sábado, 16 de febrero de 2019

Para la Cuaresma de Arnaldo de Nicaragua y este servidor suyo


 V O L V E R   V I T A L M E N T E   A   J E S Ú S.

Cuaresma 2019. Texto: Arnaldo Z. Nicaragua.
Palabras de Dios, Pedro Pierre.


INDICE
Presentación e Introducción “Siempre es tiempo de conversión”

Folleto 1: Volver a Jesús, tener esta conversión en nuestras comunidades
-          Volver a Jesús, el Cristo
-          Conversión a Jesucristo
-          Conversión al Espíritu de Jesús, a su  pasión por el Reino de Dios
-          No bastan reformas litúrgicas pastorales, hay que ir a nuestra raíz
-          Nueva relación con Jesús

Folleto 2: Liberar la fuerza del Evangelio para vitalmente volver a Jesús  y trabajar en la construcción del Reino
-          El contacto directo e inmediato con el Evangelio
-          El evangelio es el mejor camino para renovar y re significar nuestra identidad cristiana

Folleto 3: Recuperar el proyecto humanizador  del Reino de Dios
Recuperar la centralidad del Reino de Dios

Folleto 4: Recuperar la centralidad del Reino de Dios anunciada por Jesus
-          Acoger la semilla del Reino de Dios
-          Oración del Buen Samaritano
Oración “No tienes manos…”


I N T R O D U C C I Ó N :  SIEMPRE  ES  TIEMPO  DE  CONVERTIRSE

Al hablar de ‘conversión’ solemos pensar en nuestros pecados de la vida cotidiana como: mentiras, rencores, indiferencias etc. Esa conversión es necesaria, pero no es la principal. El Papa Francisco nos hace  2 llamados claves, primordiales, para nuestra conversión:
1.       En su Mensaje de Cuaresma, el Papa nos llama a convertirnos  a “Amar más a Dios de todo corazón y a la profunda Amistad con Jesús”. Nota Esto lo vamos a  reflexionar entresacando  y modificando textos de Pagola.
2.       Convertirnos a “La Pasión por el cuido de nuestra Casa Común”, cambiando nuestras actitudes, nuestros falsos valores y nuestra práctica cotidiana de cara al desastre de la contaminación ambiental. Esto lo veremos después en otra serie de folletos.
Si no escuchamos  profundamente esos dos llamados claves, y si no pedimos la gracia de esta gran conversión propuesta por el papa Francisco, nuestra conversión será mucho muy limitada. No cambiará a fondo nuestra vida, y el testimonio de nuestra Comunidad será muy pobre, quizá solo organizativo. Quizá habrá algunos cambios, pero no tocará lo más fundamental.
Nota: Para las reuniones, avanzaremos paso a paso, o sea, lo que podemos reflexionar en unas 2 horas.


  tiempo :  VOLVER  A  JESÚS  ES  
TENER  ESTA  CONVERSIÓN  EN  NUESTRAS  COMUNIDADES


A.  “ VOLVER  A  JESÚS,  EL  CRISTO ”
Podemos pensar que ese llamado de ‘Volver a Jesús’ sale sobrando, pues pensamos “ya estamos en Jesús”, pero ¿lo estamos plena y vitalmente?
Esta conversión radical a Jesús, es lo más importante que puede suceder en nosotros y en nuestras Comunidades. ¿No necesitamos esta conversión?
Antes de ver las páginas siguientes, es bien importante que contestemos las siguientes preguntas y que las contestemos con sencillez y verdad.
Muchas cosas habrá que hacer a todos los niveles, pero nada más decisivo que impulsar esta conversión… porque Jesús es el centro, el Señor”.
El primer paso es convencernos de la necesidad de esta gran conversión.

Preguntas
1.    ¿Estamos conscientes de la necesidad de una conversión mayor a Jesús tanto personal como de nuestra Comunidad?
Leamos Lucas 12,49-50: El fuego que es el Espíritu Santo.
2.    ¿Sentimos en nosotros y entre nosotros como un fuego que Jesús quería ver ardiendo en el mundo?
3.    ¿Estamos convencidos del giro que necesita el cristianismo actual, una autocorrección decisiva que consiste sencillamente en volver a Jesús, al proyecto del Reino de Dios?


B. CONVERSIÓN A JESUCRISTO
            Sin duda hay que acordarnos a los tiempos de hoy, si la Iglesia quiere cumplir su misión en la sociedad de nuestros días. Pero la conversión a Jesucristo quiere decir mucho más. Se trata de volver a Jesús que es la fuente, el origen y el sentido de la Iglesia. Estamos hablando de dejarle al Dios, encarnado en Jesús, ser el único de Dios de la Iglesia, el Abba, el Dios amigo de la vida, el Padre defensor y liberador de los pobres. Solo desde esta conversión, será posible una verdadera resignificación de nuestra Comunidad.
Se trata de una conversión “sostenida” a lo largo de los años venideros, que hemos de iniciar ya las generaciones actuales y que hemos de transmitir como un espíritu y dirección a las generaciones futuras.

Pregunta
¿Sentimos vivamente la responsabilidad de esta conversión personal y Comunitaria a Jesús teniendo presentes a los Jóvenes y a los Niños- y en general a las nuevas generaciones de nuestro Pueblo?


C. CONVERSION AL ESPÍRITU DE JESÚS, ES DECIR, A SU PASIÓN POR EL REINO DE DIOS.
Esta conversión no consiste en una reforma religiosa, sino en una conversión al Espíritu de Jesús.
-      Cuando el cristianismo se reduce sólo a unos cumplimientos de ritos y normas…
-      Cuando el proyecto del Reino de Dios no es nuestra tarea primordial…
-      Cuando la compasión activa y solidaria no es el principio básico de actuación…
-      Cuando los últimos no son los primeros en nuestras comunidades cristianas...,
… no estamos centrados en el seguimiento a Jesús.

Lo que se necesitamos no es solo una reforma, unos pequeños cambios, sino una conversión al Espíritu Santo que animó la vida entera de Jesús y la vida de las primeras Comunidades cristianas. El corazón nuestro, el corazón de nuestra Comunidad, el corazón de la Iglesia necesita esa conversión y purificación.
En nuestro mundo se está produciendo un cambio sociocultural sin precedente. También la Iglesia toda necesita, o sea, nosotros todos necesitamos una conversión sin precedentes, un “corazón nuevo” para engendrar de manera nueva la fe en Jesucristo en la sociedad moderna y anunciar fielmente el Evangelio porque ‘El Reino es lo único absoluto” (Mateo 6,33).

Preguntas
1.    ¿Por qué tenemos dificultades a creer que ‘el Reino es lo único absoluto’?
Leamos Mateo 6,31-34: ¡No se preocupen por estas cosas!
2.    ¿Es vitalmente el proyecto del Reino nuestra misión y nuestra tarea principal?
3.    ¿Qué cambio de corazón necesitamos como persona y Comunidad para dar la prioridad al Reino de Dios en nuestros anhelos, nuestras vidas, nuestras actividades?


