miércoles, 1 de abril de 2026

Comentarios de los 3 días de la Semana santa

 

SEMANA SANTA 2026: “DE LA CRUZ A LA LUZ”

Pedro Pierre, Guayaquil. 2026.

CONTENIDO

1.      Sentido de la Semana santa: ‘De la Cruz a la luz’… ese es el camino a recorrer.

2.      Sentido del jueves santa: ‘Nuestro servicio -lavatorio de los pies- es la organización del compartir -última Cena-’.

3.      Sentido del viernes santo: “Camino a la cruz: ¡La máximo crueldad por la máxima solidaridad!”.

4.      Sentido del sábado de gloria: “El Verbo era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre” (Juan 1,9).

RESUMEN DEL COMENTARIO DE LA SEMANA MAYOR

1.  Jesús es el testigo mayor…

2.  … del triunfo de la vida y del amor…

3.  … después de una vida continuamente solidaria con los pobres…

4.  … y de un asesinato horroroso por parte de las autoridades religiosas y militares.

1ª parte:

SENTIDO DE LA SEMANA SANTA: ‘DE LA CRUZ A LA LUZ’.

¡Buenos días de Dios! a ustedes, mis amigas y amigos queridos de Sucumbíos.

Gracias a los qy Medios de Comunicación que nos permiten acompañarnos en ese Semana santa.

Para ayudarnos en estos días especiales, vamos a dejarnos guiar por una expresión de 5 palabras que nos da el sentido de esta Semana mayor tanto para Jesús como para nosotros los cristianos: ¡De la cruz a la luz!”. Muchas veces nos quedamos en la cruz. Jesús nos invita a pasar a la luz: la luz de una nueva vida y la luz de la resurrección en nuestro quehacer cotidiano.

El profeta Isaias anunciaba cuál iba a ser la misión de Jesús

"Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas… Guiaré a los ciegos por caminos que no conocen, por senderos ignorados los haré caminar; ante ellos cambiaré las tinieblas en luz, y en llano el terreno pedregoso. Todo esto es lo que voy a hacer y lo haré sin falta" (Isaías 42,6).

En esta lectura, el profeta es muy claro:

‘Tenemos que ser luz, andando en la luz’. Esta profecía tiene 3 destinatario: Anteayer, ayer y hoy.

1.      Anteayer, en tiempos de Isaías, su profecía era para el pueblo judío que había sido desterrado de Palestina y llevado en esclavitud a Babilonia. Como se dice: “¡No hay mal que por bien no venga!”. Para Isaías, el exilio tenía que ser la oportunidad de dar a conocer el proyecto de Dios que el pueblo judío trataba de llevar adelante. Isaías descubre que la Alianza con Dios nos es su propiedad privada. Proclama el profeta: Por un parte, “te he puesto como alianza del pueblo”, es decir ‘Eres el Pueblo de la Alianza’, y por otra, “te he puesto como luz de la nación”, es decir, ‘Mi alianza es para todos los pueblos’. Eso era la doble misión del pueblo judío: Pueblo de la Alianza con Dios y Luz de las naciones.

2.      Ayer, el segundo destinatario de la profecía de Isaías es el mismo Jesús, enviado para sellar una nueva Alianza que sea luz de las naciones. Lo recordaremos el jueves santo cuando dice Jesús con el vino que comparte en la última cena: “Esta es la sangre de la Alianza” . La Alianza con Dios se manifiesta mediante la fraternidad local, nacional e universal. Esa es la luz que vino a traer Jesús a este mundo: No andar en tinieblas, sino a la luz de la verdad, la justicia y la verdadera libertad.

3.      Hoy, el tercer destinatario de la profecía somos nosotras y nosotros. Hoy todas y todos somos llamados a ser el Pueblo de la Alianza con Dios que Jesús ha venida a sellar, es decir, todas y todos somos el Pueblo que construye la fraternidad hoy y siempre, aquí y en todas partes, una fraternidad hecha de verdad, de justicia y de verdadera libertad. “Ustedes, nos dice Jesús, son la luz, la sal y el fermento” del Reino de Dios en la familia, en la Comunidad, en el país, en el mundo entero.

Vivamos esta Samana mayor repitiéndonos en nuestra oración de la mañana:

‘Señor Jesús, tú que has venido para ser luz,

ayúdame y ayúdanos a pasar de la Cruz a la luz.

Ayúdame y ayúdanos a transformar nuestros sufrimientos en luz, en fuentes de fraternidad, justicia y libertad para mí, para mi familia, para mi Comunidad y para mi país.’

Es lo que les deseo de todo corazón… hasta una próxima conversación sobre el jueves santo.

