lunes, 27 de abril de 2020

Guías Temas sobre Jesús 3 Psgola y Pierre


S E G U I R   A   J E S Ú S   (3)
ENTRAR  EN  EL  MOVIMIENTO  DE  JESÚS

Reflexión – Espiritualidad - Compromiso


JESÚS ES COMPAÑERO NUESTRO DE CAMINO.


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  parte :  JESÚS  FUE  EL  DEFENSOR  DE  LOS  ÚLTIMOS.


 Tema  22 :  ¡ DICHOSOS  LOS  POBRES !

Motivación inicial
               Siguiendo tras los pasos de Jesús, vamos reconociendo algunos de sus rasgos más característicos. Lo hemos visto actuar como curador de la vida y amigo de los pecadores. Ahora lo vamos a ver como defensor de los pobres, o mejor dicho de los ‘empobrecidos’, es decir de las víctimas la explotación y la injusticia. Comenzamos recordando su grito: “¡Dichosos los pobres!”. Ellos han de estar siempre ante nuestros ojos, pues son los predilectos de Dios.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Por qué será que los pobres son los predilectos de Dios?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 6,20-26: “Felices los pobres”.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Las bienaventuranzas. Voy comparando las 2 versiones de las Bienaventuranzas: la de Lucas 6,20-26 (“Dichosos los pobres…”) y la de Mateo 5,3-12 (“Dichosos los que tienen el espíritu de los pobres…”). ¿Qué parecidos voy encontrando? ¿Qué diferencias voy encontrando?
-        Bienaventuranzas y amenazas. Lucas pone a continuación de sus Bienaventuranzas, unas amenazas. ¿Cómo interpreto las ‘amenazas’ a los ricos por parte de Jesús? ¿De qué ‘pobres’ habla Jesús en Mateo y de qué ‘pobres’ habla Jesús en Lucas? ¿Dónde me ubico yo: entre los ricos, entre los pobres, entre los 2?
-        Mi reacción. ¿Qué es lo que siento al escuchar las bienaventuranzas y las amenazas de Jesús en Lucas: sorpresa, cuestionamiento, agradecimiento, necesidad de perdón?
-        Efecto de las bienaventuranzas. ¿No será un abuso declarar ‘dichosos’ a los pobres? ¿Cuáles son los pobres que se sienten dichosos? ¿En qué aspectos siento una llamada a revisar mi manera de ver quién es rico y quién es pobre?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “EL REINO DE DIOS ES DE LOS POBRES”.

               Las bienaventuranzas de Jesús han llegado a nosotros en 2 versiones bastantes diferentes. Acostumbrados a leerlas tal como aparecen en el evangelio de Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los países ricos leer el texto que nos ofrece Lucas. La diferencia más importante entre ambas versiones es la siguiente.
               Mateo recoge las bienaventuranzas para proponer un estilo de vida propio de un discípulo de Jesús que busca fielmente el reino de Dios y su justicia. Por eso habla de ocho actitudes: son declarados dichosos los pobres de espíritu, los sufridos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que practican la misericordia, los que viven con corazón limpio, los que buscan la justicia de Dios y son por ellos perseguidos.
               Lucas, por su parte, recoge las bienaventuranzas para declarar que el Evangelio de Jesús no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras que para los pobres es una buena noticia que les invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. Por eso que habla de cuatro situaciones sociológicas (no de actitudes): son declarados dichosos los pobres que no tienen lo necesario para vivir; los que pasan hambre; los que viven llorando; los que son perseguidos. Además añade cuatro amenazas a los ricos, a los que están saciados, a los que viven riendo y a los que son alabados por todos.
               Las bienaventuranzas de Jesús son provocativas. En Galilea se consideraba dichosos a los ricos, a los que tienen salud, a los que gozan de bienestar, los que tienen buena fama… Es tan evidente que no necesita más explicación: se supone que la riqueza, la salud, el bienestar… son signos de la bendición de Dios. Pero cuando Jesús declara dichosos a los pobres, los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos, las cosas no son tan claras. Por eso tiene que explicar que la razón última de sus bienaventuranzas está en que el reino de Dios es de los pobres, pues a los hambrientos Dios los quiere ver comiendo, a los que lloran los quiere ver riendo y a los perseguidos recibiendo una gran recompensa.
               Es posible que las bienaventuranzas recojan los gritos que Jesús fue lanzando por las aldeas de Galilea en diversas circunstancias: al ver la situación de las familias que se iban quedando sin tierras; al observar la desnutrición de tantos mendigos y gentes hambrientas; al ver llorar de rabia e impotencia a los campesinos, cuando los recaudadores se llevaban lo mejor de sus cosechas. Estos gritos de Jesús han sido más tarde agrupados en las comunidades cristianas para ser recordados más fácilmente. Para captar bien la defensa que hace Jesús de los pobres hemos de conocer el contexto social de Galilea de los años treinta. (No vamos a considerar la bienaventuranza sobre los perseguidos -Lucas 6,22-23,2-, pues pertenece a otro contexto.)
  1. Pobres y ricos. Los ricos son las clases dominantes que viven en los lujosos edificios y villas de Séforis y Tiberíades. Constituyen la élite urbana protegida por Herodes Antipas (herodianos): grandes terratenientes, recaudadores de tributos de Roma, responsables de almacenamiento de productos. No son muchos pero controlan toda la región. Acumulan su bienestar explotando a los campesinos de Galilea. Son los que poseen riqueza, poder, honor.
Los pobres son el estrato más oprimido de las aldeas de Galilea. Los que, presionados por los poderos terratenientes y recaudadores, se van quedando sin tierras. Privados de todo, estas familias se van desintegrando. Crece el número de jornaleros, mendigos, prostitutas y gentes que huyen de sus acreedores. Muchas son mujeres, las más vulnerables e indefensas: viudas, esposas estériles, repudiadas… Pobres y, además, mujeres.
Desde esta sociedad injusta y desigual Jesús grita: “Dichosos los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios. ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!”.  En Galilea no reina la justicia que busca Dios. El Padre está de parte de los pobres.
  1. Hambrientos y satisfechos. Los ricos de Galilea viven con lujo y ostentación. Van construyendo graneros y almacenes cada vez más grandes. Se pueden permitir grandes fiestas y banquetes. No saben lo que es el hambre y la miseria.
Mientras tanto, los indigentes de las aldeas no comen carne ni pan de trigo. Apenas pueden guardar grano para la siembra. Los más indefensos ante la hambruna son los niños y las mujeres. Los más desnutrido, sin duda, los mendigos, que van de pueblo en pueblo y los tullidos, ciego y demás enfermos que piden limosna en los caminos o a la entrada de las aldeas.
Jesús ve el hambre en los rostros demacrados de la gente y grita: “Dichosos los que ahora tienen hambre, porque quedarán saciados. ¡Ay de ustedes, los que están saciados, porque tendrán hambre!”. El hambre de tanta gente inocente ha de ser tomado en cuenta. No puede ser aceptado como algo normal. Dios no lo quiere.
  1. Los que loran y los que rían. La vida de los pobres de Galilea es sufrimiento y lágrimas. Es su rasgo más común: todos ellos son víctimas de abusos y atropellos; viven en un estado de miseria de la que no podrán escapar; no pueden defenderse de los poderosos; no tienen un patrón que los defienda. Son los perdedores. No interesan a nadie.
La vida de los ricos es muy diferente. No conocen la amenaza de las deudas ni la inseguridad del que no tiene quien lo defienda. La vida les sonríe. Incluso muchos ven en su bienestar un signo de la bendición de Dios.
Jesús no lo puede soportar y grita su indignación: “Dichosos los que ahora lloran, porque reirán. ¡Ay de los que ahora rían, porque harán duelo y llorarán!”. Esta sociedad no responde al proyecto del Padre. Dios quiere un mundo dichoso para todos sus hijos e hijas.
  1. ¿Cómo escuchar este mensaje de Jesús?
-        Nuestra primera reacción puede ser muy sencilla. ¿No es todo esto una burla? ¿No es cinismo? Lo estuviera si Jesús no estuviera hablando desde alguna villa de Séforis o Tiberíades. Pero está con ellos. No tiene tierra ni un techo bajo el que descansar. No lleva dinero, camina descalzo y sin túnica de repuesto. Es un indigente más que habla con fe y convicción total. Los que vivimos satisfechos en sociedades de abundancia no tenemos derecho a predicar a nadie estas bienaventuranzas. Lo que hemos de hacer es escucharlas y empezar a mirar a los pobres, a los hambrientos, y los que lloran como los mira Dios. De ahí puede nacer nuestra conversión.
-        Los pobres entienden bien el mensaje de Jesús. No son dichosos por su pobreza ni mucho menos. Su miseria no es un estado envidiable ni un ideal. Jesús los llama “dichosos” porque Dios no puede reinar entre los hombres sin hacer justicia a los que nadie se la hace. Eso es lo que Jesús quiere dejar bien claro: los que no interesan a nadie son los que más interesan a Dios; los que nosotros marginados son los que ocupan un lugar privilegiado en su corazón; los que no tienen quien los defienden tiene a Dios como Padre,
-        Antes que nada Jesús nos pone ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que está más presente a los ojos de Dios, la que más ofende a su corazón de Padre. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar encubriendo de mil maneras esa injusticia cruel de la que, en buena parte, somos cómplices. ¿Queremos aumentar el autoengaño o abrir los ojos a la realidad de los pobres? ¿Tomaremos en serio alguna vez esa inmensa mayoría de los que viven desnutridos y sin dignidad, los que no tienen voz no cuentan para nuestra carrera hacia un bienestar siempre mayor?
-        Jesús es realista. Jesús sabe muy bien sus palabras no significan ahora mismo el final del hambre y la miseria de los pobres, pero atribuyen una dignidad absoluta a todas las víctimas de abusos y atropellos. Ellos son los hijos predilectos de Dios. Su vida es sagrada. Nunca en ninguna parte se está construyendo la vida tal como la quiere Dios si no es liberando a eso hombres y mujeres de su miseria y humillación. Nunca religión alguna será bendecida por Dios si vive de espaldas a ellos.
-        Los cristianos no hemos descubierto todavía la importancia que pueden tener los pobres en la historia de la humanidad. Ellos nos dan más luz que nadie en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan a cambiar. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia de manera más evangélica. Nos pueden hacer más humanos: más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad. O tomamos en serio a los pobres o dejamos de hablar del Evangelio. En los países ricos nos resulta cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: “No pueden servir a Dios y al dinero”. Se nos hará insoportable.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      Digámonos cuándo somos pobres y cuando somos ricos, a partir de los criterios de Jesús.

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 6,20-26: “Felices los pobres”.
2.      En Lucas, ¿de qué pobres se trata? ¿Y en Mateo? (Mateo 5,3-12).

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Qué mirada tengo que cambiar con relación a los pobres, a los ricos, a nosotros mismos personalmente?
4.      Compromiso: ¿Cómo podemos lograr ser felices según las bienaventuranzas de Jesús?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Meditemos en silencio la siguiente oración. Luego retomamos en voz alta alguna frase con la que nos identificamos.
Señor Jesús, si yo tuviera entrañas de misericordia…
Si yo tuviera entrañas de misericordia:
Saldría de mi casa para encontrarme con los necesitados;
De mi apatía para ayudar a los que sufren;
De mi ignorancia para conocer a los ignorados;
De mis caprichos para socorrer a los hambrientos;
De mi actitud crítica para comprender a los que fallan;
De mi suficiencia para estar con los que no valen;
De mi prisa para dar tiempo de los abandonados;
De mi burguesía para compartir con los pobres.
Señor Jesús, si yo tuviera entrañas de misericordia,
Actuaría más acorde a tu Evangelio.
-        Alguien lee la siguiente oración
Volvemos a escuchar las bienaventuranzas de Jesús según Lucas.
Luego añadimos las bienaventuranzas que nos salen del corazón al recordar tantos sufrimientos actuales.
“Dichosos los pobres…”
… Y nuestras bienaventuranzas como, por ejemplo:
Dichosos los ancianos que viven abandonados, porque Dios les acogerá.
Dichosas las mujeres maltratadas, porque conocerán el cariño de Dios.
Dichosos los que viven con miedo, porque….
-        Repetimos frase por frase la oración siguiente.
Quiero creer, Señor, que el grande es el más pequeño,/
Que el último es el primero,/
Que el pobre es el preferido,/
Que el insignificante es el que cuenta para ti./
Lo quiero creer, Señor, pero me cuesta,/
Porque yo mismo veo que no me importan tanto los rostros tristes./
El mundo puede continuar sin ellos sin notar su falta./
Señor, dime que a ti sí te importan, ¡por favor!