D. NO BASTA CON REFORMAS LITURGICAS O PASTORALES, HAY QUE IR A NUESTRAS RAICES.
Convertirnos a Jesucristo es mucho más que introducir algunos cambios en la celebración litúrgica o en la acción pastoral. La reacción que necesitamos como personas, como Comunidad, como Iglesia toda no vendrá por las reformas litúrgicas, ni de innovaciones en la estrategia pastoral: son importantes pero insuficientes. Es necesaria una conversión a un nivel más profundo para que todo eso sea posible. Necesitamos volver a las raíces, a lo esencial, es decir, a lo que Jesús vivió y contagió a sus discípulos.
Necesitamos reproducir hoy de alguna manera la “experiencia fundante” que se dio en el origen con los primeros discípulos y primeras Comunidades.
Para enraizar la Iglesia en Jesucristo y volver a tener el Reino como la única verdad de la que nos salva, no basta poner orden, hacer llamadas a la comunión, o introducir algunos cambios en el funcionamiento eclesial de siempre. La conversión a Jesucristo nos está exigiendo movilizarnos para crear en nuestras parroquias y comunidades cristianas, un clima nuevo y diferente, de búsqueda humilde, pero incansable, para reproducir hoy lo esencial del Evangelio como algo siempre nuevo, o sea, construir personal y colectivamente el Reino de Dios.

Preguntas
1.      Sin dudas hemos hecho cambios buenos, nos hemos renovado, pero ¿hemos puesto al centro de todo a Jesús y a su proyecto del Reino?
Leamos Mateo 13,44-46: El Reino se parece a un tesoro o un perla fina.
2.      ¿Por dónde hace falta que avancemos como personas y como Comunidad para que toda nuestra vida gire en torno a Jesús y al Reino?


E. UNA NUEVA RELACIÓN CON JESÚS ES SIGNO DE CONVERSIÓN
Más que innumerables actividades religiosas, necesitamos un cambio cualitativo, es decir, una nueva relación con Jesús. Muchas veces nuestras devociones no nos llevan a Jesús, sino a nosotros mismos: buscamos satisfacer nuestras necesidades y no las exigencias de Jesús y del Reino.
La conversión que se nos pide significa en concreto una calidad nueva en nuestra relación con Jesús. Las Comunidades corren el riesgo de irse apagando y aun extinguiendo en los años venideros si son Comunidades cristianas que se relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente captado, confesado solo de manera abstracta, un Jesús mudo del que no se puede escuchar nada especial para el mundo de hoy, un Jesús apagado, que no seduce, que no llama ni toca los corazones....

Preguntas
1.      En nuestra vida personal y comunitaria, ¿cuándo Jesús es un tanto mudo, apagado y abstracto?
Leamos Gálatas 2,19-21: ‘Mi vida es Cristo’.
2.      ¿Qué nos quiere comunicar Pablo en esta lectura?
3.      En estas pasadas semanas, en ciertos momentos, ¿hemos puesto a Jesús y al Reino en el centro de nuestra vida?


CONCLUSIÓN
Recuperar a fondo y vitalmente nuestra identidad como seguidores de Jesús al construir su Reino.

Nuestra identidad es ser seguidores de Jesús, individual y colectivamente. Hemos de cuidar y fortalecer esta identidad irrenunciable de seguidores de Jesús por construir su Reino. Es esa identidad más profunda que tiene que ser visibles en nuestras familias y comunidades. Se trata de caminar en los años venideros con este nuevo modelo de existencia cristiana: un cristianismo inspirado, motivado y centrado en Jesús. Es un nuevo modelo de vida estructurado al servicio del Reino de Dios. Este es el horizonte y la perspectiva desde la que hemos de trabajar en nuestras familias y comunidades cristianas.

Preguntas:
1.      Frente a nuestra identidad cristiana, ¿por qué motivos no están en el centro de nuestra vida Jesús y el Reino?
Leamos Marcos 2,21-22: ‘¡Vino nuevo en odres nuevos!’
2.      ¿Qué nos quiere decir Jesús con las comparaciones del vestido nuevo y de los odres nuevos?
3.      ¿Por dónde vamos a fortalecer nuestra conversión profunda a Jesús y al Reino?


  tiempo :  PARA VOLVER VITALMENTE A JESÚS Y TRABAJAR EN LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO
TENEMOS  QUE  LIBERAR  LA  FUERZA  DEL  EVANGELIO


INTRODUCCIÓN

En el folleto anterior nos centramos en la necesidad de “Volver Vitalmente a Jesús y a su Reino”. Ahora queremos preguntarnos por qué caminos podemos ir haciendo realidad ese sueño, ese ideal de volver vitalmente a Jesús y a su compromiso por  el Reino de Dios. Y como es obvio, no se trata de un volver intimista, individualista a Jesús, sino un volver personal y comunitario siempre en el horizonte y perspectiva del Reino de Dios, de  la Buena Noticia de Jesús para los Pobres, Liberación para los Oprimidos y Misericordia para todos.


A. EL CONTACTO DIRECTO E INMEDIATO CON EL EVANGELIO

1. Revisémonos con sinceridad
Un primer paso en este camino hacia el Evangelio consiste en mirar si seguimos creyendo, actuando, funcionando como siempre lo hemos hecho después de nuestra primera comunión, sin tratar de responder lo mejor posible a las necesidades de la gente. No hemos llegado al corazón del Evangelio porque nos hemos quedado a medio camino de una fe viva. Hoy estamos llamando a recuperar el Evangelio de Jesús como algo central para tener la fuerza necesaria de ser hoy ‘Buena Noticia’ en nuestra vida personal, comunitaria y en nuestra acción pastoral.

2. La ausencia del Reino durante tantos siglos…
Podemos reconocer esta realidad en nuestra vida cotidiana que el Evangelio está como ocultado por un conjunto de prácticas, costumbres, devociones, lenguaje que realizamos sin pensar. Veamos unos ejemplos.
Cuando decimos que las Primeras Comunidades cristianas “eran fieles a la enseñanza de los apóstoles”, lo central queda el testimonio de los Apóstoles sobre los que Jesús había dicho y hecho. Muchas veces esto queda ocultado o pasa en segundo plano, aunque el centro de esas enseñanzas tiene que ser Jesús y su Evangelio, o sea, su Buena noticias en palabras y en acciones
Otro ejemplo: Cuando rezamos el Credo a lo mejor no nos hemos dado cuenta de que pasamos, sobre Jesús, de la afirmación: "Nació de Santa María Virgen”, a la sin más: “Padeció bajo Poncio Pilatos". Y nos saltamos alegremente toda la vida, las enseñanzas, los milagros, las parábolas de Jesús. En el primer Credo, repetimos años tras años una fe en la que ¡no aparece ahí la vida pública de Jesús!
En la misma devoción de los Jueves Santo, muchas veces se adora a Jesús en la Hostia consagrada y se habla de Jesús sacramentado, pero se hace esto desligado de la vida de Jesús. Pues al salir a la calle no vemos los rostros actuales de este mismo Jesús vivo y sufrido entre nosotros.
Muchas de nuestras devociones ni mencionan a Jesús. Y en el mismo libro del Ritual romano de la Misa, excepto en el Padre Nuestro, a furas penas se habla del Reino de Dios…
Y tantos ejemplos más donde, desde siglos, el Reino está ausente de nuestro panorama religioso…

Preguntas
1.      ¿Cuándo vivimos un tipo de religiosidad que no nos centra en el Evangelio, ni genera en nosotros discípulos de Jesús que están construyendo su Reino?
Leamos Lucas 14,15-24: Los invitados que se excusan.
2.      ¿A quiénes denuncia Jesús en esta comparación ayer y hoy?
3.      ¿Cuándo son nuestras devociones identificadas con su proyecto del Reino?