Gracias por su amistad, su fe y su lucha por el Reino.

Diosito los bendiga.

2ª parte: SENTIDO DEL JUEVES SANTO

‘Nuestro servicio es la organización del compartir.

Buenas noches… para profundizar hoy sobre el Jueves santo cuya celebración es una de la más sentida. De hecho, nos da 3 mensajes muy densos sobre el servicio, la eucaristía y el sacerdocio.

Primer mensaje: El servicio con el gesto del lavatorio de los pies.

              Jesús quiso comenzar la primera misa con el signo del servicio mediante el lavatorio de los pies de sus apóstoles. Pedro no quería que Jesús le lavara los pies; pensaba que estaban reunidos para cosas más importantes.

Jesús pone como primera prioridad el servicio: “He venido para servir y no para ser servido… Si yo que soy el Señor y el Maestro les he lavado los pies, es para que ustedes hagan lo mismo”. Como Jesús somos fundamentalmente servidores: servidores de los demás, servidores de la vida, servidores del Reino. “¡El que nos vive para servir, no sirve para vivir!” Estamos al servicio de la vida, de la fraternidad, de la justicia, de la fe.

              Para realizar este lavatorio de los pies, tomemos iniciativas: lavemos los pies de quienes son los mejores servidores entre nosotros… para que continúen y para que surjan nuevos servidores del Reino.

Segundo mensaje: La Eucaristía nos compromete al servicio de la fraternidad

              Jesús deja de lado la práctica de los sacrificios de animales como culto a Dios y retoma el gesto del rey Melquisedec que “era sacerdote del Dios Altísimo” y que “ofreció a Abraham pan y vino” (Génesis 14,18). El pan y el vino son signos de compartir, fraternidad e igualdad: Son el signo de hermandad sin hipocresía. Al comer pan y vino, se comparte la vida, se sella una alianza, se compromete a seguir compartiendo.

              Dijo Jesús: “Tomen y caman, este pan es mi cuerpo entregado”. Jesús lo compartió todo hasta el final y hasta lo extremo, al punto de morir por sus amigos. “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”. Eso es el sentido de la Eucaristía: Dios se hace presente en la Eucaristía no tanto por las palabras de sacerdote, sino por el compartir de la Comunidad. Si no hay compartir, el pan no se transforma en el cuerpo de Jesús. El gran mensaje es: Dios está en el compartir.

              Jesús selló este compartir al entregar la vida como signo de solidaridad con los maltratados de todos los tiempos. Dios está del lado de las víctimas. La sangre de Jesús es, como el mismo lo dice, “la sangre de la Alianza”: Jesús ha venido para el triunfo de la fraternidad, en particular, de la fraternidad entre pobres y con los pobres. Si no hay fraternidad con los pobres no hay ninguna alianza, ni con Dios ni entre nosotros: Estamos perdiendo nuestro tiempo y nuestra vida. Nuestras misas son una mentira, un insulto a Jesús y a Dios.

Tercer mensaje: Todas y todos somos sacerdotes y sacerdotisas.

              Jesús terminó la última cena y la primera misa diciendo: “Hagan esto en memoria mía”. Jesús dio esta invitación a los apóstoles, pero sobre todo a todas y todos los cristianos. Por eso en el bautismo se nos dice a todas y todos: “Tú eres profetas, sacerdotes y reyes-pastores”.

              En el Nuevos Testamento no se ve a los apóstoles celebrando misas, porque los cristianos se reunían en las casas y quiénes presidían la fracción del pan, o sea la Eucaristía, eran el jefe o la jefa de familia. En el siglo 4 llegaron los sacerdotes ordenados que quitaron a los bautizados sus servicio sacerdotal, profético y real.

              Es tiempo de volver a las prácticas de la Iglesia de los primeros tiempos y dejar de seguir normas que provienen de un emperador romano que no era ni bautizado y que se llamaba Constantino. Todas y todos somos sacerdotes y sacerdotisas del “Dios Altísimo”. Todas y todas somos ‘puentes’ y artesanos de la Alianza entre nosotros y con Dios, como por ejemplo cuando bendecimos el pan y los hijos o nos bendecimos los unos a los otros -de allí viene la palabra de despedida: “¡Bendiciones!”. Somos sacerdotes y sacerdotisas cuando rezamos juntos en la familia, en la comunidad, para bendecir el pan y el nuevo día que nos regala Dios.

              Vivamos este jueves santo con mucha fe, con emoción y con nuevos signos de servicio, de eucaristía y de sacerdocio.

              Nos vemos mañana para una reflexión sobre el viernes santo.