  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  23 :  EL  RICO  INDIFERENTE  Y  EL  MENDIGO  HAMBRIENTO.

Motivación inicial
               Jesús no sólo lanzó felicitaciones a los pobres y amenazas a los ricos. También contó parábolas inolvidables para desenmascarar la mayor tragedia que había en su tiempo: el abismo de egoísmo e insolidaridad que separaban a los ricos y poderosos de los pobres y hambrientos. La más importante es, sin duda, la del rico sin entrañas y el mendigo  Lázaro. Veamos cómo nos ayuda a nosotros a profundizar sobre nuestro egoísmo e insolidaridad.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
Recuerdo cuándo he pasado recientemente con indiferencia frente a algún necesitado.

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 16,19-31: El rico sin corazón y el mendigo hambriento.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        El hombre rico. ¿A qué se dedicaba el hombre rico de la parábola? ¿Dónde veo que existen hoy tales situaciones? ¿Cómo se las logra soportar?
-        El mendigo mísero. ¿Cómo está descrita la situación del pobre hambriento? ¿Qué es lo más doloroso de su situación? ¿Qué siento ante tanta riqueza de unos pocos y tanta miseria de otros muchos?
-        El nombre. El mendigo tiene nombre: ‘Lázaro’, que significa ‘Dios es ayuda’; pero el rico no aparece identificado. ¿Qué significado quiere hacerme notar este diferencia?
-        Cercanos y, al mismo tiempo, tan lejos. Según el relato, luego de la muerte hay una cercanía física entre el rico y el mendigo; pero, ¿qué es lo que les separa?
-        El pecado del rico. La separación entre el rico y el mendigo continúa después de muertos. ¿Cuál fue el pecado del rico? ¿Por qué es salvado el mendigo?
-        Actualidad de la parábola. ¿Cuál es el mensaje de la parábola para hoy? ¿Qué me quiere decir a mí Jesús?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “LA BARRERA ENTRE RICOS Y POBRES”.

               Jesús comienza su relato describiendo de manera gráfica el horrible contraste entre un rico que vive disfrutando de su bienestar y un mendigo que yace muy cerca de él, abandonado por todos.
               El rico es un hombre poderoso. Su túnica de lino fino, proveniente de Egipto, nos habla de su vida de lujo y ostentación. El color púrpura de sus vestidos indica que pertenece a círculos cercanos al rey. Su vida es una fiesta continua. Sólo piensa en “banquetear espléndidamente cada día”. Pertenece, sin duda, al sector de privilegiados que viven en Séforis y Tiberíades. Sin embargo, este rico no tiene nombre, pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida, vacía de amor solidario, es un fracaso. No se puede vivir sólo para banquetear.
               Muy cerca de este rico, echado junto a la puerta de su mansión, está tendido un mendigo. No está cubierto de lino y púrpura, sino de llagas repugnantes. No sabe lo que es un festín. Está deseando comer de las sobras que tiran de la mesa del rico, pero nadie le ofrece nada. Sólo unos perros callejeros se le acercan a lamer sus heridas. Está solo. No tiene a nadie. Sólo un nombre llenado de promesas: “Lázaro” o “Eliecer”, que significa “Dios es ayuda”.
               El relato sugiere que se encuentra en un estado de extrema necesidad. Lázaro parece extenuado: no se mueve para nada; no tiene fuerza ni para pedir ayuda. No parece estar lejos de su final. Tal vez los mendigos que escuchaban a Jesús se estremecían: Lázaro podía ser uno de ellos. Ese era el final que les esperaba a quienes vivían hundidos en la miseria, abandonados por todos.
               La escena es insoportable. El rico lo tiene todo. Se siente seguro. No parece necesitar de nadie, tampoco de Dios. Vive en la inconsciencia. No ve al pobre que muere de hambre junto a su casa. ¿No se parece a muchos de los que vivimos en los países del bienestar? Lázaro, por su parte, vive en extrema necesidad: enfermo, hambriento, excluidos, ignorado por quienes lo podrían ayudar. Su única esperanza es Dios. ¿No se parece a tantos millones de hombres y mujeres hundidos en el hambre y la miseria?
               Jesús no pronuncia ninguna palabra de condenación. Su palabra penetrante está desenmascarando la terrible injusticia de aquella sociedad.  Las clases más poderosas y los estratos más oprimidos parecen pertenecer a la misma sociedad, pero están separados por una barrera casi invisible: esa puerta que el rico no atraviesa nunca para acercarse a Lázaro. Así ve Jesús al mundo: los ricos están dentro de sus palacios celebrando espléndidas fiestas; los pobres están junto a sus puertas muriendo de hambre. Dios no puede aceptar esta cruel separación entre sus hijos.
               Todo cambia radicalmente en el momento de su muerte. El rico es enterado seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al Hades, el reino de la muerte y la aflicción. También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguna, pero “los ángeles lo llevan al seno de Abrahán”. Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.
               El vuelco de la situación es total. Desde su lugar de aflicción, el rico reacciona por vez primera. No había tenido compasión de Lázaro, ahora pide a gritos piedad. No lo había visto cuando lo tenía junto a su puerta; ahora lo ve “de lejos” y lo llama por su nombre. No había atravesado la puerta para aliviar el sufrimiento del pobre; ahora quiere que Lázaro se acerque para aliviar el suyo. Es demasiado tarde. Abrahán le advierte: aquella barrera invisible de la tierra se ha convertido ahora en un abismo infranqueable.
               El objetivo de la parábola no es para describir el cielo ni el inferno; sino condenar la indiferencia de los ricos, que viven disfrutando de su bienestar ignorando a quienes mueren de hambre. Al rico no se le juzga como explotador, Simplemente ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenían allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Su pecado es la indiferencia.
               Así ve Jesús al mundo: una barrera de indiferencia, ceguera y crueldad separa el mundo de los ricos del mundo de los hambrientos. El obstáculo para construir un mundo más justo somos los ricos, que vamos levantando barreras cada vez más inhumanas para que los pobres no entren en nuestro país, ni lleguen a nuestras residencias, ni llamen a nuestra puerta. Sólo encerrándonos en nuestro mundo de bienestar podemos soportarnos a nosotros mismos.
               Nuestro primer pecado contra el proyecto del reino de Dios es la indiferencia y falta de sensibilidad ante el sufrimiento de los que viven abandonados en su miseria. Si están cerca de nosotros, los evitamos de mil maneras. Si están lejos, los reducimos a cifras y estadísticas que nos informan de la realidad sin tocar apenas nuestro corazón.
               La parábola es una llamada a salir de la indiferencia dando pasos para acercarnos al mundo de los que sufren: conociendo mejor sus problemas, cuidando una relación más cercana, buscando un contacto más estrecho, teniendo los ojos más abiertos para captar en nuestro entorno el sufrimiento y la soledad de las personas.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Dónde vemos actos de indiferencia frente a las grandes desigualdades actuales?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 16,19-31: El rico sin corazón y el mendigo hambriento.
2.      ¿Con qué rasgos se describe el rico y el indigente en la parábola?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Es un escándalo en nuestro alrededor las muy grandes diferencias de hoy entre ricos y pobres?
4.      Compromiso: ¿Cómo vamos a cambiar nuestra mirada y nuestras actitudes frente a las desigualdades actuales?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Escuchemos primero la siguiente oración. Luego retomamos en voz alta alguna parte.
Hoy te pedimos, Padre Dios, lo más precioso:
Que reconozcamos nuestra verdad: nos sentimos importantes
Y no hacemos sitio en nuestro corazón a tus hijos e hijas pobres.
Te pedimos, Padre, lo más decisivo:
Que no nos pongamos a nosotros en el centro de nuestro corazón,
Sino que nos abramos a las necesidades de los demás.
Te pedimos, Padre, que no vivamos sólo llenos de nuestras ideas y nuestros sueños,
Que tampoco nuestro grupo se convierta para nosotros en un encierro
Que nos impida reconocer los rostros ajenos y escuchar sus sufrimientos y sus llamadas.
Te pedimos, Padre, que nos sepamos acercarnos a los pobres, haciéndonos gentes humildes:
Ellos son tus predilectos, tus más queridos: Ellos sufren injusticias, por eso los prefieren;
Saben acoger tu Buena Noticia; saben  reconocerte y agradecerte como su Padre.
También con ellos y como ellos queremos reconocerte en ellos y agradecerte.
Padre Dios, te alabamos con Jesús, el hombre sencillo y de corazón humilde,
Porque sabemos que escondes tu salvación a sabios y entendidos
Y la revelas a gente pobre y sencilla y a los de corazón abierto.
Sí, Padre, ¡bendito seas por haberte parecido bien así!
-        Repitamos frase por frase la siguiente oración
Jesús, vivo dudando, pero tú me dices: Confía./
Tengo miedo, pero tú me dices: Sígueme./
Fabrico mis planes, pero tú me dices: Déjalos./
Me agarro a mis cosas, pero tú me dices: Despréndete./
Quiero vivir aislado, pero tú me dice: Da tu vida./
Creo ser bueno, pero tú me dices: No basta./
Quiero mandar, pero tú me dices: Ponte a servir./
Deseo comprenderlo todo, pero tú me dices: Cree./
Jesús, busco claridad y tú me hablas en parábolas./
Quiero poesía y me hablas de la realidad./
Deseo tranquilidad y me dejas inquieto./
Soy cómplice de violencias y me hablas de paz./
Busco tranquilidad y vienes a traer fuego a la tierra./
Jesús, quiero ser grande, pero tú me dices: Sé cómo un niño./
Quiero esconderme, pero tú me dices: Sé luz./
Quiero ser visto, pero tú me dices: Ora en lo escondido./
Jesús, no te entiendo: Me desconciertas y me atraes a la vez./
Me sucede lo que a Pedro: No encuentro un guía mejor,/
Pues sólo tú tienes palabras de vida eterna./
-        Escuchemos en silencio
Jesús, paz de nuestros corazones, tú nos descubres esta realidad sorprendente:
Dios no quiere ni el sufrimiento ni la aflicción humana.
Dios no provoca en nosotros ni miedo ni angustia.
Dios sólo puede amarnos y enseñarnos a amar.
-        Hacemos unas breves oraciones espontáneas.

  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


  parte :  JESÚS  FUE  EL  AMIGO  DE  LAS  MUJERES


 Tema  24 :  LA  MIRADA  DE  JESÚS  A  LA  MUJER  ENCORVADA.