3. Los dogmas y los sacramentos están para el servicio del Reino
            Vayamos más allá de las devociones y veamos si los dogmas, los sacramentos, las leyes morales… están al servicio del Reino. Muchas veces no nos acercan a Jesús, ni a su Evangelio: se quedan en fórmulas que aprender de memoria, sin revelarnos que la vida es presencia de Dios y que la verdad es estar con los pobres.
            “Busquen primero el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura” (Mateo 6,33). Comentando esta frase de Jesús, el papa Pablo 6° decía que “sólo el Reino es absoluto; el resto es relativo”. El resto, es decir, la oración, los sacramentos, los dogmas… es relativo al Reino, o sea, al servicio del Reino.
            Cuando terminamos las reuniones para la Comunión y la Confirmación, muchas veces los jóvenes no han hecho la experiencia de Jesús ni la necesidad de conformar un Comunidad cristiana. Se pasó por alto lo esencial: el Evangelio, o Buena Nueva de Jesús. Pues el Evangelio es Buena Nueva para los pobres porque Dios es el padre bueno que los protege y los libera… por medio de nosotros con ellos.

Preguntas
1.      ¿Cuándo están nuestras actividades parroquiales y nuestros servicios pastorales centrados en el Evangelio, en el seguimiento de Jesús, en la construcción del Reino?
Leamos Lucas 6,20-28: El camino de las Bienaventuranzas.
2.      ¿A quiénes llama Jesús ‘felices’ desde ya?
3.      ¿Cómo vamos a reorientar nuestras actividades parroquiales y nuestros servicios pastorales para que sean más conformes a las Bienaventuranzas?

4. Volver a leer el Evangelio
Muchos cristianos y que se creen ‘buenos cristianos’, sólo conocen el Evangelio de segunda mano. Sólo han escuchado los Evangelios de la boca de los sacerdotes y de sus homilías, o en las clases del catequista. Por eso viven una  religión privada del contacto directo inmediato con las palabras de Jesús. Se entiende que no la puedan hacer, al ejemplo de los primeros cristianos, “Espíritu y Vida”.

Preguntas
1.      En un primer tiempo, ¿quiénes tenemos una Biblia o siquiera los 4 Evangelios en nuestra casa?
2.      En un segundo tiempos, ¿quiénes tomamos el tiempo de leer, reflexionar y saborear personalmente o en familia, la Biblia o los Evangelios?
Leamos la Carta a los Hebreos 1,1-2: La Palabra se hizo carne…
3.      ¿De qué manera podemos decir que Dios nos sigue hablando hoy por medio de Jesús?
4.      ¿En dónde tenemos que esforzarnos más para reconocer a Jesús entre nosotros?

5. Desafíos
Les invitamos a reflexionar en algunos desafíos que nos plantea el querer poner en la práctica el Evangelio como el centro de la vida de la Comunidad.
Un desafío clave es recuperar el protagonismo central que tuvo el Evangelio en el nacimiento y crecimiento de las Comunidades cristianas. Este desafío implica organizar la vida de la Comunidad donde lo primero sea acoger el Evangelio de Jesús. La Comunidad debería ser un espacio donde se cuida antes que nada, la acogida del Evangelio.

Preguntas
1.      ¿Es nuestra Comunidad un espacio principal de acogida del Evangelio?
Leamos Juan 1,9-11: “La Palabra se hizo carne y puso su tienda en medio de nosotros"
2.      ¿Cuándo acogemos la Palabra de Jesús y cuándo no?
3.      ¿Qué compromisos podríamos tomar para andar todos los días con Jesús hecho Palabra?

6. El centro de nuestra reunión semanal es el Evangelio
Una exigencia fundamental para esta revitalización de las Comunidades es que cuidemos que nuestras reuniones semanales estén centradas en el Evangelio de Jesús. Ya hemos comprendido que no basta con leer o escuchar el Evangelio del domingo en la Misa o en la celebración de la Palabra. Entonces, por una parte, no puede haber una reunión de la Comunidad sin lectura de la Palabra de Dios. Por otra parte, no se trata de hacer un breve comentario de la Palabra de Dios, sino darle la importancia que se merece, es decir,
-          Entender lo que decía Jesús a sus discípulos y paisanos,
-          Aplicarlo a nosotros en la realidad de hoy y
-          Sacar compromisos personales y colectivos.

El Evangelio es vida, luz, fermento, fortaleza y debe entrar en contacto directo con nosotros y con los hombres y mujeres de hoy, de modo que nos empapemos del Evangelio y que la fuerza transformadora y liberadora pueda penetrar en sus vidas y ayudarnos a enfrentar problemas, crisis, miedos, caídas…

7. En nuestra acción pastoral en barrios y comarcas
El desafío de nuestras actividades pastores y de nuestros servicios sociales tanto en los barrios de la ciudad como en las comarcas es grande y gratificante. Por medio de nuestra palabra, nuestro testimonio y nuestras reuniones colaboramos con Dios en la transformación de las personas y de las estructuras.
-          Comenzamos siendo amigos: eso es la primera tarea.
-          Despertamos la conciencia de nuestros vecinos: podemos entender los que nos está pasando, conociendo el origen y las causas.
-          Ayudamos a descubrir que somos capaces de enfrentar las dificultades y los problemas, mediante el diálogo y a la luz de la Palabra de Dios.
-          Reconocemos juntos la presencia de Dios, de Jesús, del Espíritu en nosotros y en medio de nosotros: así podemos celebrarlo, agradecerlo.
-          Nos sentimos más fuertes, por una parte, para continuar en un proceso de crecimiento personal y colectivo, y, por otra, bien podemos comenzar a transformar estructuras que nos engañan y nos dominan

Pero, eso es posible solamente si el Evangelio es corazón de nuestras vidas, de nuestras reuniones y de nuestras reuniones semanales. Así juntos iremos saboreando y disfrutando la fuerza del Evangelio, de Jesús, de su Reino,

Preguntas
1.      En nuestros servicios comunitarios y nuestras actividades pastorales, ¿está siempre presente una lectura del Evangelio o de la Palabra de Dios?
Leamos Lucas 24,13-33: Los 4 pasos de Jesús evangelizador de los discípulos de Emaús.
2.      ¿Cuáles los 4 pasos del encuentro de Jesús resucitado con los discípulos de Emaús?
3.      ¿Cómo vamos a aplicar estos pasos tanto a nuestros servicios comunitarios y actividades pastorales como a nuestras reuniones semanales?

NOTA: Entendamos bien el acontecimiento de Emaús.
Con este acontecimiento Lucas nos quiere dar un método de trabajo pastoral y de reunión, por los 4 pasos que siguió Jesús.
-          El tiempo de la amistad. Jesús se hace amigo y compañero de camino de los 2 discípulos: camina como uno más, mira, se da cuenta, pregunta, escucha.
-          El tiempo de la palabra. Luego Jesús les ayuda a entender el textos de la Biblia que hablaban de su muerte y resurrección: Job (‘con mis ojos veré a Dios’), el Siervo sufriente (‘salvará multitudes’, ‘Dios no lo abandonará’), Sofonías (‘Dejaré subsistir para siempre un pueblo humilde y pobre que confíe en Dios), etc.
-          El tiempo del compartir. Jesús se queda para el compartir de la comida, entrando en la casa, sentado en la mesa… Es allí donde lo reconocen… después de los 2 pasos anteriores.
-          El tiempo de la celebración. Enseguida los 2 discípulos regresan a Jerusalén para compartir la buena noticia de la resurrección de Jesús, de su presencia con ellos y celebrarla.
Así deben ser los 4 pasos tanto de nuestras reuniones como de nuestras actividades y servicios… Allí sí, estaremos evangelizando: La Buena Nueva pasará a ser nuestra pasión, el Reino nuestra meta y las celebraciones nuestra alegría. Así ganaremos a mucha gente para la causa de Jesús y su proyecto del Reino… porque en estos 4 espacios es donde encontramos a Jesús hoy.


