ni con
Dios ni entre nosotros: Estamos perdiendo nuestro tiempo y nuestra vida.
Nuestras misas son una mentira, un insulto a Jesús y a Dios.
Tercer
mensaje: Todas y todos somos sacerdotes y sacerdotisas.
Jesús terminó la última cena y la
primera misa diciendo: “Hagan esto en memoria mía”. Jesús dio esta invitación a
los apóstoles, pero sobre todo a todas y todos los cristianos. Por eso en el
bautismo se nos dice a todas y todos: “Tú eres profetas, sacerdotes y
reyes-pastores”.
En el Nuevos Testamento no se ve a
los apóstoles celebrando misas, porque los cristianos se reunían en las casas y
quiénes presidían la fracción del pan, o sea la Eucaristía, eran el jefe o la
jefa de familia. En el siglo 4 llegaron los sacerdotes ordenados que quitaron a
los bautizados sus servicio sacerdotal, profético y real.
Es tiempo de volver a las
prácticas de la Iglesia de los primeros tiempos y dejar de seguir normas que
provienen de un emperador romano que no era ni bautizado y que se llamaba
Constantino. Todas y todos somos sacerdotes y sacerdotisas del “Dios Altísimo”.
Todas y todas somos ‘puentes’ y artesanos de la Alianza entre nosotros y con
Dios, como por ejemplo cuando bendecimos el pan y los hijos o nos bendecimos
los unos a los otros -de allí viene la palabra de despedida: “¡Bendiciones!”.
Somos sacerdotes y sacerdotisas cuando rezamos juntos en la familia, en la
comunidad, para bendecir el pan y el nuevo día que nos regala Dios.
Vivamos este jueves santo con
mucha fe, con emoción y con nuevos signos de servicio, de eucaristía y de
sacerdocio.
Nos vemos mañana para una
reflexión sobre el viernes santo.
3ª
parte: SENTIDO DEL VIERNES SANTO
“Camino
a la cruz: ¡La máximo crueldad por la máxima solidaridad!”.
Buenos días… Gracias por seguir profundizando
sobre la Semana santo, hoy viernes santo, el día más concurrido por los
cristianos. El tema general de esta Semana mayor quiere orientarnos sobre el
desenlace de la vida de Jesús: “¡De la cruz a la luz!”. Jesús nos hace ver que
la muerte no tuvo la última palabra sobre él. Por lo mismo, el día más
importante es el de la resurrección.
En Jesús,
Dios se identificó con nuestros sufrimientos
Si hay tanta gente en las celebraciones del
viernes santo, es porque estamos claros que Jesús se ha identificado con todos
los que sufren. Pero lo más importante de la solidaridad de Jesús con nuestros
sufrimientos es que no se quedó allí: por su resurrección, los sufrimientos y
las muertes injustas pueden ser superados. Por otra parte, los sufrimientos
tienen sentido y superación cuando son la consecuencia de una vida que sigue el
ejemplo de Jesús. Profundicemos este punto.
La misión de Jesús fue hacer acontecer el Reino
de Dios con un doble propósito. Por una parte, Dios quiere la fraternidad y
esta fraternidad es negada cuando hay pobres, es decir injusticia,
empobrecimiento: la pobreza es el resultado de la negación de los derechos a
una vida digna por parte de los que acumulan bienes y riqueza. La acumulación
de bienes y riqueza se obtiene quitando a muchos lo que necesitan para vivir
como Dios manda. Por eso los papas y los obispos llamaron como “pecado social”
la situación de miseria en que se encuentran millones de personas y denunciaron
la “estructuras de pecado” que provocan esta situación.
El Reino de
Dios es otra manera de creer y de vivir individualmente y en sociedad
Con su palaba, su vida, su actuar, sus opciones
Jesús nos quiso enseñar que es posibles enfrentar esta situación de pobreza
destructora e invertirla. Primero Jesús se hizo pobre y vivió pobremente.
Decía: “El Hijo del Hombre no tiene ni una piedra para reclinar la cabeza”.
Luego se dedicó a reunir a los pobres de Galilea para superar la pobreza
mediante la organización de pequeñas Comunidades que vivieran la amistad y el
compartir. Por eso, después de su resurrección dijo a sus apóstoles: “¡Vuelvan
a Galilea!”, es decir vuelvan a los comienzos, vuelvan a los pobres, vuelvan a
la conformación de comunidades, vuelvan a la amistad y al compartir. Eso es el
Reino que Dios quiere.
El problema fue que este proyecto de Jesús no fue
del gusto ni de las autoridades religiosas ni de las autoridades militares
romanas. Ellas necesitaban del empobrecimiento de la gente para acumular
privilegios, riquezas y poder. Por eso decidieron unirse para eliminar a Jesús
y quitarles a los pobres la idea y el proyecto de vivir y creer de otra manera.
Por eso lo acusaron de querer destruir el Templo de Jerusalén y de desobedecer
al emperador romano. El Templo de Jerusalén era el centro del poder y del enriquecimiento
de las autoridades religiosas judías, gracias a la explotación de los pobres.
En cuanto al emperador romano, él y su corte vivían de los grandes impuestos
que cobraban en todo el imperio, impuestos que tenían a los pobres
extorsionados, endeudados, empobrecido de por vida.