Motivación inicial
               Dejémonos sorprender al ver a Jesús rodeado de tantas mujeres: amigas entrañable como María de Magdala o las hermanas Marta y María de Betania; seguidoras fieles como Salomé; enfermas desconocidas que acuden a él con fe grande. Sin duda ellas ven en Jesús una actitud diferente hacia ellas. Antes que nada, nosotros y nosotras sus seguidores hemos de aprender a mirar a la mujer o mirarnos a nosotras como Jesús miraba a las mujeres: con respeto, amor y ternura especial. Que la reflexión de hoy nos ayude a entrar en esta dinámica de Jesús.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
Como varón, ¿cómo es mi mirada hacia las mujeres en general?
Como mujer, ¿sé valorarme o acepto una cierta discriminación con mi persona?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 13,10-17: Jesús y la mujer encorvada.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        La mujer encorvada. ¿Qué sé de la condición social y religiosa de la mujer en la sociedad que conoció Jesús? ¿Qué puede significar ‘esta mujer que sólo podía mirar el suelo’?
-        Actuación de Jesús. ¿Qué hace y qué dice Jesús con relación a la mujer encorvada? ¿Cómo la llama? ¿Descubro en las palabras de Jesús algo más que su voluntad de curarla?
-        Liberación de la mujer. La mujer se pone de pie en la sinagoga y da gloria a Dios públicamente: ¿qué significan estos cambios de actitudes de la mujer?
-        Reacción del jefe de la sinagoga. ¿Por qué se indigna el jefe de la sinagoga en vez de alegrarse por la curación de la mujer? ¿Qué imagen se hacía de Dios y de la religión?
-        La respuesta de Jesús. Él busca aclarar definitivamente la situación de todos: ¿Cuál es el ejemplo práctico que propone Jesús? ¿Dónde está la hipocresía del jefe de la sinagoga y de los que piensan como él? ¿Qué significado tendrá el nombre de ‘hija de Abrahán’ que Jesús da a la mujer?
-        Conclusión del relato. Las palabras de Jesús provocan reacciones diferentes. ¿Cómo explico la reacción de sus adversarios? ¿Por qué motivos se alegra la gente? ¿Siento alegría de ver cómo actuó Jesús con la mujer encorvada?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “LA MUJER LIBERADA POR JESÚS.

               Según su costumbre, Jesús se encuentra enseñando en una sinagoga un día de sábado. Tanto el espacio sagrado de la sinagoga como el día de sábado, consagrado al Creador y Liberador de Israel, nos invitan a pensar en el Dios de la vida, del que Jesús habla en todas partes.
               El centro de la escena la ocupa la curación de una mujer encorvada. El episodio es narrado con rasgos de gran fuerza evocadora. Lucas nos presenta a Jesús liberando a la mujer de las ataduras que le impiden vivir con la dignidad de ‘hija de Abrahán’ junto a los varones de Israel.
               Entre la gente congregada en la sinagoga hay una mujer enferma. La descripción de la enfermedad va más allá de un mal físico. La mujer es víctima de un espíritu que la tiene ‘encorvada’, mirando al suelo sin poder enderezarse en modo alguno. El mal parece irremediable, pues lleva así 18 años.
               El estado de la mujer es humillante. Camina sin poder levantar sus ojos hacia el horizonte. Pero precisamente, según la cultura popular, caminar erguido es el rasgo que diferencia claramente al ser humano de los animales. Sin duda el estado físico de esta mujer sin nombre es el mejor reflejo de la situación en que se encuentran las mujeres en aquella sociedad: privadas de autonomía, sometidas a la autoridad patriarcal de sus esposos, sin presencia social significativa, discriminadas religiosamente, víctimas de los abusos de los varones. En aquella sociedad la mujer sólo puede caminar ‘encorvada’, sin poder mirar de frente al varón.
               La enferma está seguramente en la parte de la sinagoga reservada a las mujeres. Según el relato, Jesús “la ve”, interrumpe su enseñanza y “la llama”. Todo empieza con la mirada de Jesús a la mujer encorvada. No puede permanecer indiferente al ver su sufrimiento y humillación. Su modo de mirar a la mujer es el punto de partida de su acción liberadora. La llama junto a sí y le dice estas palabras que no hemos de olvidar: “Mujer, quedas liberada de tu enfermedad”. Luego impone sobre ella sus manos y la envuelve con la fuerza curadora y la ternura de Dios.
               La mujer se endereza. Puede levantar sus ojos al cielo. Puede mirar de frente a Jesús. Llamada por Jesús, ha pasado de la marginación al centro de la sinagoga. Estaba callada, ahora recupera la palabra para explotar en una alabanza a Dios. La escena es insólita. Lucas lo afirma con gozo: la mujer “daba gloria a Dios”. Junto a Jesús, en el centro de la sinagoga, donde sólo se daba la palabra a los varones, esta mujer, de pie, erguida, liberada por Jesús, da gloria a Dios ante todo el pueblo.
               El jefe de la sinagoga, responsable del lugar de oración, se indigna porque Jesús ha curado en sábado a la mujer. “Hay 6 días en que se puede trabajar: vengan esos días a curarse y no en sábado”. Se siente obligado a intervenir. No se alegra de la curación de la enferma. No entiende que esta mujer liberada da más gloria a Dios que el cumplimiento del sábado. Considera que lo que acaba de hacer Jesús es una transgresión de la le de Dios, no un gesto liberador realizado en su nombre. Para el jefe de la sinagoga, la observancia del sábado prohíbe reaccionar ante el sufrimiento curando a la mujer. Para Jesús, el sábado, día consagrado a Dios, es el más adecuado para poner en práctica el amor liberador.
               Jesús reacciona antes de que la gente diga nada. Por los caminos de Galilea ha ido sembrando su mensaje: lo primeo para Dios es la vida de las personas, no la religión; el sábado ha de estar al servicio del ser humano y no al revés; ha de ser un día de liberación; la mejor manera de celebra al Dios de la vida y liberador del pueblo es liberar a las personas, desatar sus ataduras, restaurar la vida y reafirmar su dignidad.
               Jesús les pone un ejemplo práctico para desenmascarar la hipocresía que se encierra en el jefe de la sinagoga y en quienes piensan como él. Como es sabido por todo, cualquier de ellos “desata” al buey y al burro para llevarlos a beber al río o a la fuente del pueblo. ¿Y no había que liberar de sus ataduras a esta mujer para devolverle la salud y la dignidad? Esta mujer no es un animal, aunque ha vivido encorvada mirando al suelo, “atada por Satanás durante 18 años”. Es “hija de Abrahán”, miembro del pueblo elegido lo mismo que el jefe de la sinagoga y quienes condenan a Jesús.
               Las palabras de Jesús provocan una división entre quienes lo escuchan. Sus “adversarios” se avergüenzan y permanecen mudos: se dan cuenta que están haciendo de Dios un ídolo falso que sólo busca su culto y su honor y no siente compasión hacia sus hijas. El pueblo, por el contrario, se llena de alegría al ver las maravillas que hace Jesús: en la compasión liberadora de Jesús descubren la salvación que Dios ofrece a las mujeres.
               Hemos de grabar bien en nuestro grupo el gesto liberador de Jesús que “mira” a la mujer encorvada por el peso de la humillación, la “llama” para que todos la puedan mirar como la mira él, la rescata de la marginación, la libera de sus ataduras, la pone en pie y le devuelve su verdadera dignidad, perdida por la prepotencia y los abusos de los varones. El recuerdo de esta escena y las palabras de Jesús: “Mujer, quedas liberada de tu enfermedad”, nos ayudan a descubrirlo como liberador y amigo de la mujer.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      Digámonos cuando nos sentimos inconformes por los atropellados a las mujeres.

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 13,10-17: Jesús y la mujer encorvada.
2.      Según la descripción de la parábola, ¿cuál era la situación de la mujer en tiempos de Jesús?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Qué lecciones nos da Jesús en esta parábola con relación a la mujer?
4.      Compromiso:
-        Como mujer, ¿qué actitudes vamos a cambiar con relación a nosotros mismas?
-        Como varones, ¿qué actitudes vamos a cambiar con relación a las mujeres, comenzando por la casa?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Una mujer del grupo vuelve a leer el relato de la curación de la mujer encorvada, hasta la reacción del jefe de la sinagoga.
-         Otra mujer lee el siguiente “Salmo de las mujeres dichosas”.
Al final añadimos alguna moción por la que declaramos ‘dichosas’ a las mujeres.
Dichosas las mujeres que salen de la pasividad y dedican su vida a testimoniar por el reino de Dios:
Así abren caminos nuevos para ellas y para todos.
Dichosas las mujeres que luchan por su dignidad, denunciando el maltrato y la discriminación de la mujer:
Están forjando un futuro mejor para las nuevas generaciones.
Dichosas las mujeres que defienden la libertad, trabajan por la justicia, arriesgan su vida por la igualdad de todos:
Con sus palabras y hechos están engendrando un mundo nuevo.
Dichosas las mujeres cariñosas y tiernas, sencillas y alegres, creativas y fuertes:
Su bondad y su esfuerzo nos revelan el rostro materno de Dios.
Dichosas las mujeres llenas de fe, servidoras de la comunidad, solidarias de las luchas colectivas:
Continúan entre nosotros la presencia liberadora de Jesús y de su Reino de vida y de amor.
‘¡Alegrémonos porque sus nombres están inscritos en el Libro de la Vida!
-         Otra mujer lee la siguiente oración que repetimos paso a paso.
Todos los humanos somos una misma unidad y formamos un solo cuerpo solidario./
Toda mujer es mi hermana y todo varón es mi hermano./
Todas y todos somos iguales, pero las y los pobres van primero./
Jesús, estos criterios cambiarán mi vida, si los tomo en serio./
Cambarán la sociedad, si los tomamos en serio./
Cambiarán la Iglesia… si los tomamos en serio./
Jesús, fuiste el ser humano más solidario que haya existido./
Eres el modelo humano más valioso de todos nosotros y nosotras./
Jesús, quiero ser hermana como tú, quiero ser hermano como tú,/
Para continuar tu obrar liberador de todas y de todos./
Así el Reino de Dios estará aconteciendo en nuestro mundo./
-         Otra mujer proclama, sola.
Señor Jesús, que te encontremos a ti como te encontraron María de Magdalá, Marta y María, Salomé y la Samaritana.
Les devolviste su visibilidad, su dignidad, su libertad, su alegría, su protagonismo,
Porque te acercaste a ellas, las miraste con amor, les hablaste con verdad, las liberaste con respeto.
Que toda mujer y todo varón lleguemos a ponernos de pie juntos y proclamar a Dios con valentía:
Así construiremos tu Reino hoy, mañana y siempre. Amén.
-         Hagamos una breve oración espontánea.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  25 :  JESÚS  DEFIENDE  A  LA  MUJER  ADÚLTERA.

Motivación inicial
               Jesús vivió defendiendo a la mujer en una cultura patriarcal en la que se la consideraba inferior en todo al varón y se la mantenía sometida a él en todos los ámbitos. Su actuación ante una mujer adúltera a punto de ser lapidada nos revela su voluntad radical, en nombre de Dios, de liberar a la mujer del sometimiento injusto al varón. Hay su actitud y sus palabras nos siguen iluminado.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Cómo se manifiestan el machismo o el patriarcado en mi alrededor?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Juan 8,3-11: Jesús y la mujer adúltera.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Marco de la escena. ¿En dónde Jesús pasó la noche? ¿Adónde se dirige? ¿Qué hace cuando se ve rodeado de gente? ¿Qué sentido doy al silencio de Jesús?
-        Intervención de los escribas y fariseos. ¿Qué siento al ver a la mujer adúltera en medio de la gente? ¿Por qué nadie interroga a la mujer? ¿Por qué nadie habla del varón que estuvo con la mujer? ¿En qué consiste la trampa que le tienden a Jesús?
-        Reacción de Jesús. Jesús está muy tranquilo. ¿Cómo interpreto su gesto de escribir en el suelo en un momento tan dramático? ¿Qué pienso de sus palabras a los acusadores? ¿Qué mensaje quiere comunicar Jesús?
-        Retirada de los acusadores. ¿Cuál es el efecto de las palabras de Jesús? ¿Por qué motivos se retiran todos? ¿Qué pienso de la pena de muerte?
-        Jesús y la mujer adúltera. ¿Cómo la trata Jesús? ¿Qué quiere infundirle? ¿He escuchado alguna vez las palabras de Jesús a la mujer adúltera? ¿Las he dicho a alguien?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “UNA SOCIEDAD SIN DOMINACIÓN MASCULINA.