B. EL EVANGELIO ES EL MEJOR CAMINO PARA RENOVAR Y RESIGNIFICAR NUESTRA IDENTIDAD CRISTIANA
Cuando hablamos de la Identidad de nuestras CEBs, debemos poner en primer lugar el seguimiento de Jesús y el compromiso por el Reino. Cuando hablamos de “relanzar, refundar, resignificar” nuestras Comunidades y nuestros proyectos, el fundamento prioritario es la fuerza generadora, transformadora y liberadora del Evangelio. No se trata sólo de ser buenos amigos, charlar bonito, ni estar bien organizativo -cosas necesarias pero insuficiente-; se trata de poner en el centro a Jesús, al Evangelio, al Reino… si no, nos cansaremos pronto…

1. Revisemos unos desafíos
Se trata de revivir la experiencia originaria de los primero Discípulos.
-          Jesús comienza su misión buscando amigo para formar una Comunidad: la primera Comunidad cristiana.
-          Nosotros tenemos que volver siempre a los comienzos porque allí está el secreto de estar en el buen camino.
Por eso que tenemos que leer y releer los Evangelios, los relatos que nos muestran como Jesús fue el profeta del Reino… Él es nuestro modelo: Jesús comenzó formando una Comunidad de amigos.
“Amigos” y “Comunidad”: eso es el camino más natural para actualizar hoy la experiencia vivida de los primeros Discípulos y Discípulas que se encontraron con Jesús en los caminos de Galilea.

Preguntas
1.      ¿Cómo se manifiestan en nuestro grupo la amistad y el espíritu de Comunidad?
Leamos Juan 2,35-45: Los primeros amigos de Jesús.
2.      ¿De qué manera fue Jesús reuniendo a sus primeros amigos y discípulos?
3.      ¿Se repitió entre nosotros la misma experiencia de los primeros amigos de Jesús?
4.      ¿Cómo vamos a seguir fortaleciendo en nuestro grupo la amistad y el espíritu de Comunidad?

2. Reconocer en los Evangelios un estilo de vida con y como Jesús.
Los Evangelios no son ni catecismos ni libros doctrinales ni compendios de leyes morales. Son la manera de vivir de Jesús, su forma de amar, su estilo de revelar a Dios, su cariño, su voluntad. Eso es lo primero que se aprende en los Evangelios: Encontrarnos con Jesús, aprender de Dios, conocer la verdad, a través del estilo de vivir de Jesús, su manera de interpretar la vida y transformarla.
Eso es el desafío de todos los tiempos y de todas las personas: reconocer en los Evangelios el estilo de vida de Jesús, la forma en que El luchó por hacer la vida más humana. Así veremos lo que son los Evangelios, lo que nos quieren enseñar: una experiencia transformadora de nuestra persona, de nuestro entorno y de nuestra sociedad.
Entonces: ¡A encarnar el Evangelio en la vida, nuestra vida, toda la vida!

Preguntas
1.      ¿Cuándo hemos sentido en nosotros la fuerza transformadora del Evangelio de Jesús?
Leamos Lucas 10,32-42: “Marta eligió la mejor parte”.
2.      ¿Por qué dijo Jesús que ‘Marta eligió la mejor parte’?
3.      ¿Cómo vamos a ayudar a otros a hacer la experiencia viva, amistosa y liberadora de Jesús?

3. Vivir la fe como un estilo de vida siguiendo los pasos de Jesús.
Desde esa experiencia Comunitaria entorno al Evangelio, es posible vivir la Fe no meramente como una adhesión doctrinal, sino primordialmente como un estilo de vida realizable en todas las culturas y en todas las épocas. Hemos de aprender a creer en Jesús siguiendo sus pasos y no sólo repitiendo formulas del Credo o de los catecismos o de la liturgia universal.
Conviene revisar sin tal vez vivimos nuestra Fe evaluándola a la luz el Evangelio, de las enseñanzas y prácticas de Jesús y de las primeras Comunidades cristianas. Lo mismo tenemos que hacer cuando participamos de la Eucaristía, de los sacramentos, de celebraciones de la Palabra. El criterio es siempre la centralidad de Jesús, del Reino, de los pobres… tal como el papa Francisco no invita a hacerlo. Si todo esto no nos fortalece en el seguimiento de Jesús, habrá que revisar estas actuaciones. La Eucaristía, los sacramentos, las celebraciones de la Palabra nos deben llevar a vivir la Fe como un estilo de vida siguiendo a Jesús.

Preguntas
1.      ¿Por qué motivos la Eucaristía, los sacramentos, las celebraciones de la Palabra… deben fortalecernos en poner a Jesús y su Reino en el centro de nuestra fe y de nuestras actuaciones?
2.      ¿Cuándo los sacramentos y nuestras devociones no están relacionados con la vida y la realidad que nos rodea?
Leamos Mateo 7,15-20: El árbol que se echa al fuego…
3.      Con esta comparación, ¿qué quiso enseñar Jesús y que nos enseña a nosotros?
4.      ¿Dónde más tenemos que producir ‘buenos frutos’?


C. LOS EVANGELIOS NOS INVITAN A LA CONVERSIÓN
La conversión es un cambio de nuestra mentalidad, de corazón, de pensamientos, de actuación. A veces decimos que conocemos los Evangelios Puede ser cierto; pero hemos de estar siempre abiertos a las novedades que nos traen. Cambia la realidad y cambia también la manera de leer los Evangelios que siempre son más ricos en luz y fuerza que lo que pensamos.
Hemos de aprender a leer los Evangelios como relatos de conversión que nos invitan a entrar en un proceso de cambio, en un proceso de reforzar o reformular nuestra identidad al poner en el centro el seguimiento de Jesús y nuestra identificación.
Recordamos siempre que la causa de Jesús y su compromiso hasta lo extremo fue la construcción del Reino. Estamos llamados a colaborar con Él con ese proyecto del Reino de Dios.

Preguntas
1.      ¿Qué cambios hemos experimentado desde que participamos en esta Comunidad?
Leamos Marcos 1,14-15: ‘El Reino está cerca…’
2.      ¿Qué anunciaba Jesús en su predicación?
3.      ¿Cómo hacer que el Reino sea nuestra prioridad, siguiendo el ejemplo de Jesús?


D. VOLVER A LEER LOS EVANGELIOS INDIVIDUAL Y COLECTIVAMENTE
Los Evangelios son el ‘oxígeno’ del alma. Para existir, necesitamos respirar constantemente. Tenemos que hacer ‘respirar’ nuestra alma, leyendo los Evangelios. Los Evangelios son la matriz de una fe viva… A veces somos religiosos, o sea, nos relacionamos con Dios, pero no somos cristianos si no leemos ni seguimos a Jesús.
Esta lectura personal de los Evangelios debería ser a lo menos una vez por semana… Que lo hagamos, por ejemplo, como preparación personal de nuestra reunión en Comunidad. Que lo hagamos en familia para una fiesta, un día significativo, una fecha internacional, un aniversario importante…
Cuidemos que en cada reunión de la Comunidad haya siempre una lectura de la Palabra de Dios, sabiendo que los Evangelios iluminan toda la Biblia: Jesús es el corazón de la Biblia.
La lectura de los Evangelios regenera nuestra fe, purifican nuestras actividades y fortalecen nuestros compromisos. Nos ayudan en el seguimiento apasionado de Jesús y la construcción alegre de su proyecto humanizador del Reino de Dios.