Las
autoridades quisieron enterrar para siempre el proyecto de Jesús
Muy bien se dieron cuenta las autoridades judías y
romanas que la organización de comunidades de pobres eran un peligro seguro
para ellas si los pobres vivieran en comunidades fraternas donde la ley era el
compartir equitativo… en nombre de Dios. Jesús predicaba a un Dios padre y
madre de todos que quería que sus hijos vivieran en armonía mediante la
repartición equitativa de los bienes y productos de la creación hecha para el
bienestar de todos. Comprendieron las autoridades que el Reino de la
fraternidad y del compartir era el fin de su situación de su acumulación de
riquezas y de poder. Decidieron cortar con ese movimiento demasiado peligroso
para ellas. Decidieron también quitarles la gana de continuar este proyecto a
todas y todos los y las que habían comenzado a seguir a Jesús. Por eso en un
tiempo récord, apresaron violentamente a Jesús, lo torturaron a más no poder y
lo crucificaron en un lugar de paso… poniendo guardias delante de su tumba,
para que todos se dieron cuenta que “con eso no se juega”.
Por un
viernes santo a ‘cómo Dios manda”
Así que estamos lejos de la creencia de que “Dios
quiso que Jesús muriera así por nuestros pecados”… Aquí el pecado mayor es el
de las autoridades religiosas y militares que no querían una vida nueva y
diferente para los pobres, que no les interesaba en absoluto un Reino de Dios
de fraternidad, de igualdad y de justicia. El viernes santo es el recuerdo del
poder destructor del mal encarnado en las autoridades religiosas y militares.
Será todo para hoy… sabiendo que Dios no dejó las
cosas allí: el proyecto de Jesús no podía fracasar por era y es su proyecto de
Padre sobre toda la humanidad. Nos vemos mañana en este mismo canal y con los
mismos artistas…
4ª
parte: SENTIDO DEL SÁBADO DE GLORIA
“El
Verbo era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre” (Juan 1,9).
Buenos días… y gracias por estar presentes nuestra
última reflexión sobre el desenlace final de la muerte de Jesús y sus
consecuencias hoy, “Sábado de Gloria”. Sintámonos felices porque “la guerra
está ganada, pero hay que librar muchas batallas” para alcanzar la gloria de la
victoria.
En el Sábado de Gloria, “el silencio de la tumba
aguarda el triunfo de la resurrección”. Jesús nos aguarda el triunfo, pero
hay que merecerlo.
La
experiencia de la resurrección sorprendió a los apóstoles
Para los apóstoles la crucifixión
fue un desastre total… que podía ocurrirles también a ellos. El mensaje de las
autoridades religiosas y militares de Jerusalén era claro: “Lo de Jesús de Nazaret se acabó. A los que
lo pueden olvidar, van a tener la mismo
suerte que él”. Por eso los apóstoles regresaron a su casa y a sus faenas.
Fueron las mujeres que
reavivaron la brasa bajo las cenizas, y María Magdalena en particular. Para
ellas Jesús continuaba vivo no sólo en los recuerdos, sino también en la
cotidianidad de la vida. Los pobres seguían allí con la ilusión de que algo
distinto era posible. La experiencia del compartir se volvía una exigencia si
se quería vivir mejor. Una organización religiosa y social era posible si así
lo decidían. El proyecto del Reino no había muerto porque les quemaba el
corazón. Jesús continuaba encarnándose en los pobres, los enfermos, los
explotados, los asesinados… Continuaba presente en los gestos y las palabras de
quienes continuaban su manera de hablar y actuar.
Las mujeres se decían: “Jesús sigue vivo en
nosotras y en los demás”. Luego lo comunicaron a los apóstoles y discípulos:
“¡Jesús ha resucitado y sigue con nosotros! Continuemos su proyecto,
seamos sus palabras, repitamos sus gestos, conformemos Comunidades”. Los
primeros cristianos ya habían nacido y los llamaban “los del Camino”, el
‘Camino de Jesús’. Descubrieron que Jesús estaba presente en la amistad: lo
decían los de Emaús. Estaba presente en el pescado asado en la playa del Lago
de Galilea. Estaba presente cuando se reunían en Comunidades para recordar sus
palabras, sus parábolas, sus milagros… Estaba presente cuando hacían la
fracción del pan en las casa recordando la última cena. Estaba presente en las
personas que desafiaban el miedo para empezara a vivir de otra manera, cuando
organizaban el compartir, la curación de los enfermos, la dignidad recobrada
por las mujeres. Lo que había sembrado Jesús volvía a surgir no sólo en los
corazones, sino en las personas, en las Comunidades y en todas y todos lo que
vivían lo que él pregonaba y hacía. “Quién nos separará del amor de Cristo”,
escribió Pablo.
Así comenzó la Iglesia, como Comunidades de pobres que no sólo recodaban
a Jesús, sino que lo hacían presente en sus palabras, en sus servicios, en sus
reuniones donde contaban sus experiencias de Jesús resucitado en ellos, en los
demás, en la vida cotidiana… y se pusieron a escribirlo, como un sueño y una
realidad a la vez, sabiendo que lo importante era vivir el mensaje de Jesús y
hacer acontecer el Reino que él había comenzado a realizar con ellos, entre
ellos. Lo importante pasaba a ser el hoy de cada día: Jesús está vivo en
nosotros y entre nosotros cuando vivimos en Comunidades y lo celebramos en la
fracción del pan. La resurrección era también de Jesús era el camino abierto
por su muerte para siempre, sin marcha atrás, porque el Reino no se detiene, el
proyecto de Dios no puede fracasar.
Todo eso nos quisieron comunicar los primeros
cristianos. Los sufrimientos y la muerte son el precio a pagar para que el
Reino continúe: Eso es lo que vivió Jesús. El Reino es lo único absoluto:
“¡Busquen primero el Reino de Dios; el resto vendrá por añadidura!” (Mateo
6,33).
Celebremos la resurrección de Jesús en nuestras
vidas y construyamos su Reino en Comunidades. Así encontraremos la felicidad y
nuestros sufrimientos y muerte tendrá sabor a resurrección.
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