               El historiador judío Flavio Josefa resume la condición de la mujer en tiempos de Jesús con estas palabras: “Con la Tora, la mujer es inferior al varón en todo”. El protagonista de la vida religiosa es el varón. No es necesaria la presencia de la mujer. Por eso no se las iniciaba ala al estudio de la le no los rabinos las aceptaban como discípulas. Hubiera sido una insensatez poner en sus manos el texto sagrado: la mujer era considerada incapaz de interpretar correctamente la Palabra de Dios. No tenían la obligación de subir en peregrinación a Jerusalén en las grandes fiestas judías. Ocupaban un lugar separado de los varones en el templo y, probablemente, en las sinagogas.
               Fuera del hogar, propiamente, las mujeres “no existían”. No podían alejarse de casa sin ser acompañada por un varón y sin ocultar su rostro con un velo. No podían hablar en público. Su testimonio no tenía validez. Tampoco podían tomar parte en un banquete fuera del hogar. Si alguna andaba sin vigilancia de un varón, sentándose a la mesa junto a varones, su comportamiento era considerado como propio de una mujer de mala reputación. Jesús lo sabía cuándo acepto a mujeres entre sus discípulos.
               La visión de la mujer era muy negativa. Los proverbios que circulan por el pueblo y los escritos rabínicos describen su comportamiento de manera severa. Se decía que la mujer era insensata, estúpida, vanidosa, pendenciera, chismosa… Los varones han de estar atentos para no dejarse engañar por sus artes de seducción. El escrito judío Filón de Alejandría, contemporáneo de Jesús, dice que, mientras el varón se deja guiar por la razón, la mujer se deja llevar por la sensualidad.
               No ha de entrañarnos que esta sociedad controlada por el varón se empleará un doble criterio para juzgar el mismo comportamiento de la mujer y del varón, sobre todo en el área de la sexualidad. Así, en los casos de adulterio, se supone que la mujer es más culpable que el varón, al que considera más bien víctima de las artes y engaños de la mujer. Jesús no pudo soportar tanta hipocresía machista.
               Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su padre querido en el monte de los Olivos. Comienza el nuevo día lleno del Espíritu de Dios que le envía cada día a “proclamar la liberación de los cautivos… y dar libertad a los oprimidos”. Pronto se ve rodeado por un gran gentío que acude hasta el recinto del templo para escuchar su mensaje. El narrador lo presenta, como los maestros en Israel, enseñando a la gente los caminos del Reino de Dios. Este es el marco de un episodio dramático en el que Jesús se va a ver obligado a mostrar hasta donde llega su compromiso para liberar a la mujer de una cultura que la mantiene sometida injustamente.
               De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo “una mujer sorprendida en adulterio”. Se trata probablemente de una mujer casada que han sorprendido acostada con un hombre que no es su marido. La colocan “en medio” para que todos la vean y la juzguen. No es difícil intuir la vergüenza, humillación y angustia de esta mujer que ha pasado rápidamente de una niche de placer a la amenaza de una muerte inminente.
               La mujer es lo que menos les preocupa a estos varones venerables, representantes de las leyes y tradiciones de Israel. Nadie piensa en su destino. Nadie le interroga sobre nada. Está ya condenada. Ella es sólo el pretexto para enfrentar a Jesús con la ley de Moisés. Así se instrumentaliza a las mujeres en esta sociedad machista,
               Los acusadores sólo buscan un objetivo: comprometer a Jesús y poder acusarlo de algo grave: “Maestro esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. ¿Tú qué dices?”. El desafío es frontal: la ley dice que hay que apedrearla; ¿tú qué dices? El delito de la mujer está comprobado. Jesús ha de pronunciarse necesariamente ante todos. No se trata de una discusión más entre diferentes escuelas de rabinos, sino de una decisión de vida y de muerte para la mujer. Mientras tanto, nadie parece acordarse del amante. ¿Dónde está el varón?
               Jesús no responde. Está sentado, se inclina hacia el suelo y se pone a escribir en la tierra. No se sabe con certeza el significado de este detalle, que se repite dos veces. Probablemente no es necesario buscarle un sentido simbólico oculto, como hacen algunos autores. Tal vez todo sea más sencillo. Los fariseos están tensos: la mujer, angustiada; la gente, expectante. Jesús trata de mantenerse tranquilo, dominando la situación. El momento es grave y no quiere precipitarse. Mientras va pensando su respuesta, hace algunos garabatos en el suelo. Si hubiera escrito algo importante, el narrador lo hubiera indicado.
               Jesús se da cuenta de la gravedad de la trampa que le han preparado. Si defiende a la mujer y se opone a la lapidación, viola gravemente lo establecido por Moisés (Levítico 20,10). Si aprueba la lapidación puede tener problema con los romanos, que se reservan la potestad de ejecutar a los delincuentes. Pero, antes que nada, ¿cuál es la voluntad del Padre del cielo con el que ha estado dialogando toda la noche?
               Jesús está viendo a aquella mujer, humillada públicamente, condenadas por escribas respetables, indefensa ante la sociedad y ante los dirigentes religiosos. Nadie habla del varón. Es lo que sucedía en aquella sociedad machista: al promulgar la ley se piensa en los varones como responsables de la moralidad; luego, al reprimir el delito, se castiga con dureza a la mujer y se disculpa fácilmente al varón. Jesús no soporta esta hipocresía social, construida por la “dureza de corazón” de los varones. No es verdad que la mujer sea más culpable. De ordinario no es sino víctima o, todo lo más, cómplice.
               Por eso Jesús se incorpora y, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les dice algo inesperado: “El que esté sin pecado, tire la primera piedra”. La gente queda sorprendida, pues, eran los testigos los que iniciaban la lapidación. El efecto de las palabras de Jesús es impresionante. Los escribas y los fariseos “se van retirando, uno tras otro, comenzando por los más viejos”. Aquellos varones respetables, representantes de las tradiciones y leyes que tanto pesan sobre las mujeres, se van retirando. Los acusadores se sienten acusados. Saben mejor que nadie que ellos son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquellas aldeas.
               La conclusión es conmovedora. Jesús y la mujer han quedado solos. La mujer no se ha movido. Sigue allí, en medio, humillada y avergonzada. Los acusadores se han ido retirando, pero ella no se siente libre todavía. Parece que necesita escuchar el veredicto de Jesús. Entonces él, que ha seguido sentado, se incorpora. Puede mirarla a los ojos con ternura y expresarle todo su respeto y cariño. “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?”. Hasta ahora nadie le había preguntado nada. Es Jesús que busca el diálogo y se interesa por ella. La mujer le responde humildemente: “Nadie, Señor”.
               Las últimas palabras de Jesús son inolvidables. Nunca las podrán escuchar los acusadores que se han retirado confundidos. Sólo esta mujer abatida. Jesús la trata como una persona adulta y responsable. “Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante, no peques más”. La mujer no necesita más condenas. Jesús le ofrece su perdón, confía en ella y la invita a vivir de manera diferente. La mujer que ha estado a punto de morir apedreada por aquel grupo de varones se va libre hacia una vida nueva abierta por Jesús.


               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Cómo se manifiestan el machismo o el patriarcado en nuestro alrededor?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Juan 8,3-11: Jesús y la mujer adúltera.
2.      ¿Qué es lo que nos llama más la atención en las actitudes y palabras de Jesús?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Qué nos enseña este acontecimiento para nosotros actualmente?
4.      Compromiso: ¿Qué vamos a cambiar en nuestras actitudes machistas y palabras patriarcales?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Una mujer lee el siguiente texto sobre ‘la creación de la mujer’.
Luego de un momento de silencio retomamos algún rasgo sobre la mujer.
Cuando el universo todavía estaba incompleto,
Al sexto día Dios creó a la mujer y le dijo: “Yo te daré…
Te daré un corazón lleno de compasión,
Un espíritu libre para volar como los pájaros,
Sabiduría para conocer grandes verdades,
Ánimo para salir de la opresión,
Fuerza para mover montañas,
Ternura para besar la tierra,
Pasión para inflamar el mundo,
Risas para llenar los valles,
Lágrimas para lavar las penas,
Intuición para conocer lo escondido,
Manos para trabajar y acariciar”.
Y Dios dijo: “Mujer, yo te he creado a mi imagen y semejanza:
Eres bella y buena como yo”.
-        Otra mujer lee la siguiente oración y todos repetimos, despertando nuestra feminidad.
Nosotras, reunidas entre varones y mujer,/
Te alabamos, Dios nuestro, porque eres mujer y varón, madre y padre./
Nosotras, te alabamos porque eres tierno y compasivo/
Con quien te busca con un corazón amoroso./
Tú alegras nuestra vida porque nos llenas de tu ternura./
Nos quieres incondicionalmente como hijos e hijas tuyas./
Tu cariño es la alegría de nuestro corazón./
Tu espíritu nos llena de energía y entusiasmo./
Tu amor nos enseña a vivir gozosos y felices./
Dios, mujer y varón, madre y padre,/
Quieres que nos amemos como tú nos amas./
-        Escuchamos en silencio esta oración que lee otra mujer.
Jesús, esperanza nuestra, tu Evangelio nos descubre que
Dios nos quiere felices, incluso en las horas de oscuridad.
Haz que la paz y la ternura de nuestro corazón
Puedan hacer hermosa y feliz la vida de los que nos rodean.
-        Hacemos unas breves oraciones espontáneas.
-          

  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.




  etapa :  GRANDES  LLAMADOS  DE  JESÚS.


 INTRODUCCIÓN.


Vamos avanzando en nuestro recorrido. Hemos dado ya pasos importantes. Poco a poco hemos ido descubriendo el modo de vivir de Jesús. Está creciendo en nosotros el deseo sincero de vivir como discípulos y seguidores suyos. Ha llegado el momento de escuchar sus llamadas más importantes y fundamentales. Hemos de grabarlas bien en nuestro corazón.
-        Escucharemos primero la llamada a entrar en el Reino de Dios para acoger el proyecto humanizador del Padre y vivir, como Jesús, colaborando en abrir sus caminos para un mundo más justo y fraterno.
-        Escucharemos luego su invitación a ser compasivos como el Padre del cielo: es la primera actitud para trabajar por un mundo más humano, como lo quiere Dios.
-        En tercer lugar Jesús nos llamará a centrar nuestra vida en el amor a Dios y al hermano: nada más hay más importante que el amor.

HE AQUÍ LOS 3 GRANDES EJES DE LAS LLAMADAS DE JESÚS.

  1. ACOJAN EL REINO DE DIOS
Tema 26. Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Marcos 1,14-20). Es importante entender bien la 1ª llamada de Jesús, pues sólo creyendo en la Buena Noticia del Reino de Dios, descubriremos lo esencial del Evangelio y aprenderemos a defender la causa que él defendió.
Tema 27. “Acojan la semilla del Reino” (Marcos 4,1-9). A lo largo de nuestro recorrido Jesús está “sembrando” en nuestros corazones la semilla del Reino de Dios. Si sabemos acogerla, germinará y crecerá en nosotros. Nuestra vida se irá transformando.

  1. SEAN COMPASIVLO COMO SU PADRE
Tema 28. “Haz tú lo mismo” (Lucas 10,19-37). Lo primero para colaborar en el proyecto humanizador del Padre es ser compasivo como él. El samaritano de la parábola es el modelo de esta actuación. Jesús nos dice: “Haz tú lo mismo”.
Tema 29. “A mí me lo hicieron” (Mateo 25,31-46). La compasión se concreta en ayudar prácticamente a los necesitados. Según Jesús es el camino para acoger la bendición en el Reino definitivo de Dios.

  1. NADA HAY MÁS IMPORTANTE QUE EL AMOR
Tema 30. “Amarás a Dios y a tu prójimo” (Marcos 12,2-34). El gran mandato de Jesús es ser compasivos como el Padre. Entonces, ¿qué decir de las leyes que rigen la religión de Israel? Jesús las resume en amar a Dios de todo corazón y al prójimo como a uno mismo.
Tema 31. “Amen a sus enemigos” (Mateo ,3-45). Jesús añade un rasgo nuevo y original al mandato del amor. Llama a sus seguidores a amar incluso a nuestros enemigos. Así seremos hijos e hijas del Padre del cielo.



  parte :  “ ACOJAN  EL  REINO  DE  DIOS ”.