Preguntas
1.      ¿Sabemos leer los Evangelios personalmente, en familia, entre vecinos…?
Leamos Mateo 13,10-14: ‘No quieren ver con sus ojos…’
2.      ¿Cómo entendemos estas explicaciones de Jesús a sus discípulos?
3.      ¿Cómo podemos aplicarnos las explicaciones de Jesús?


CONCLUSIÓN
-          Al nivel personal, leer, escuchar y meditar los Evangelios viene a ser un contacto más vital, directo e inmediato con la persona de Jesús y su Proyecto del Reino.
-          Al nivel de nuestra Comunidad esta experiencia a partir de los Evangelios puede inaugurar de manera humilde y sencilla, pero real, una nueva fase en el relanzamiento, la resignificación de nuestras Comunidades para ser hoy más plenamente la Buena Noticia de Jesús para los más pobres y oprimidos.


3° TIEMPO:
RECUPERAR EL PROYECTO HUMANIZADOR DEL REINO DE DIOS.

INTRODUCCIÓN. Un olvido generalizado.

En el Folleto 2, nos centramos en la importancia de liberar la fuerza del Evangelio para vitalmente volver a Jesús. Se supone, con razón que tenemos a Jesús en el centro de la vida, pero es bueno reconocer que, como Iglesia en general, insistimos más en los sacramentos y las devociones que en el conocimiento de la persona de Jesús y del proyecto del Reino de Dios. Nos hemos olvidado que el Reino fue la verdadera pasión de Jesús.
Además, hay que subrayar que existe un obscurecimiento de la dimensión histórica del Reino de Dios. Hemos proyectado demasiado el Reino en el cielo, para el más allá, para después de la muerte y no en la realidad de hoy, como lo vivía Jesús. Quizá esto explique porque no pocas Comunidades se quedan simplemente en hacer muy buenas reflexiones y en orar bien, pero sin llegar al actuar, tan propio y fundamental en la vida y misión de Jesús. Confirmémonos en nuestro método de vida, que es parte esencial de nuestra dinámica: Ver, Juzgar y Actuar.


A. LA CENTRALIDAD DEL REINO DE DIOS ES EL OBJETIVO Y RAZÓN DE SER DE TODA COMUNIDAD CRISTIANA
El Reino de Dios en la vida de muchos cristianos está siendo obscurecido y dejado en segundo lugar.
Para Jesús el Reino de Dios era el objetivo y la razón de ser de su vida, el corazón de su mensaje y la pasión que animó su entrega a la voluntad del Padre hasta la muerte. Hoy ha dejado de ser la fuerza, el motor, la razón de ser para muchos cristianos. Por eso muchas veces las parroquias terminan casi siempre preocupándose más de sus adeptos, de su organización, de sus grupos, de su futuro y de sus intereses.
El ‘eclesio-centrismo’ pone la Iglesia en el centro de todo, en lugar de la centralidad del Reino de Dios: es una de las desviaciones más graves que se da en la iglesia. En nuestras iglesias la predicación del Evangelio todos los domingos no logra dejar claro para muchas personas que la primera tarea de los cristianos, de las Comunidades cristianas y de la Iglesia toda es ese Proyecto Humanizador del Padre, que Jesús llamaba “Reino de Dios”. Si no tenemos muy claro este proyecto primordial para Jesús, viviremos organizando diversas actividades, buenas en sí, pero, casi siempre nos dispersan y distraen de lo esencial.

1. El Reino es el l proyecto humanizador del Padre.
Dios quiere que reine la fraternidad, la justicia, porque es lo única que nos hace verdaderamente felices.

Preguntas
1.      ¿Por qué, al nivel personal, no hemos tenido suficientemente claro que “lo único absoluto es el Reino de Dios”?
2.      ¿Por qué, al nivel de nuestra Comunidad, nos cuesta poner el Reino por encima de todo?
Leamos Lucas 9,57-62: Las exigencias del Reino como prioridad absoluta.
3.      Con estas exigencias, ¿qué quería dar a entender Jesús a los que querían seguirlo?
4.      ¿Cómo sentimos nosotros las exigencias de Jesús?
5.      ¿Cómo podemos ayudarnos a avanzar en llamado de Jesús a poner primero su Reino?

2. No basta buscar a Dios, hay que buscar el Reino de Dios y su Justicia.
Jesús no vino a hablar tanto de Dios como de su Reino, pues eso es su voluntad, tal como lo decimos en el Padrenuestro. Por esta razón Jesús invitaba a sus seguidores, no simplemente a buscar a Dios, sino a buscar primero "el Reino de Dios y su Justicia" (Mateo 6,33). Todos buscamos a Dios, todas las religiones nos llevan a Dios, pero será el Dios que nos reveló Jesús: el Dios liberador de los pobres, de los injusticiados, empobrecidos, víctimas de la ambición de unos pocos. Si Jesús es el Hijo de Dios, él más que nadie conoce a Dios: Su Dios es el Dios del Reino, Reino de justicia y fraternidad desde ya en nuestra tierra, en nuestra vida cotidiana.
Conviene revisar si nosotros estamos habituados a exhortar a la búsqueda de Dios, pero sin hablar de su justicia. Tenemos que ver si, en nuestras oraciones, devociones, sacramentos y celebraciones, invocamos a Dios pero relacionándolo siempre con el Reino. Jesús no llamaba sin más a la conversión a Dios, pedía "entrar" en la dinámica del Reino de Dios, animaba a abrir caminos a un mundo más humano, digno y justo. Pensemos si nosotros nos limitamos a plantear la conversión de los pecados, pero sin tener claro en el horizonte el Proyecto del Reino.
Cotidianamente rezamos el Padre Nuestro, pero con frecuencia, devaluamos o ignoramos el contenido real de la petición “Venga tu Reino” y lo que es los mismo “Hágase tu voluntad”. El Padre Nuestro, es la única oración que Jesús nos dejó en herencia para alimentar nuestra identidad de discípulos suyos y colaboradores en el proyecto del Reino del Padre. Pues el centro del Padre Nuestro, una petición clave es “Venga tu Reino” o “Hágase tu voluntad”. Obedecer a Dios es hacer su voluntad, es decir, construir su Reino.
Si nuestras Comunidades tienen una idea muy vaga del Reino de Dios, si el Reino de Dios no es el centro ni lo importante, entonces comprendemos por qué les falta vitalidad, ánimo, alegría. Es primero porque les falta, nos falta pasión por el Reino.

Preguntas
1.      ¿Cuáles son las oraciones que más nos gustan y por qué motivos?
Leamos Lucas 11,1-4: El Padrenuestro en versión corta.
2.      En la primera parte del Padrenuestro, ¿qué pedimos para Dios?
3.      Y en la segunda parte del padre nuestro, ¿qué pedimos para nosotros?
4.      En la oración que nos enseñó Jesús, ¿cuál sería la invocación que resume todas las demás?
5.      Según nuestras reflexiones, ¿es el Padrenuestro el modelo de nuestras oraciones?