 

3ª parte: SENTIDO DEL VIERNES SANTO

“Camino a la cruz: ¡La máximo crueldad por la máxima solidaridad!”.

Buenos días… Gracias por seguir profundizando sobre la Semana santo, hoy viernes santo, el día más concurrido por los cristianos. El tema general de esta Semana mayor quiere orientarnos sobre el desenlace de la vida de Jesús: “¡De la cruz a la luz!”. Jesús nos hace ver que la muerte no tuvo la última palabra sobre él. Por lo mismo, el día más importante es el de la resurrección.

En Jesús, Dios se identificó con nuestros sufrimientos

Si hay tanta gente en las celebraciones del viernes santo, es porque estamos claros que Jesús se ha identificado con todos los que sufren. Pero lo más importante de la solidaridad de Jesús con nuestros sufrimientos es que no se quedó allí: por su resurrección, los sufrimientos y las muertes injustas pueden ser superados. Por otra parte, los sufrimientos tienen sentido y superación cuando son la consecuencia de una vida que sigue el ejemplo de Jesús. Profundicemos este punto.

La misión de Jesús fue hacer acontecer el Reino de Dios con un doble propósito. Por una parte, Dios quiere la fraternidad y esta fraternidad es negada cuando hay pobres, es decir injusticia, empobrecimiento: la pobreza es el resultado de la negación de los derechos a una vida digna por parte de los que acumulan bienes y riqueza. La acumulación de bienes y riqueza se obtiene quitando a muchos lo que necesitan para vivir como Dios manda. Por eso los papas y los obispos llamaron como “pecado social” la situación de miseria en que se encuentran millones de personas y denunciaron la “estructuras de pecado” que provocan esta situación.

El Reino de Dios es otra manera de creer y de vivir individualmente y en sociedad

Con su palaba, su vida, su actuar, sus opciones Jesús nos quiso enseñar que es posibles enfrentar esta situación de pobreza destructora e invertirla. Primero Jesús se hizo pobre y vivió pobremente. Decía: “El Hijo del Hombre no tiene ni una piedra para reclinar la cabeza”. Luego se dedicó a reunir a los pobres de Galilea para superar la pobreza mediante la organización de pequeñas Comunidades que vivieran la amistad y el compartir. Por eso, después de su resurrección dijo a sus apóstoles: “¡Vuelvan a Galilea!”, es decir vuelvan a los comienzos, vuelvan a los pobres, vuelvan a la conformación de comunidades, vuelvan a la amistad y al compartir. Eso es el Reino que Dios quiere.

El problema fue que este proyecto de Jesús no fue del gusto ni de las autoridades religiosas ni de las autoridades militares romanas. Ellas necesitaban del empobrecimiento de la gente para acumular privilegios, riquezas y poder. Por eso decidieron unirse para eliminar a Jesús y quitarles a los pobres la idea y el proyecto de vivir y creer de otra manera. Por eso lo acusaron de querer destruir el Templo de Jerusalén y de desobedecer al emperador romano. El Templo de Jerusalén era el centro del poder y del enriquecimiento de las autoridades religiosas judías, gracias a la explotación de los pobres. En cuanto al emperador romano, él y su corte vivían de los grandes impuestos que cobraban en todo el imperio, impuestos que tenían a los pobres extorsionados, endeudados, empobrecido de por vida.

Las autoridades quisieron enterrar para siempre el proyecto de Jesús

Muy bien se dieron cuenta las autoridades judías y romanas que la organización de comunidades de pobres eran un peligro seguro para ellas si los pobres vivieran en comunidades fraternas donde la ley era el compartir equitativo… en nombre de Dios. Jesús predicaba a un Dios padre y madre de todos que quería que sus hijos vivieran en armonía mediante la repartición equitativa de los bienes y productos de la creación hecha para el bienestar de todos. Comprendieron las autoridades que el Reino de la fraternidad y del compartir era el fin de su situación de su acumulación de riquezas y de poder. Decidieron cortar con ese movimiento demasiado peligroso para ellas. Decidieron también quitarles la gana de continuar este proyecto a todas y todos los y las que habían comenzado a seguir a Jesús. Por eso en un tiempo récord, apresaron violentamente a Jesús, lo torturaron a más no poder y lo crucificaron en un lugar de paso… poniendo guardias delante de su tumba, para que todos se dieron cuenta que “con eso no se juega”.

Por un viernes santo a ‘cómo Dios manda”

Así que estamos lejos de la creencia de que “Dios quiso que Jesús muriera así por nuestros pecados”… Aquí el pecado mayor es el de las autoridades religiosas y militares que no querían una vida nueva y diferente para los pobres, que no les interesaba en absoluto un Reino de Dios de fraternidad, de igualdad y de justicia. El viernes santo es el recuerdo del poder destructor del mal encarnado en las autoridades religiosas y militares.