Tema 26: “Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Marcos 1,14-20).
Tema 27: “Acojan la semilla del Reino” (Marcos 4,1-9).


 Tema  26 :  “ CONVIÉTANSE  Y  CREEN  EN  LA  BUENA  NOTICIA ”.

Motivación inicial
               A lo largo de nuestro recorrido hemos podido descubrir cómo vive Jesús curando la vida, ofreciendo acogida a pecadores, defendiendo a los últimos y liberando a la mujer. Vamos a escuchar ahora las llamadas que nos hace Jesús. La más importante la resume así el evangelista Marcos (1,15): “Comienza algo nuevo. Está cerca el Reino de Dios. Cambien de manera de pensar y de actuar, y crean esta Buena noticia”. Si seguimos a Jesús es para colaborar con él en el proyecto humanizador del Padre, es decir, crear nuevas relaciones humanas, porque eso es el Reino.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
Después de estas reuniones, ¿qué es lo que me parece lo más importante del mensaje y testimonio de Jesús?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Marcos 1,14-20: “Conviértanse y crean en la Buena Noticia del Reino”.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Contexto de la escena. ¿Qué me sugiere el desenlace final de Juan Bautista en prisión? ¿Qué importancia tiene ‘Galilea’ para los seguidores de Jesús? ¿Por qué abandona Jesús el desierto?
-        Reino de Dios. Cuando oigo hablar de ‘Reino de Dios’, ¿en qué pienso: en la Iglesia, el cielo, algún lugar sagrado…? ¿Qué es para Jesús el Reino de Dios?
-        El Reino de Dios está cerca. ¿Sé ver a Dios como alguien que está siempre abriendo caminos para humanizar mi vida? ¿En qué puedo notar que Dios empieza a reinar en mí y en mi alrededor?
-        Conviértanse. ¿En qué pienso cuando oigo hablar de ‘conversión’: arrepentimiento, hacer penitencia, abandonar vicios y pecados, confesarme, tomar otra orientación de vida…? ¿En qué puede consistir ‘convertirme’ al Reino de Dios?
-        Crean en esta Buena Noticia. ¿Creo que Dios me está llamando hacia una vida más humana personal y colectivamente? ¿Me parece una buena noticia saber que Dios busca una vida dichosa para mí, para todos, para los más sufridos? ¿Cuándo estoy haciendo acontecer el Reino de Dios?
-        La llamada a 4 pescadores. Jesús comienza llamando a unos pescadores y no a sacerdotes del templo ni a maestros de la ley: ¿Me llama la atención esta opción de Jesús? ¿Por qué dice Jesús a sus primeros discípulos: “Les haré pescadores de hombres”?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA.

               Jesús comienza su actividad profética. El evangelista Marcos cuida mucho sus palabras para que captemos bien la importancia de lo que va a exponer. Hemos de escuchar con atención. Estamos en un momento decisivo para este grupo que busca seguir a Jesús y colaborar en su proyecto.
               El poderoso Antipas ha encarcelado a Juan (el Bautista) en la fortaleza de Maqueronte. La prisión pone fin a su actividad. Se apaga la voz del Bautista, pero surge una voz más fuerte, la de Jesús. De sus labios vamos a escuchar el gran proyecto de Dios.
               Jesús deja la región del Jordán y viene a Galilea. No se queda en el desierto a que venga la gente hasta él. Tampoco vuelve a Nazaret, a su antiguo trabajo de artesano. Será él quien se acerque a las aldeas a proclamar la “Buena Noticia de Dios”.
               Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nunca “Galilea”. Aquí empezó todo. Es en Galilea donde se escuchó por primera vez el gran proyecto del Padre, que Jesús llamaba “reino de Dios”. Es en Galilea donde Jesús llamó a sus 4 primeros seguidores: nosotros somos hoy sus herederos. Es a Galilea donde hemos de volver siempre a reavivar nuestro seguimiento a Jesús resucitado (véase el tema 6).
               Según Marcos, Jesús no enseña propiamente una “doctrina religiosa” para que sus discípulos la recojan y la difundan fielmente. Anuncia más bien un “acontecimiento”, algo que está sucediendo y es necesario acoger, pues lo puede cambiar todo. Él a lo está experimentando y quiere que todos comparan su experiencia. El evangelista resume el núcleo del mensaje de Jesús con estas palabra precisas. Venía a decir esto: “Se ha cumplido el plazo. Está cerca el Reino de Dios. Conviértanse y crean esta Buena Noticia”.
-        “Se ha cumplido el plazo”. Empieza un tiempo nuevo. Todo lo anterior va a quedar superado definitivamente. No hay que vivir mirando al pasado. Las promesas de Dios se están cumpliendo. Hay que estar atento a lo que está sucediendo: “El que echa la mano al arado y sigue mirando hacia atrás no sirve para el reino de Dios” (Lucas 9,62).
-        “Está cerca el reino de Dios”. Dios no quiere dejarnos sólo en nuestros problemas, conflictos  sufrimientos. Dios es un Presencia buena y amistosa para abrirse camino entre nosotros para hacer la vida más humana. Donde reina Dios, la humanidad progresa en justicia, solidaridad, fraternidad y paz. No es verdad que la historia tenga que discurrir por caminos de sufrimientos y muerte que le trazan los poderosos. Es posible un mundo diferente, más justo, más digno, más sano y dichoso para todos, precisamente porque Dios lo quiere así. Es posible la alternativa.
-        “Conviértanse”. Cambien de manera de pensar  actuar. Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos.  Su voluntad de humanizar la vida se va haciendo realidad en nuestra respuesta a su proyecto. Hemos de despertar nuestra responsabilidad. Es posible dar una nueva dirección a la historia humana, porque Dios nos está atrayendo hacia un mundo más humano. Hemos de salir de otros reinos -poder, dinero, violencia, consumismo…- y entrar en la lógica y la dinámica del reino de Dios.
-        “Crean en esta Buena Noticia”. Hemos de tomar en serio el proyecto de Dios y confiar en el poder transformador del ser humano, atraído por él a una vida más digna. No estamos solos. Es posible la esperanza. Dios está sosteniendo también hoy el clamor de los que sufren y la indignación de los que reclaman justicia. Hemos de introducir en el mundo la confianza. Necesitamos profetas del reino, colaboradores en el proyecto del Padre, seguidores fieles de Jesús.
Lo sorprendente es que Jesús nunca explica con conceptos en qué consiste el reino de Dios. Lo que hace es sugerir, con su vida y sus parábolas inolvidables, cómo actúa Dios y cómo sería la vida si hubiera gente que actuara como él. Podemos decir que, para Jesús, el “reino de Dios” es la vida tal como la quiere construir Dios: el proyecto que el Padre quiere llevar adelante en el mundo. Esta es la inquietud que Jesús lleva adentro: ¿cómo sería la vida en el imperio si en Roma no reinara Tiberio, sino alguien que actuara como el Padre del cielo? ¿Cómo sería la vida en las aldeas de Galilea si en Tiberíades no gobernará Antipas, sino alguien que tuviera los sentimientos de Dios? ¿Cómo sería la religión judía si el templo de Jerusalén estuviera regido no por Caifás, sino por alguien que actuara con la compasión del Padre?
       El reino de Dios no es una religión. Es mucho más. Va más allá de las creencias, preceptos y ritos de cualquier religión. Es una experiencia nueva de Dios. Una manera nueva de entender y vivir a Dios que nos lleva a situarlo todo en su gran proyecto de humanizar el mundo. Si de Jesús nace una religión, como de hecho sucedió, tendrá que ser una religión al servicio del reino de Dios.
       Ese proyecto de Dios es el corazón de su mensaje, la pasión que animó toda su vida, y también la razón por la que fue ejecutado. Por eso seguir a Jesús es, antes que nada, colaborar en su proyecto. El criterio para medir la identidad de los cristianos, la verdad de un grupo de seguidores o la autenticidad de lo que hace la Iglesia es siempre “el reino de Dios”. Un reino que comienza en esta vida y que alcanza su plenitud en la vida eterna.
No es extraño que, inmediatamente después de ofrecernos el resumen del proyecto del reino de Dios, Marcos presenta a Jesús buscando colaboradores para llevarlo adelante. La escena va más allá de un simple episodio. El evangelista se esfuerza por transmitir el sentido profundo que tiene su llamada: Jesús pone en marcha un movimiento de seguidores y seguidoras a los que confía la tarea de anunciar  y promover el proyecto del reino de Dios a lo largo de los siglos. De ahí arranca la Iglesia.
       Jesús “va pasando junto al lago de Galilea”. Ha comenzado un camino. No es un rabino, sentado en su cátedra, que busca discípulos para formar una escuela religiosa. Es un profeta itinerante que busca seguidores para hacer con ellos un recorrido apasionante: vivir abriendo caminos al reino de Dios. Ser discípulos de Jesús no es tanto aprender doctrinas cuanto seguirle en su proyecto de vida.
       Es Jesús quien toma la iniciativa. Se acerca, fija la mirada en aquellos pescadores y los llama a dar una orientación nueva a su vida. Nadie se pone en marcha tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o deseos de vivir un ideal. También en este grupo seguimos a Jesús porque nos sentimos atraídos y llamados por él.
       La llamada de Jesús es personal. Se dirige a pescadores que tienen un nombre: Simón y Andrés, Santiago  Juan. Jesús los sorprende en medio de sus ocupaciones de cada día: echando las redes o reparándolas. No tienen una preparación especial. No destacan en nada. Lo decisivo es escuchar desde dentro la llamada de Jesús: “Vengan conmigo”. Escuchar esta llamada no es tarea de un día. Jesús nos llama a caminar tras él. El seguimiento de Jesús exige una dinámica de seguimiento. Seguir a Jesús significa da pasos concretos. Si nos detenemos o nos instalamos en nuestra propia vida, nos vamos quedando lejos de Jesús. Lo contrario al seguimiento es el inmovilismo.
       Lo que buscamos en este grupo es precisamente escuchar la llamada de Jesús  reavivar nuestro seguimiento: despertar nuestra confianza en él, reafirmar nuestro deseo de colabora con él en el proyecto del Padre, identificándonos con su programa, continuar su tarea y aprender a vivir según su estilo.
       Al llamar a estos 4 pescadores, Jesús les dice: “Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres”. La expresión, sugerida sin duda por el trabajo de aquellos hombres, es provocativa. ¿Qué significa ser “pescadores de hombres”? Sin duda, capturar nuevos colaboradores para el proyecto del Padre. Pero hay algo más. Los hebreos veían en el mar enfurecido la representación de las fuerzas del mal: en las aguas del abismo habita lo hostil a Dios, lo que amenaza al ser humano. Por eso “pescar hombres” es liberar al ser humano del mal para introducirlo en la dinámica del reino de Dios.