3. No basta tener buena formación Bíblica y buenas actividades pastorales y sociales.

a)      Reflexión general
Sin duda en las Comunidades se tiene cierta formación bíblica y promovemos muy valiosas actividades. Pero la pregunta clave es si en ellas explicitamos el Reino de Dios y su dinámica. Si pensamos en la Iglesia, es indudable que la Iglesia, entre sus numerosas actividades colabora de múltiples formas a la humanización del mundo: eso es su contribución a la construcción del Reino de Dios. Pero, al mismo tiempo, ¡cuántas no tienen nada que ver con el Reino de Dios y la implantación de la justicia!
Por eso es necesario recuperar la centralidad del Reino de Dios. Cuando en las Comunidades cristianas olvidan la primacía absoluta del Reino, el movimiento de Jesús queda desvirtuado y las energías de las Comunidades se dispersan en mil tareas, prácticas y devociones que, a veces, quedan muy lejos del proyecto del Reino de Dios.

b)      Una voz contundente
Leamos lo que escribió sobre Jesús y Reino el papa Pablo 6° en su carta encíclica ‘El anuncio del Evangelio’ (1975).
“El anuncio del reino de Dios
8. Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura. Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo (Mateo 6,33). El Señor se complacerá en describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, una dicha paradójica hecha de cosas que el mundo rechaza, las exigencias del reino y su carta magna, los heraldos del reino, los misterios del mismo, sus hijos, la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada definitiva.
El anuncio de la salvación liberadora
9. Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a Él. Todo esto tiene su arranque durante la vida de Cristo, y se logra de manera definitiva por su muerte y resurrección; pero debe ser continuado pacientemente a través de la historia hasta ser plenamente realizado el día de la venida final del mismo Cristo, cosa que nadie sabe cuándo tendrá lugar, a excepción del Padre.”

Pregunta
¿Qué comentario hacemos a estas palabras del papa Pablo 6°?

4. Los caminos del Reino
Veamos ahora las 4 pistas que nos asigna un conocida animador de Comunidades, José Antonio Pagola, para volver a la centralidad del Reino de Dios.

-          El primer cambio es no identificar el Reino de Dios con la Iglesia.
Hemos de agradecer a Pablo VI y Juan Pablo II su posición clara y rotunda recogiendo el pensamiento del Concilio Vaticano II: "Solo el Reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo". "La Iglesia no es ella misma su propio fin, pues está orientada al Reino de Dios del cual es germen, signo e instrumento".
El Papa Francisco viene criticando en múltiples ocasiones la "auto-referencialidad de la Iglesia" (o sea, ‘mirarse el ombligo’): la iglesia se ha encerrada en sí misma; se ha limitado a ser su propia finalidad (‘¡Fuera de la Iglesia no hay salvación!”.
Si queremos trabajar por unas Comunidades más lúcidas, más corresponsable y más evangélicas, no lo podemos hacer pensando en los intereses de la Iglesia sino en querer y buscar primero un mundo más justo y solidario, una sociedad más humana y digna, que es parte esencial del Reino Dios.

Pregunta
La Iglesia no es el Reino; la Iglesia está al servicio del Reino. ¿Cómo entendemos esta afirmación?

-          El segundo cambio es: a la luz del Reino, refundar y organizar de manera nueva las Comunidades.
Esta refundación y reorganización se hará no primero respondiendo a necesidades "religiosas", sino centrarnos en contribuir a satisfacer las necesidades del Reino de Dios, o sea, la fraternidad y la justicia. “Lo demás vendrá por añadidura”. Eso practicó Jesús: sus milagros y sus enseñanzas buscaron para satisfacer necesidades básicas, como la enfermedad, el hambre, la dignidad… y luego la sed de Dios y el hambre de fe.
El cambio decisivo es ir pasando de Comunidades centradas en el culto, en la pasiva recepción de los sacramentos y en la catequesis, a Comunidades abiertas a la vida, dedicadas a abrir caminos al Reino de Dios en medio de los problemas, luchas y sufrimientos que se viven en el mundo de hoy. Como diría el Papa Francisco: “Comunidades en salida”, animadas por el Espíritu de Jesús hacia “las periferias de la existencia". Es en este marco existencial que se debe rezar, celebrar y recibir los sacramentos, participar en devociones y hasta organizar la formación bíblica.
La realidad nos enseña que, muchas veces, si comenzamos a satisfacer necesidades religiosas o espirituales, sin satisfacer al mismo tiempo necesidades materiales y sociales, nunca llegamos a satisfacer estas últimas. Es el escándalo de las primeras comuniones: después del sacramento, ¡la mayoría desaparece de la Iglesia y no vive su fe en su barrio o su recinto! Jesús no comenzó predicando a Dios sino haciendo realidad el Reino de Dios.

Pregunta
¿Come entendemos eso de: Comencemos por resolver necesidades materiales y sociales y luego las necesidades religiosas?

-          El tercer cambio es que el cristianismo no es una religión, sino el Movimiento de Jesús por el Reino.
Jesús no enseñó ritos, ni mandamientos (sino uno solo), ni normas religiosas, ni reglas morales. Enseñó en palabras y en hechos cómo construir el Reino de Dios. No construyó iglesias ni santuarios; él fue el profeta itinerante del Reino de Dios. Afirmó que Dios no quiere ‘sacrificios sino compasión’, es decir, que el culto que le agrada a Dios es la ofrenda de la fraternidad realizada. Esa fue la práctica de las primeras Comunidades cristianas.
Con el pasar del tiempo, en particular con la sumisión al imperio romana en tiempos del emperador romana Constantino (4° siglo), el movimiento de Jesús se ha configurado a lo largo de los siglos como una religión, con su propio culto y sus ministros sagrados, sus creencias intocables, sus obligaciones estrictas y sus prácticas moralistas.
Pero, con el Concilio Vaticano 2°, hemos caído en la cuenta que esta opción fue una desviación. Ha llegado el momento de recordar que el cristianismo no es una religión fundada por Jesús para responder a las necesidades religiosas del ser humano, sino un movimiento profético nacido del Espíritu profético de Jesús para construir en esta tierra un mundo más justo y solidario, encaminado hacia su salvación definitiva en el Padre.

Pregunta
Si Jesús puso en marcha un Movimiento profético por el Reino, ¿cómo vamos a pasar de prácticas religiosas caducas a compromisos concretos por el Reino?

-          El cuarto cambio es que “somos una Iglesia en salida”, así como lo dice el papa Francisco
Una ‘Iglesia en salida’ es una Iglesia que sale del modelo religioso heredado del emperador Constantino para volver a los orígenes, o sea, a la práctica de Jesús y de las primeras Comunidades cristianas.
Se trata de olvidarnos del enfoque ‘religioso’ y de reorientar nuestro modo de Evangelizar de modo que vital y explícitamente, con palabras, con signos y con hechos, sea anunciado y realizado el Reino de Dios entre nosotros.
Hemos de tener claro que evangelizar no es desarrollar una religión sino abrir caminos al Reino. Este es invariablemente el mandato de Jesús: “Vayan y anuncien el Reino de Dios”: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10,10). El Reino de Dios no es una construcción religiosa sino la construcción de vidas dignas. El cristianismo no se construye en base a prácticas religiosas, sino siguiendo de cerca la práctica curadora y liberadora de Jesús. Por eso, para volver a hacer del cristianismo un Movimiento al servicio del Reino de Dios, es necesario recuperar en nuestras Comunidades la dimensión histórica y social del Reino de Dios.

Pregunta
Si somos un “Iglesia en salida”, ¿de qué vamos a salir para ser Movimiento profético al servicio del Reino de Dios?


CONCLUSIÓN

Para recuperar el proyecto humanizador del Reino de Dios y darle el lugar central en la vida de la Iglesia, Pagola propone cuatro puntos para ir realizando esa recuperación. Estos son los caminos que propone y que hemos puesto más arriba y que conviene ahora retomar como conclusión:
1.      La Iglesia está al servicio del Reino y no de sí misma.
2.      La centralidad del Reino es el corazón y la meta de nuestras Comunidades.
3.      Jesús vino a fundar el ‘Movimiento profético del Reino’ y no una religión.
4.      Ser cristiano es juntos hacer acontecer el Reino de Dios en nosotros y entre nosotros.