Será todo para hoy… sabiendo que Dios no dejó las cosas allí: el proyecto de Jesús no podía fracasar por era y es su proyecto de Padre sobre toda la humanidad. Nos vemos mañana en este mismo canal y con los mismos artistas…

4ª parte: SENTIDO DEL SÁBADO DE GLORIA

“El Verbo era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre” (Juan 1,9).

Buenos días… y gracias por estar presentes nuestra última reflexión sobre el desenlace final de la muerte de Jesús y sus consecuencias hoy, “Sábado de Gloria”. Sintámonos felices porque “la guerra está ganada, pero hay que librar muchas batallas” para alcanzar la gloria de la victoria.

En el Sábado de Gloria, “el silencio de la tumba aguarda el triunfo de la resurrección”. Jesús nos aguarda el triunfo, pero hay que merecerlo.

La experiencia de la resurrección sorprendió a los apóstoles

              Para los apóstoles la crucifixión fue un desastre total… que podía ocurrirles también a ellos. El mensaje de las autoridades religiosas y militares de Jerusalén era claro:  “Lo de Jesús de Nazaret se acabó. A los que lo pueden olvidar,  van a tener la mismo suerte que él”. Por eso los apóstoles regresaron a su casa y a sus faenas.

              Fueron las mujeres que reavivaron la brasa bajo las cenizas, y María Magdalena en particular. Para ellas Jesús continuaba vivo no sólo en los recuerdos, sino también en la cotidianidad de la vida. Los pobres seguían allí con la ilusión de que algo distinto era posible. La experiencia del compartir se volvía una exigencia si se quería vivir mejor. Una organización religiosa y social era posible si así lo decidían. El proyecto del Reino no había muerto porque les quemaba el corazón. Jesús continuaba encarnándose en los pobres, los enfermos, los explotados, los asesinados… Continuaba presente en los gestos y las palabras de quienes continuaban su manera de hablar y actuar.

Las mujeres se decían: “Jesús sigue vivo en nosotras y en los demás”. Luego lo comunicaron a los apóstoles y discípulos: “¡Jesús ha resucitado y sigue con nosotros! Continuemos su proyecto, seamos sus palabras, repitamos sus gestos, conformemos Comunidades”. Los primeros cristianos ya habían nacido y los llamaban “los del Camino”, el ‘Camino de Jesús’. Descubrieron que Jesús estaba presente en la amistad: lo decían los de Emaús. Estaba presente en el pescado asado en la playa del Lago de Galilea. Estaba presente cuando se reunían en Comunidades para recordar sus palabras, sus parábolas, sus milagros… Estaba presente cuando hacían la fracción del pan en las casa recordando la última cena. Estaba presente en las personas que desafiaban el miedo para empezara a vivir de otra manera, cuando organizaban el compartir, la curación de los enfermos, la dignidad recobrada por las mujeres. Lo que había sembrado Jesús volvía a surgir no sólo en los corazones, sino en las personas, en las Comunidades y en todas y todos lo que vivían lo que él pregonaba y hacía. “Quién nos separará del amor de Cristo”, escribió Pablo.

Así comenzó la Iglesia, como Comunidades de pobres que no sólo recodaban a Jesús, sino que lo hacían presente en sus palabras, en sus servicios, en sus reuniones donde contaban sus experiencias de Jesús resucitado en ellos, en los demás, en la vida cotidiana… y se pusieron a escribirlo, como un sueño y una realidad a la vez, sabiendo que lo importante era vivir el mensaje de Jesús y hacer acontecer el Reino que él había comenzado a realizar con ellos, entre ellos. Lo importante pasaba a ser el hoy de cada día: Jesús está vivo en nosotros y entre nosotros cuando vivimos en Comunidades y lo celebramos en la fracción del pan. La resurrección era también de Jesús era el camino abierto por su muerte para siempre, sin marcha atrás, porque el Reino no se detiene, el proyecto de Dios no puede fracasar.

Todo eso nos quisieron comunicar los primeros cristianos. Los sufrimientos y la muerte son el precio a pagar para que el Reino continúe: Eso es lo que vivió Jesús. El Reino es lo único absoluto: “¡Busquen primero el Reino de Dios; el resto vendrá por añadidura!” (Mateo 6,33).

Celebremos la resurrección de Jesús en nuestras vidas y construyamos su Reino en Comunidades. Así encontraremos la felicidad y nuestros sufrimientos y muerte tendrá sabor a resurrección.

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