               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      Según nuestras reflexiones, ¿qué es lo que me parece lo más importante del mensaje y testimonio de Jesús?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Marcos 1,14-20: “Conviértanse y crean en la Buena Noticia del Reino”.
2.      Según las palabras del mismo Jesús, ¿en qué Buena Noticia quiere que creamos?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Es para nosotros una novedad la primacía del Reino de Dios en el seguimiento de Jesús?
4.      Compromiso: ¿Qué vamos a cambiar para centrarlo todo en nuestra vida y nuestra fe en torno al Reino de Dios?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Alguien lee: “Pasando por el lago de Galilea… Jesús les dijo: ‘Vengan conmigo, les haré pescadores de hombres’.”
Hoy, Jesús nos mira y nos repite lo mismo. Repetimos frase por frase.
Jesús, no tienes manos:/
Sólo tienes nuestras manos para construir un mundo de justicia./
Jesús, no tienes pies:/
Sólo tienes nuestros pies para poner en marcha la libertad y el amor./
Jesús, no tienes labios:/
Sólo tienes nuestros labios para revelar a los pobres el Reino de Dios./
Jesús, no tienes medios:/
Sólo tienes nuestras acciones para hacer que todos seamos más hermanos./
Jesús, nosotros somos tu Evangelio, tu Buena Noticia,/
Haznos tus testigos para que la gente acoja tu Reino./
-         Escuchemos cada frase y continuamos diciendo: La tierra empieza a ser tu Reino, Señor.
Si nosotros salimos a la vida compartiendo el pan con el hambriento: Todos: La tierra…
Si nosotros rompemos las discordias poniendo el bien en todos los senderos: …
Si nosotros salimos a la vida armados sólo de concordia y de paz: …
Si nosotros ayudamos al oprimido salir de su opresión: …
Si nosotros acogemos el extranjero y el forastero: …
Si nosotros salimos a la vida haciendo carne tu Evangelio: …
Si nosotros gritamos para que otros despiertan a tu Reino: …
-         Rezamos el Padrenuestro dándonos la mano y pensando que esa oración es un resumen del proyecto del Reino de Jesús.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.

 Tema  27 :  “ ACOJAN  LA  SEMILLA  DEL  REINO  DE  DIOS ”.

Motivación inicial
               Necesitamos acoger desde muy dentro la llamada de Jesús a colaborar con él abriendo caminos al Reino de Dios y su justicia. Como hacía ayer junto al lago de Galilea, Jesús va sembrando también du Palabra en nuestro grupo. Nuestra primera actitud ha de ser acoger en nosotros la semilla del Reino. Poco a poco esta semilla germinará, crecerá y dará frutos. Nuestra vida se irá transformando: nos convertiremos en colaboradores del Reino de Dios.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿No me desespero al ver el poco crecimiento del Reino de Dios en mi entorno?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Marcos 4,1-9 y 14-20: ‘El sembrador salió a sembrar’.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        El escenario. Jesús está enseñando no en alguna sinagoga, sino a la muchedumbre, desde el borde del Lago de Galilea: ¿Qué podría significar este cambio de lugar de parte de Jesús?
-        “Escuchen – Quien tenga oídos”. Vuelvo a leer lo que Jesús dice, por una parte, antes de narrar la parábola y, por otra, al concluirla. ¿Qué significaría esta insistencia de Jesús?
-        El sembrador. ¿Qué me llama la atención en el modo de sembrar? ¿Así sembraba Jesús? ¿A quiénes puede representar hoy el sembrador? ¿Me siento incluida/o?
-        La mucha siembra desperdiciada. ¿A qué se debe este fracaso: al sembrador, al mal tiempo, a la mala calidad de los terrenos? ¿A quiénes representan los malos terrenos? ¿Cuándo soy parecido/a a alguno de estos terrenos?
-        La tierra buena. ¿Qué necesita la semilla para poder germinar y fructificar? Según la explicación del mismo Jesús, ¿qué condiciones tiene que encontrar en mí la ‘palabra’ para ‘crecer, desarrollar y fructificar’?
-        Mensaje de la parábola. ¿Qué significa este ‘derroche’ de semillas? ¿Qué significa la gran cosecha en tierra buena? ¿Cómo me aplico a mí mismo estas conclusiones?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “ACOGER LA SEMILLA DEL REINO.

               Marcos describe con muchos detalles el marco en que Jesús comienza a enseñar por medio de parábolas. Jesús no se dirige a la sinagoga para enseñar a los que se congreguen en ella el sábado. Vuelve a la orilla del lago para comunicar su mensaje. Pero, al ver que acude una muchedumbre grandísima (literalmente, “mayor que nunca”), sube a una barca y se sienta en ella, dentro del mar, a corte distancia de la orilla. La multitud se queda en la orilla, “de cara” al mar de Galilea.
               Marcos está sugiriendo a sus lectores que el Evangelio no va a quedar encerrado en el pueblo de Israel. El horizonte abierto del “mar de Galilea” está apuntando al anuncio universal del reino de Dios a todos los pueblos. Hoy llega a nuestro pequeño grupo.
               Sentado en la barca, Jesús les enseña muchas cosas, pero ahora no proclama directamente la Palabra. Después de la resistencia que ha ido encontrando su predicación, busca otro leguaje más adecuado para el pueblo. Les habla en parábolas. En estos breves relatos, Jesús no busca ilustrar grandes doctrinas, sino poner a la gente en contacto con experiencias de su propia vida que pueden ayudarles a abrirse al reino de Dios. Sus parábolas hacen pensar, tocan el corazón e invitan a acoger la Buena Noticia de Dios. El que escucha ‘desde fuera’ no capta nada. Por el contrario, quien “entra” en la parábola y se deja conmover por su fuerza está ya “entrando” en el reino de Dios.
               Jesús comienza pidiendo a la gente atención para captar bien el contenido de la parábola: “Escuchen”. La parábola encierra algo muy importante. Al final del relato vuele a gritar: “Quien tenga oídos para oír, que oiga”. El fracaso o el éxito de la siembra depende de cómo es el terreno donde cae la siembra. Sólo los que tienen oídos para escuchar acogen la semilla y dan fruto. Jesús les habla de algo que conocen muy bien los campesinos de Galilea. En otoño salen a sembrar sus tierras; en junio recogen las cosechas. Todos saben lo que es sembrar y lo que es vivir pendientes de la futura cosecha. ¿De qué les quiere hablar Jesús?
               “Salió el sembrador a sembrar”. Lo hace con confianza. Siembra de manera abundante, incluso en lugares donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así sembraban los campesinos de Galilea para aprovechar bien todas las posibilidades de sus pequeños terrenos. La semilla cae y cae por todas partes. A la gente no le es difícil identificar el sembrador. Así es Jesús. Lo están viendo salir todas las mañanas, movido por el Espíritu de Dios, a anunciar la Buena Noticia del reino de Dios por todas las aldeas de Galilea. Lo hace incluso entre los escribas, los fariseos y los vecinos de su pueblo de Nazaret, donde ha sido rechazado. No se desalienta nunca. Sigue sembrando.
               El relato cuenta con todo detalle lo que sucede con la siembra. Una parte de la semilla cae a lo largo del camino que bordea el terreno. La tierra está endurecida. La semilla no puede penetrar. Desaparece su dejar rastro. Vienen los pájaros y se la comen. La siembra ha fracasado desde el primer momento.
               Otra parte cae en una zona pedregosa, cubierta ligeramente por algo de tierra. La semilla sólo penetra en la superficie. Llega a dar un pequeño brote, pero poco más. Al no poder echar raíz, al salir el sol, se quema. La siembra ha quedado algo más en perderse, pero termina fracasando.
               Otra parte cae en una zona más abandonada, donde crecen abrojos y malas hierbas. La semilla puede germinar y crecer, pero no llega a dar fruto. Los abrojos y la mala hierba crecen con más fuerza y la ahogan.
               Probablemente los oyentes escuchan consternados. ¿Fracasará toda la siembra? ¿No podrá el sembrador un terreno mejor? Jesús continúa su relato. Otras partes cayeron en tierra buena. La semilla no sólo germina, sino que las plantas crecen, se desarrollan y dan fruto: el treinta, el sesenta y hasta el cien por uno. A pesar de que, en algunas partes, la semilla se ha perdido, al final el sembrador puede recoger una buena cosecha.
               La gente empieza a “entender”. Jesús siembra como los campesinos. Al sembrar, todos saben que parte de la siembre se puede echar a perder, pero esto no desalienta a nadie: lo importante es la cosecha final. Con el reino de Dios sucede algo semejante. No faltan obstáculos  resistencias, pero la semilla sembrada por Jesús dará su fruto.
               ¿Qué hemos de escuchar con atención en esta parábola? Jesús deja el relato abierto. Los oyentes pueden escuchar varia llamadas. Algunos podrán tomar conciencia más viva que Dios está queriendo introducirse en muchas vidas para hacer un mundo nuevo. Otros podrán contagiarse de la confianza y seguridad de Jesús: a pesar de las resistencias y rechazos, el reino de Dios se abrirá camino. Pero sobre todo la parábola es una invitación a acoger esta experiencia nueva   sorprendente que Jesús está tratando de contagiar a todos y que él llama “reino de Dios”. El fracaso de la siembra no se debe al sembrador, sino a las resistencias y obstáculos que “la semilla del reino” encuentra en los diferentes terrenos.
               ¿Podemos concretar más cuáles son estas resistencias y obstáculos? Marcos nos ofrece la explicación que da más tarde el mismo Jesús a sus discípulos. El texto va concretando lo que significa cada terreno. (4,14-20).
               Primer caso. “Lo sembrado al borde del camino” son aquellos que los que el mensaje de Jesús no penetra. Desaparece sin dejar rastro. Es como si no lo hubieran escuchado nunca.  “En cuanto lo oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos”. El reino de Dios sólo penetra en nosotros cuando lo acogemos con un corazón abierto y sencillo.
               Segundo caso. “Lo sembrado en terreno pedregoso” son aquellos que, “cuando escuchan el mensaje lo aceptan con alegría, pero no echa raíces en ellos. Son inconstantes. Por eso cuando surge una dificultad o persecución por la Palabra, sucumben”. A estos, el mensaje de Jesús los convence o incluso les entusiasma, porque en el fondo responde a sus ideales, pero no se comprometen seriamente a acogerlo y trabajar por el reino de Dios. Cuando se encuentra con alguna dificultad que pone en peligro su seguridad, bienestar o intereses, se echan atrás.
               Tercer caso. “Lo sembrado entre abrojos”. Estos son “los que escuchan el mensaje, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de la riqueza y los deseos de todo género penetran en ellos, ahogan la Palabra y la dejan sin fruto”. Estos escuchan el mensaje, pero en ellos hay obstáculos que impiden que la Palabra finalmente dé fruto. El principal es, sin duda, la atracción del dinero. Jesús gritará un día: “No pueden servir a Dios y al Dinero” (Lucas 16,13). Pero también puede convertirse en obstáculo la vida agitada por toda clase de preocupaciones y problemas, o atraídos por todo tipo de deseos e intereses.
               Cuarto caso. “Lo sembrado en tierra buena” son los que 1) escuchan el mensaje, 2) lo acogen y 3) dan fruto: el treinta, el sesenta y el cien por uno. Son aquellos que acogen el mensaje de Jesús con un corazón abierto, lo hacen suyo, no ponen obstáculos a la Palabra, sino que la hacen vida. Estos son los que entran en la dinámica del reino de Dios. ¿Seremos así en este Grupo de Jesús?
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Cómo nos sentimos a ver el poco éxito del Reino de Dios en nuestro entorno?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Marcos 4,1-9 y 14-20: ‘El sembrador salió a sembrar’.
2.      ¿Qué es lo que más nos llama la atención en esta parábola del sembrador?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿En qué sentido nos anima esta parábola con relación al Reino de Dios?
4.      Compromiso: ¿Qué vamos a hacer como sembradores del Reino?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Alguien repite la 1ª frase de la parábola: “El sembrador salió a sembrar”.
Seguimos cada uno/a revisando en silencio el resto de la parábola.
-         Alguien lee las siguientes peticiones de perdón, a las que contestamos: ‘Perdón, Señor, perdón’.
Estás cerca, Señor; estás siempre con nosotros: nos estás esperando y no te hacemos caso: Perdón, Señor, por nuestras falta de atención. Perdón, S…
Señor, caminas junto a nosotros, respetas nuestra libertad, sostienes nuestras vidas  no nos enteramos.: Perdón, Señor, por nuestra falta de apertura. Perdón, S…
Señor, nos ayudas a reconocernos como hermanos tuyos, nos animas a entrar en tu reino  no te hacemos caso: Perdón, Señor, por nuestra falta de acogida. Perdón, S…
Señor, nos amas con ternura, quieres lo mejor para nosotros, nos ofreces tu presencia y no te lo agradecemos: Perdón, Señor, por nuestra ingratitud. Perdón, S…
Por nuestras dudas y vacilaciones, por nuestra búsqueda de seguridad, por nuestro olvido de ti: Perdón, Señor, por nuestra falta de fe. Perdón, S…
-         Escuchemos en silencio esta oración para, luego, hacer alguna petición.
Cuando mi pecado me desaliente, Señor, ayúdame a creer,
porque tú nunca dejes de sembrar en el barro de mi mediocridad.
Cuando el sufrimiento me deja sin fuerza, Señor, ayúdame a creer,
porque tú estás sembrando en mí una secreta fecundidad.
Cuando la muerte cercana me dé miedo, Señor, ayúdame a creer,
porque el grano que muere es semilla de una espiga dorada.
Cuando la desgracia de los oprimidos me entristezca, Señor, ayúdame a creer,
porque nuestro amor solidario es semilla de justicia y libertad.
Cuando veas a tus seguidores infieles a nuestra común misión, Señor, ayúdame a creer,
porque tú siembras en el corazón de nuestras contradicciones.
Peticiones individuales
-         Repetimos frase por frase
Espíritu de Jesús, tú siempre nos visitas,/
Tú siempre nos revistes de tu paz./
Cuando dejamos que permanezcas en nosotros,/
la alegría que brota de tu Evangelio/
nos aporta un aliento de vida./

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


  parte :  “ SEAN  COMPASIVOS  COMO  SU  PADRE ”.