Pregunta
De esos cuatro puntos tan importantes ¿cuáles son los que se han consolidado en nuestras Comunidades, y cuáles son los más débiles que deberíamos reforzar y revitalizar?

Después de reflexionar estos temas tan vitales, tomemos un tiempo para meditar y rezar para que, movidos por el Espíritu Santo, seamos apasionados seguidores de Jesús en la construcción del Reino de Dios.


  TIEMPO
RECUPERAR  LA  CENTRALIDAD  DEL  REINO  DE  DIOS  ANUNCIADA  POR  JESUS


El Reino de Dios no se identifica ni se reduce al cielo en otra vida.
De manera sencilla podemos decir que, para Jesús, el "Reino de Dios" es la vida tal como la quiere construir el Padre. Pero ese Reino de Dios encierra toda la riqueza de contenidos de lo que es obra de Dios. Sin embargo a lo largo de los siglos, la poca fidelidad a la memoria de Jesús y de su Evangelio ha ido propiciando el empobrecimiento de su apasionante proyecto, olvidando dimensiones básicas e introduciendo reducciones lamentables.


A. EL REINO NO ES DEL CIELO

Retomando una mala interpretación del Evangelio de san Mateo, hemos convertido el Reino de Dios en el “Reino de los cielos”. Hemos reducido todo el Proyecto Humanizador de Dios a una realización transcendente y espiritual en el seno del Padre. Sin embargo, Jesús no hace del “cielo” el centro de su vida y su mensaje.
Al rezar el Padre nuestro, nosotros no pedimos ir al cielo, sino que “venga a nosotros tu Reino” y “que se haga la voluntad del Padre en la tierra”. Es significativo que Jesús anuncia la salvación eterna introduciendo salud en los enfermos, dolientes y desposeídos de este mundo.

Preguntas
1.      ¿Cuál es nuestro mayor anhelo?
Leamos Lucas 12,32-34: El regalo del Reino.
2.      Según Jesús, ¿a quiénes Dios ha regalado el Reino?
3.      ¿Por qué ha regalado Dios el Reino al pequeño rebaño de sus discípulos?
4.      ¿A qué condiciones vamos a ser nosotros también los herederos del Reino?


B. EL REINO NO ES UNA REALIDAD MERAMENTE INTERIOR O SIMPLEMENTE INTIMISTA.

Otras veces, siguiendo una limitada interpretación del pecado como maldad sólo individual y no también social, hemos reducido el Reino de Dios a una realidad íntima e individual que se produce en el interior de la persona cuando se abre a la gracia (“El Reino de Dios está dentro de vosotros”).
Es cierto que nos abrimos al Reino de Dios desde una actitud interior de conversión al Dios revelado en Jesús, pero es cierto también que ese proyecto se va haciendo realidad social allí donde la vida sociopolítica se va haciendo más justa y solidaria (“El Reino de Dios está entre vosotros”).

Preguntas
1.      ¿Dónde no está el Reino de Dios y dónde se lo está destruyendo?
Leamos Lucas 16,16 y 3,10-14: El bautismo de conversión al Reino de Juan Bautista.
2.      Según Juan Bautista, ¿en qué consiste el Reino de Dios?
3.      ¿De qué manera vivimos que Juan Bautista predica?
4.      ¿En qué aspectos de nuestra vida tenemos que profundizar la vivencia del Reino?


C. EL REINO DE DIOS NO SE IDENTIFICA SIMPLEMENTE CON LA PERSONA DE JESÚS NI CON UNA PIEDAD O RECEPCIÓN INDIVIDUALISTA DE LOS SACRAMENTOS.

Otras veces, abusando de una exposición de Orígenes, uno de los ‘Padres de la Iglesia’, se identifica el Reino de Dios con la persona de Jesús y se reduce casi todo a imitarlo, desde una piedad  de carácter con frecuencia individualista, alimentada en la recepción de los sacramentos.
Sin embargo, aunque es verdad que Jesús se presenta como el Enviado de Dios para proclamar e impulsar el Reino de Dios, es evidente que cuando habla de este Reino se está refiriendo a una realidad distinta de sí mismo: el Reino es su misión. ‘Jesús es el Reino’, es cierto; pero no solamente germinó en él, sino que se concretizó en todo lo que dijo e hizo. ¿Qué queda del proyecto del Reino de Dios en una comunidad contaminada por este tipo de visiones y experiencias?

Preguntas
1.      ¿Cuál es la devoción que más nos gusta a cada uno de nosotras y nosotros, y por qué motivos?
Leamos Mateo 12,1-9: El ‘sábado’ (día dedicado a Dios) está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado’.
2.      ¿Cómo entendemos las palabras de Jesús, en particular: ‘Quiero compasión y no sacrificios’?
3.      ¿Cómo aplicamos estas reflexiones a nuestra vida personal?


D ANTE ESA REALIDAD QUE VENIMOS DESCRIBIENDO ¿QUÉ HAY QUE HACER PARA DEVOLVER SU CENTRALIDAD AL REINO DE DIOS?

1. Un reino en la vida
Lo primero que hemos de hacer es aprender a acoger el Reino de Dios en la vida con el compromiso y defensa de los descartados y no solo en la religión. De forma generalizada, los cristianos asocian espontáneamente a Dios con la religión: su comportamiento en la vida no es sino una exigencia moral que se deriva de su práctica religiosa. Jesús se sitúa ante Dios de otra manera.
Mientras los maestros de la Ley y los dirigentes del Templo asocian a Dios con su sistema religioso, Jesús lo vincula con la vida. Mientras ellos se sienten llamados por Dios a asegurar el culto del templo, los sacrificios rituales, la observancia de la Ley o el cumplimiento del sábado, Jesús se siente impulsado por el Espíritu de Dios a promover una vida más liberada.
Para él, lo primero es la vida de las personas no el culto del templo; la curación de los enfermos, no el sábado; la reconciliación social, no las ofrendas que lleva cada uno hacia el altar; la acogida amistosa a los pecadores y gentes excluidas, no los ritos de expiación o las normas de pureza; la defensa de los últimos, no la defensa de los preceptos…

Preguntas
1.      Entre nosotros, ¿dónde se destruye más la vida?
Leamos Juan 8,1-11: La mujer adúltera
2.      ¿Cuáles son las palabras o expresiones que dice Jesús?
3.      ¿Por qué no condena Jesús a la mujer adúltera?
4.      ¿En quiénes vamos a promover y defender la vida más pisoteada?

2. Dimensión colectiva del Reino
Segundo: A la luz de la Misión de Jesús, hemos de recuperar en las Comunidades cristianas la vocación a abrir caminos al Reino de Dios en la vida.
Grabar bien en todo nuestro  quehacer pastoral el texto programático que define, según Lucas, toda la actuación de Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Noticia, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
No es un texto más, sino texto central del Evangelio. Esos grupos de personas, los "pobres", los "cautivos", los "oprimidos", simbolizan y resumen la primera preocupación de Jesús: los que lleva más dentro en su corazón profético. Son los que han de ocupar el centro de las preocupaciones de una comunidad de Jesús. Y ese programa de Jesús ha de ser el nuestro. Lo que se promueve y difunde desde la comunidad cristiana ha de ser "buena noticia para los pobres", "liberación" para los oprimidos, "luz" para quienes caminan en tinieblas y sin esperanza, "libertad", gracia, solidaridad, defensa para los más indefensos y vulnerables.

Preguntas
1.      ¿Qué grupos o asociaciones defienden la vida humana?
Leamos Lucas 4,16-21: La misión de Jesús.
2.      ¿A quiénes se sintió enviado Jesús por Dios?
3.      ¿Cuándo tenemos nosotros las mismas preocupaciones que Jesús?
4.      ¿Qué nos hace falta hacer colectivamente como Comunidad?

3. El Reino no se limita a los sacramentos
Tercero. Que los signos sacramentales no desplacen o sustituyan los Signos Liberadores propios del Reino de Dios de cara al sufrimiento y la opresión.
Colaborar en el proyecto del Reino de Dios exige introducir un cambio radical en la práctica religiosa que se promueve en las Comunidades cristianas. No podemos permitir que los signos sacramentales sustituyan o desplacen a los signos liberadores del Reino que Jesús practicaba en la vida: signos de compasión, de justicia,  de indignación y denuncia, curación, cercanía solidaria...
El cambio decisivo es dar pasos hacia Comunidades capaces de “hacerse cargo de la realidad” sintonizando con el drama del hambre, la miseria, las guerras que hay en el mundo, y capaces de cargar con el sufrimiento que hay en nuestro entorno. Tiene razón J. B. Metz cuando denuncia que en la religión cristiana hay demasiados cánticos y pocos gritos de indignación, demasiada complacencia y poca nostalgia de un mundo más humano, demasiado consuelo y poca hambre de justicia. ¿Qué son unas Comunidades cristianas “blindadas” por su práctica religiosa contra todo sufrimiento perturbador?

Preguntas
1.      ¿En cuáles de nuestras actividades sentimos más felicidad?
Leamos Mateo 25,41-46: El juicio final.
2.      Según Jesús, ¿en qué consistirá el juicio final?
3.      Según nuestro parece, ¿por qué motivos no aparecen en el juicio final actitudes o actividades espirituales o religiosas?
4.      Después de estas reflexiones, ¿a qué conversión nos sentimos llamados?

4. La dinámica del Reino
Cuarto. Vivir una práctica cristiana según dinámica del Reino. Es necesario reaccionar. Desarrollar de manera paciente un estilo de practicante del Reino, diferente del estilo de un practicante religioso. Hacer “entrar” a las Comunidades cristianas en la dinámica del Reino recuperando los gestos, las reacciones, el lenguaje y las actitudes de Jesús. El Reino nos exige privilegiar su estilo de vida: fe en el proyecto de Dios, confianza en su fuerza humanizadora, compasión activa y solidaria, austeridad de vida, indignación, actividad liberadora, acogida incondicional a todos, atención preferente a los últimos.
Hemos de promover espacios y prácticas de vida más humana, campañas y compromisos en nombre de toda la comunidad, colaboración en iniciativas sociales...

Preguntas
1.      ¿Por qué motivos condenaron y ejecutaron a Jesús?
Leamos Juan 18,37-37: Rey para testimoniar de la verdad.
Nota: A la pregunta de Pilato: ¿”Qué es la verdad?...” Un teólogo belga respondió: “La verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres”.
2.      ¿Qué quiso decir Jesús sobre su misión de ‘rey’ que testimonia de la verdad?
3.      ¿Es nuestra vida un testimonio a la verdad según el sentido que da Jesús a su reinado?
4.      ¿A qué nos sentimos llamados como personas y como Comunidad para testimoniar de ‘la verdad de Jesús’?


CONCLUSIÓN. Ser fermento, sal y luz.

Ser luz y sal no será fácil. Lo importante, como siempre, es contar con un grupo de creyentes más concienciados y dispuestos, como fermento que puede impulsar el proceso hacia una transformación de la comunidad cristiana más vitalmente al servicio del Reino de Dios, como lo fue toda la vida de Jesús..
Dentro de poco, nuestras Comunidades serán menos y más pequeñas. Existe el riesgo de que en no pocas se termine viviendo la religión cristiana de manera empobrecida y decadente. Habrá también Comunidades donde se reunirán los que se sientan realmente atraídos por Jesús y su proyecto. Todo será más difícil y costoso, pero también más sencillo. La crisis habrá ido despojando el cristianismo de muchas adherencias superfluas a las que nosotros nos seguimos aferrando. Seguramente habrá cristianos que volverán a lo esencial. Se alimentarán del Evangelio más que de doctrina. Entenderán mejor que nosotros lo que es ser "levadura", "sal" y "luz" en medio del mundo. Y Dios seguirá impulsando su reinado. Jesús no ha dado todavía lo mejor.

Preguntas
1.      ¿Dónde vemos en nuestro alrededor ‘semillas’ del Reino?
Leamos Marcos 4,13-20: “Entiendan la parábola del sembrador”.
2.      Según Jesús, ¿qué es lo que destruye la semilla del Reino?
3.      ¿Cómo aplicamos a nosotros la parábola del sembrador?
4.      ¿A qué cambios importantes nos sentimos llamados?
5.      ¿Cómo nos vamos a ayudar como Comunidad para llevar adelante, cada uno, los cambios necesarios para seguir en el Reino de Dios?

Breve comentario
Jesús deja el relato abierto: “¡Quién tengo oídos, que oiga!”. Como oyentes podríamos escuchar diversas llamadas.
-          Algunos podrán tomar conciencia más viva de que Dios está queriendo introducirse en muchas vidas para hacernos personas nuevas y artesanas de un mundo nuevo.
-          Otros podrán contagiarse de la confianza y la seguridad de Jesús: a pesar de las resistencias y rechazos, el Reino de Dios se abre camino tanto en nosotros y nuestro alrededor como en nuestra sociedad.
Pero sin duda, la parábola es sobre todo una invitación a acoger esa experiencia nueva y que él llama “Reino de Dios”. El fracaso de la siembra no se debe al sembrador, sino a las resistencias y obstáculos que la “semilla del Reino” encuentra en los diferentes terrenos. Como Comunidades y de manera personal podríamos preguntarnos, ¿qué tipo de terreno estamos creando en nosotros y en nuestro alrededor, para que esa semilla del Reino caiga en buena tierra?
La tierra en la que sembramos se convierte en fértil cuando nos volvemos “buenos samaritanos”…

Bajar a los pobres de la cruz


O R A C I O N E S

1.    ORACIÓN  DEL  BUEN  SAMARITANO

Señor, tus eres el Buen Samaritano.
Tú has sido el primer samaritano En hacerte prójimo de todo ser humano.
Tú te acercas siempre que nos ves Caídos y heridos en el camino.
Cuando yo me pregunto quién es mi prójimo, tú me dices: ¿De quién te haces prójimo?
Tú nos descubres el cambio que necesitamos:
Salir de nuestro viejo egoísmo, romper nuestro pequeño mundo de bienestar,
Salir cada mañana con los ojos bien abiertos.
Al encuentro de quien tú pones en nuestro camino:
La vecina viuda y sin recursos, el parado que turba mi paz,
El extranjero con el que no quiero hablar.
¡Danos, Señor, un corazón compasivo!



2.       JESÚS,  No  tienes  manos.

Jesús, no tienes manos…
Tienes solo nuestras manos para construir un mundo donde habite la Justicia

Jesús, no tienes pies…
Tienes solo nuestros pies para poner en marcha la Libertad y el Amor.

Jesús, no tienes labios…
Tienes solo nuestros labios para anunciar a los pobres el Reino de Dios

Jesús, no tienes medios…
Tienes solo nuestra acción para hacer que los hombres y mujeres sean hermanos.

Jesús, nosotros somos tu Evangelio, el único Evangelio
Que la gente puede leer para acoger tu Reino.


Las  CEBs  caminamos…  el  Reino  de  Dios  proclamando.


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