Tema 28: “Haz tú lo mismo” (Lucas 10,19-37).
Tema 29: “A mí me lo hicieron” (Mateo 25,31-46).


 Tema  28 :  “ VETE  Y  HAZ    LO  MISMO.

Motivación inicial
               Hemos escuchado las llamadas de Jesús a entrar en el reino de Dios. Pero, ¿qué es lo primero para comenzar a colaborar en este proyecto del Padre de hacer un mundo nuevo, más humano y justo para todos? La respuesta de Jesús es clara. “Sean compasivos como su Padre es compasivo”. El samaritano de la parábola es el modelo de esta actuación compasiva. Busquemos sacar provecho de estas reflexiones nuestras.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿He visto en estos días gestos o actitudes de compasión?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 10,29-37: “Vete y haz tú lo mismo”.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        La pregunta del maestro de la ley. ¿Qué busca el maestro de la ley cuando pregunta a Jesús ‘quién es mi prójimo’? ¿Me he hecho alguna vez esta misma pregunta?
-        El herido de la cuneta. En el extenso camino de la vida, ¿qué personas heridas, asaltadas, golpeadas, abandonadas a su suerte… he visto?
-        El sacerdote y el levita. ¿Cómo se describe los comportamientos del sacerdote y del levita al encontrar el herido? ¿Por qué su entrega al servicio de Dios y del templo no les lleva a ayudar al herido?
-        El samaritano. Los samaritanos eran apartados de la religión judía por no haber cumplido cabalmente la ley de Moisés. ¿Qué más sé de los samaritanos excluidos del pueblo de Dios por parte de los judíos de Jerusalén? ¿Cuáles son las 3 actitudes del samaritano al encontrar el herido? ¿Siguen hoy pueblos o etnias discriminadas? ¿Por qué motivos se los discrimina?
-        Jesús, buen samaritano. ¿También llamo a Jesús así? ¿Por qué motivos? ¿Cómo resumiría las actitudes de Jesús con la gente atropellada?
-        “Vete y haz tú lo mismo”. Estas son las últimas palabras de Jesús al maestro de la ley: ¿qué mensaje deja Jesús al maestro de
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “ACTUAR COMO EL SAMARITANO.

               Jesús experimenta el misterio de Dios como compasión. Dios tiene entrañas de madre. La compasión es el modo de ser de Dios, su primera reacción ante el sufrimiento de sus criaturas, su manera de mirar al mundo  tratar a las personas. Dios actúa movido por su compasión. Las parábolas más conmovedoras son las que narró Jesús para hacer intuir a todos la compasión de Dios hacia sus hijos e hijas (temas 12, 14 y 15). Movido por esta experiencia, Jesús va introducir en la historia humana un nuevo principio de actuación: la fuerza que ha de impulsar el crecimiento del reino de Dios en el mundo ha de ser la compasión del Padre. “Sean compasivos como su Padre es compasivo” (Lucas 6,36.
               El pueblo judío tenía otro principio para orientar su conducta. La fórmula es del libro del Levítico: “Sean santo porque yo, el Señor su Dios, soy santo” (Levítico 19,2). Todos han de imitar la santidad del Dios del templo: un Dios que ama a su pueblo, pero que rechaza a los extranjeros; que bendice a los que cumple la ley, pero que maldice a los pecadores; que acoge a los puros, pero aparta a los impuros. Jesús lo captó enseguida. Esta imitación de Dios santo no responde a su experiencia de un Dios acogedor  y compasivo con todos. Es la compasión de Dios y no la “santidad” la que ha de inspirar a los que acogen el proyecto del Padre. Jesús no niega “la santidad” de Dios, pero lo que califica esa santidad no es el rechazo a los paganos, la maldición a los pecadores o la separación de los impuros. Dios es grande y santo no porque rechaza, maldice o separa, sino porque ama a todos sin excluir a nadie de su compasión.
               La parábola del buen samaritano nos permite entender en qué consiste ser compasivo como el Padre. Según Luca, Jesús narra esta parábola para responder a una pregunta que le hace un maestro de la ley para no salir mal parado de una conversación que mantiene con él: “¿Quién es mi prójimo?”. Esta es la pregunta de aquel que sólo se preocupa de cumplir la ley para heredar de la vida eterna y lograr su salvación. Al maestro de la ley le interesa saber a quién tiene la obligación de amar y a quién puede excluir de su amor. No piensa en el sufrimiento de la gente. No conoce la compasión hacia los que sufren.
               Jesús que vive aliviando el sufrimiento de los que encuentra en su camino, rompiendo si hace falta la le del sábado o las normas de pureza, le responde con un relato en el que expone de forma gráfica como actúa quien vive movido por la compasión del Padre.
               En el camino que baja de Jerusalén a Jericó, un hombre ha caído en manos de unos salteadores. Asaltado y despojado de todo, queda en la cuneta, medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es. Sólo que es “un hombre”. Podría ser cualquier de nosotros. Cualquier ser humano abatido por la violencia, la desgracia o el abandonado.
               Afortunadamente, por el camino llegan primero un sacerdote y luego un levita. Viven al servicio del Dios Santo del templo. Sin duda se apiadarán de él. Sin embargo no es así. Al ver al herido los dos cierran sus ojos y su corazón. Pero ellos es como su aquel hombre “medio muerto” no existiera: “Ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo”. Su falta de compasión no es sólo una reacción personal, pues los dos hacen lo mismo. El relato sugiere que es la tentación que acecha a quienes se dedican a lo sagrado: vivir lejos del mundo real, donde la gente trabaja, lucha y sufre. Probablemente siguen su camino ocupados a ser santos cumpliendo la ley. En su horizonte no están los que sufren en las cunetas de los caminos. ¿Estaremos también nosotros dando rodeos para no encontrarnos con los que sufren?
               A lo lejos aparece un tercer viajero. No es sacerdote ni levita. No viene del templo, ni siquiera pertenece al pueblo elegido. Para los oyentes de la parábola es un despreciable “samaritano”. El herido se puede esperar de él lo peor. Sin embargo su actuación sorprende a todos. El relato la describe con todo detalle: “Al llegar junto a él, lo vio, se conmovió y se acercó”. Esta es siempre la reacción de quien vive conmovido por la compasión. Luego hace por el herido todo lo que está en sus manos: desinfecta sus heridas con vina, las cura con aceite y lo lleva hasta una posada. Allí lo cuida personalmente y procura que lo sigan atendiendo. Él pagará los gastos. Esta actuación del samaritano nos revela la dinámica de la verdadera compasión.
-        La mirada compasiva. El samaritano sabe mirar al herido con compasión. Es lo primero. La compasión no brota de la atención a la le o al respeto de los derechos humanos, Se despierta en nosotros desde la mirada atenta y responsable al que sufre. Esta mirada nos libera del egoísmo y de la indiferencia. Los evangelios recuerdan con frecuencia la mirada compasiva de Jesús (léase Lucas 7,13; Mateo 9, 36 y 14,14).
-        El acercamiento. La mirada compasiva lleva al acercarnos al que sufre. El samaritano “se acercó” al herido, se aproximó, se hizo prójimo de él. El maestro de la le había preguntado a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?”. El samaritano no se pregunta si aquel desconocido que está medio muerto en la cuneta es su prójimo o no. Sabe que es un ser humano que lo necesita cerca. No necesitamos saber más. Quien mira a las personas con compasión no se pregunta ‘quién es mi prójimo’, a quien debo amar. Se pregunta quién es necesitado de que yo me acerque y me haga el prójimo, cualquier sea su raza, su origen, su religión o su ideología.
-        El comportamiento de los gestos. El samaritano no se siente obligado a cumplir un determinado código legal. Sencillamente responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos orientados a aliviar el sufrimiento y restaurar su vida.
Jesús pasó su vida entera sembrando gestos de bondad. No tiene poder político ni religioso. No puede resolver las injusticias que se cometen en Galilea, pero vive inventando gestos de bondad orientados a cambiar aquella sociedad. Abraza a los niños de la calle porque no quiere que los seres más frágiles vivan como huérfanos; bendice a los enfermos porque no quiere que se sientan rechazados por un Dios ante el que se sienten culpables, toca la piel de los leprosos porque quiere que nadie los excluya de la convivencia; cura rompiendo el sábado para que todos sepan que ni la ley más sagrada está por encima de los que sufren.
Estos gestos de Jesús no son convencionales. Le nacen de su voluntad de hace un mundo más amable y solidario en el que las personas se ayuden y cuiden mutuamente: el mundo querido por el Padre, Sus gestos están orientados a afirmar la vida y la dignidad de todos los seres humanos.
-        “Vete y haz tú lo mismo”. La parábola concluye con esta pregunta de Jesús: “¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo de que cayó en manos de los salteadores?”. El maestro de la le respondió: “El que tuvo compasión con él”. Jesús le dice: “Vete y haz tú lo mismo”. Ahora sabemos lo que hemos de hacer: no dar “rodeos” ante nadie que esté sufriendo, abrir los ojos, mirar atentamente a los que sufren, acercarnos a las cunetas de los caminos, levantar los heridos, vivir curando a los que sufren.
La compasión no es sólo un sentimiento del corazón. No consiste en hacer de vez en cuando una “obra de misericordia”. Según Jesús, la compasión es el principio de acción que ha de inspirar e impulsar nuestro trabajo para extender el reino de Dios: “Sean compasivos como su Padre es compasivo”.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      Compartamos gestos y actitudes de compasión que hemos presenciado recientemente.

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 10,29-37: “Vete y haz tú lo mismo”.
2.      ¿Por qué calificamos al samaritano de la parábola de “bueno”?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Qué mensaje sacamos de esta parábola para nosotros?
4.      Compromiso: ¿Cuándo vamos a ser ‘buenos samaritanos’ nosotros y nosotras?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Retomamos la última frase de Jesús al maestro de la ley: “Vete y haz tú lo mismo” y hacemos un momento de silencio.
-         Meditamos la siguiente oración y terminamos haciendo alguna petición.
Señor, tú eres el buen samaritano, porque has sido el primero en hacerte el mejor prójimo del ser humano.
Tú te acercas siempre que nos ves caídos o heridos en el camino de la vida.
Cuando yo me pregunto ‘quién es mi prójimo’,
Tú me cambias con paciencia la pregunta y me dices: ‘¿De quién te vas a hacer el prójimo?’.
Tú nos descubres el cambio que necesitamos:
Salir de nuestro egoísmo, romper nuestro estrecho círculo de bienestar,
Ponernos cada mañana los ojos bien abiertos para ir al encuentro de quién tú nos pones en el camino.
La vecina viuda y sin recursos, el desempleado que turba mi paz,
El extranjero con quien no quiero hablar…
¡Dame, Seño, danos un corazón compasivo como el tuyo!
Hacemos alguna petición…
-        Alguien lee la siguiente oración que repetimos paso a paso:
Señor, esta es nuestra hora; Señor, esta es tu hora./
No es la hora del miedo y de la soledad,/
No es el tiempo de la dispersión,/
No es el momento de hacer camino en solitario,/
No son los días de desesperar./
Señor, esta es nuestra hora; Señor, esta es tu hora./
Es la hora de la comunión y el tiempo de la verdad,/
Es la hora de la compasión y de la misericordia./
Es la hora de quienes tienen oídos para oír,/
Es la hora de quienes tienen corazón de carne y no de piedra./
Señor, esta es nuestra hora; Señor, esta es tu hora./
Es ahora cuando podemos dar la mano,/
Es ahora cuando los profetas han de gritar,/
Es ahora cuando nuestra fuerza es la esperanza,/
Es la hora de quienes creen y confían,/
Es el tiempo de hacer nuevas todas las cosas,/
Porque, Señor, esta es nuestra hora, esta es, Señor, tu hora./
-        Terminamos escuchando:
Jesús, paz de nuestros corazones,
Tú nos llamas a cada uno a seguirte.
¿A quién iríamos sino a ti?
Tú tienes las palabras que dan vida a nuestro corazón.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  29 :  “ A    ME  LO  HICIERON ”.

Motivación inicial
               En el encuentro anterior hemos escuchado la llamada de Jesús a ser compasivos como el Padre, imitando al samaritano de la parábola. Ahora veremos que esa compasión, que se concreta en ayuda práctica a los más necesitados, es lo decisivo: es el criterio definitivo para entrar en el reino de Dios y recibir la bienvenida del Padre compasivo.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Me he puesto a pensar cuál es criterio ineludible que define una vida según el sueño de Dios?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Mateo 25,31-46: “A mí me lo hicieron”.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Escena grandiosa. El relato del juicio final no es propiamente una parábola, sino una escena grandiosa en la que Cristo preside como rey la asamblea universal de todos los pueblos de la tierra. Trato de imaginar la escena: Jesús de Nazaret, el carpintero que se hizo misionero itinerante y pobre de Galilea, el resucitado torturado y crucificado… que mira a esa muchedumbre…
-        Separación en 2 grupos. Para la ubicación no hay sino 2 alternativas: ¿qué es lo primero que hace Jesús? ¿Quiénes componen cada uno de los grupos que quedan separados? ¿Se da hoy está separación en el planeta, en el país?
-        Doble invitación a los 2 grupos. ¿Qué invitación o despedida dirige Jesús a cada grupo? ¿Cuál es el motivo de un destino tan diferente y opuesto?
-        Necesidades básicas. ¿De qué clases de necesitados se habla en el relato? ¿Siguen existiendo hoy estas clases de necesitados? ¿Hay estos casos reales cerca de donde vivo?
-        Sorpresa de los 2 grupos. ¿Por qué se sorprenden los de cada grupo? ¿Cuál es la respuesta de Jesús a cada uno? ¿Sé ver hoy a Jesús identificado con los necesitados?
-        Lo decisivo. ¿Qué es lo decisivo para entrar en el reino definitivo de Dios? Parece que no tienen importancia las religiones y las prácticas religiosas: ¿qué digo al respecto? En definitiva, ¿para qué vino Jesús? ¿Cómo armonizar la compasión solidaria con la vivencia religiosa?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “LO DECISIVO ES LA AYUDA AL NECESITADO.

               En el evangelio de Mateo encontramos un relato impresionante que tradicionalmente se suele presentar como “parábola del juicio final”. Sin embargo, no es propiamente una parábola, sino una escena grandiosa donde se afirma que el criterio definitivo que decidirá la suerte final de todos es la ayuda práctica a los necesitados.
               Sin ninguna introducción previa se nos dice que el Hijo del Hombre (Cristo resucitado) llegará como un rey, acompañado por un cortejo de ángeles, y se sentará de manera solemne “en el trono de su gloria”. Ante él se reúnen “todos los pueblos”. Allí están hombres y mujeres de todas las razas y pueblos, de todas las culturas  religiones, generaciones de todos los tiempos. Es la hora de la verdad. La humanidad entera va a escuchar el veredicto final.
               El rey comenzará por separar esta muchedumbre en 2 grupos, como hacen los pastores con su rebaño al atardecer: las ovejas a un lado, para dejarlas al fresco durante la noche, pues así les va mejor; los cabritos del otro lado, para cobijarlos al interior, porque el frío de la noche no les hace bien.
               El relato no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio (acusaciones, defensa, sentencia…). Lo que se destaca es un doble diálogo que arroja una luz grande sobre nuestro modo de vivir, pues nos hace ver que, en definitiva, hay 2 maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desentendemos y los abandonamos.
               Al primer grupo, el rey los invita a acercarse: “Vengan, benditos de mi Padre”; son hombres y mujeres que reciben la bendición de Dios para heredar el reino “preparado para ellos desde el comienzo del mundo”. Al segundo grupo, les invita a apartarse: son los que se quedan sin la bendición de Dios y sin el reino. Cada grupo se dirige al lugar que ha escogido con su vida: los que han vivido movidos por la compasión y han ayudado a los necesitados terminan en el reino del amor y de la misericordia de Dios; los que han excluidos de su vida a los necesitados se autoexcluyen del reino de Dios, donde reina el amor. El criterio para separar a los 2 grupos es preciso y claro. Los del primer grupo han reaccionado con compasión ante los necesitados y les han ofrecido su ayuda. Los del otro grupo han vivido indiferentes a su sufrimiento y no les han ofrecido ayuda alguna.
               El rey les habla a los 2 grupos de 6 situaciones de necesidades básicas y fundamentales. No son casos irreales, sino necesidades que todos conocemos, y que se dan en todos los pueblos y en todos los tiempos. En todas partes hay hambrientos y sedientos; hay inmigrantes y desnudos; hay enfermos y encarcelados.
               No se pronuncian grandes palabras como “justicia”, “solidaridad”, “respeto a los derechos humanos”… Están todas de sobra si no hay ayuda real a los que sufren. Aquí se habla de comida, algo de beber, ropa, un techo bajo el que cobijarse. Tampoco se habla de amor que puede resultar un lenguaje demasiado abstracto. Se habla de cosas tan concretas como dar de comer y de beber, vestir, acoger, visitar. Lo decisivo no es el sentimiento del amor, sino la compasión que se traduce en ayuda práctica.
               Lo sorprendente es como les habla el rey a los 2 grupos. Al primero le dice así: “Tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; era extranjero y me acogieron; estaba desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; encarcelado y vinieron a verme”. El grupo naturalmente expresa su asombro: nunca han visto a l rey en esas gentes hambrientas y sedientas; nunca lo han visto en los extranjeros o en los desnudos; tampoco en los enfermos y los encarcelados. Pero el rey se reafirma en lo dicho: “Les aseguro que cuando lo hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”.
               Lo mismo sucede con el segundo grupo. El rey les dice: “Tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; fui extranjero y no me acogieron; estuve desnudo y no me vistieron: enfermo y en la cárcel y no me visitaron”. También este grupo manifiesta su extrañez: ni se les ha pasado por la cabeza que podían estar desatiendo a su re. Pero este se reafirma en lo dicho: él está presente en el sufrimiento de estos “hermanos pequeños”: “Les aseguro que, cuando dejaron de hacerlo a uno de estos pequeños, también a mí me lo dejaron de hacer”.
               Este lenguaje que emplea el rey no es un recurso literario. Es totalmente coherente con lo que sabemos de Jesús. Las fuentes evangélicas no admiten dudas. Jesús vivió volcado en aquellos que veía necesitados de ayuda. Era incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le era ajeno. Se identificaba con los más pequeños y desvalidos, y hacía por ellos todo lo que podía.
               Los que son declarados “benditos del Padre” no han actuado por motivos religiosos, sino por compasión. No es su religión ni su adhesión explícita a Jesús lo que los conduce al reino de Dios, sino su ayuda concreta a los necesitados. El camino que conduce a Dios no pasa necesariamente por la religión, el culto o la confesión de fe, sino por la compasión activa y solidaria hacia los “hermanos pequeños” de Jesús. Lo decisivo en la vida no es lo que confesamos. El reino de Dios es y será siempre de los que aman al pobre que sufre y le ayudan en su necesidad. Esto es lo decisivo.
               Algunos autores llegan a decir que este relato significa una “revolución religiosa” sin precedentes, pues Jesús abre una vía de acceso al Padre distinta de lo sagrado: la ayuda al hermano necesitado. Por esa vía caminan muchos hombres y mujeres que no conocen o no confiesan fe alguna en Jesús.
               Esto no significa que la religión o la adhesión creyente a Jesucristo queden anuladas. Al contrario, quedan interiormente orientadas hacia el amor y la compasión activa y solidaria. La religión verdadera siempre conduce al amor. El seguimiento fiel a Jesucristo siempre arrastra a ser compasivos como el Padre es compasivo.
               El relato de Jesús habla del veredicto final, pero nos arroja mucha luz sobre nuestra vida actual. No hay que esperar el juicio final. Ahora nos estamos acercando o apartando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Cuál es criterio ineludible de una vida según la voluntad de Dios?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Mateo 25,31-46: “A mí me lo hicieron”.
2.      ¿Sobre qué criterios asienta Jesús el juicio final de las personas y de los pueblos?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Cómo aplicamos los criterios de Jesús a nuestra vida personal y colectiva?
4.      Compromiso: ¿Qué vamos a cambiar en nuestro actuar y nuestra fe para estar acordes con el criterio definitiva de Jesús?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Rezamos a partir de la siguiente canción conocida: la cantamos o la meditamos.
Con nosotros está y no lo conocemos. Con nosotros está: su nombre es el Señor.
Su nombre es el Señor y pasa hambre y clama por la boca del hambriento;
Y muchos que lo ven pasan de largo, acaso por llegar temprano al templo.
Su nombre es el Señor y sed soporta y está en quien de justicia está sediento;
Y muchos que lo ven pasan de largo, a veces preocupados en sus rezos.
Con nosotros está…
Su nombre es el Señor y está desnudo; la ausencia del amor hiela sus huesos;
Y muchos que lo ven pasan de largo, seguros al calor de su dinero.
Su nombre es el Señor y enfermo vive y su agonía es la de enfermo;
Y muchos que lo saben no hacen caso, tal vez no frecuentaba mucho el templo.
Con nosotros…
Su nombre es el Señor y está en la cárcel, está en la soledad de cada preso;
Y nadie lo visita y hasta dicen: ‘Tal vez este no era de los nuestros’.
Su nombre es el Señor, el que sed tiene y pide por la boca del hambriento;
Está preso, está enfermo, está desnudo: pero Él nos va a juzgar por todo eso.
Con nosotros…
-        Repetimos despacio la siguiente oración:
Señor, en este mundo insolidario y frío queremos buscarte./
En los barrios periféricos y las zonas marginales queremos encontrarte./
En los que la sociedad esconde y olvida queremos verte./
En los que no cuentan para la cultura dominante queremos descubrirte./
En los que carecen de lo básico y necesario queremos acogerte./
En los que pertenecen al revés de la historia queremos abrazarte./
-        Alguien reza sólo:
Jesús, paz de nuestros corazones en nuestros días y en nuestras noches,
En la horas de plena luz como en las de gran oscuridad,
Tú llamas insistente a nuestra puerta y espera nuestra respuesta solidaria.
-        Hagamos una breve oración espontánea.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


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