ENFRENTAR LA
ORGANIZACIÓN SOCIAL DE NUESTRO PAÍS, Pedro Pierre
Guayaquil, septiembre de 2026.
He aquí el resumen de un taller sobre ‘Fe y Política’ que me dieron
en el año 1977 unos amigos militantes de la Acción Católica Obrera (ACO) de
Venezuela. Este taller duró 5 noches y siguió acompañándome desde 50
años. Era para entender cómo funciona la sociedad afín de poder incidir
en ella a partir de los valores del Reino. Le he puesto el título de “Taller
del Árbol del Reino” o “Taller del Árbol de la Vida”. Me ha ayudado mucho
en entender y llevar adelante el compromiso político de la fe y lo sigo
presentando de vez en cuando.
A continuación, está un resumen de sus 5 temáticas y una conclusión
esperanzadora. He aquí las 6 temáticas para entender y enfrentar la
organización social de nuestro país. ¡Se las recomiendo!
1. Revitalizar el contrato social para aprender a ser más responsables.
2. La economía es nuestra responsabilidad para avanzar hacia una mayor equidad.
3. La política es la organización del convivir para que todos puedan participar en lo que nos pertenece
a todos.
4. La sabiduría habita en todos nosotros para que podamos enriquecernos mutuamente.
5. La espiritualidad es nuestra fuerza invencible; rescatémosla del olvido.
Conclusión: ‘¡Alzad la mirada!’ para redescubrir y
fortalecer la esperanza.
Les deseo una buena lectura y
ánimo para mejorar la situación bastante caótica de nuestro país.
1. REVITALIZAR EL CONTRATO SOCIAL
Todo grupo y toda sociedad necesitan de acuerdos mínimos para poder existir y vivir en armonía. Estos acuerdos contienen los deberes y los derechos que corresponden a las y los participantes. Por eso en una sociedad la vigencia de estos deberes y derechos conforman el “estado de derechos”. Desde 9 años estamos destruyendo este ‘estado de derecho’ tanto por los deberes que no cumplimos como por los derechos que se nos van quitando desde los gobiernos. Hemos entrado en una dictadura por las actitudes irrespetuosas de nuestros derechos por parte del presidente y porque la gran mayoría de los ecuatorianos nos hacemos cómplices de esta situación. El contrato social que nos organizaba está roto. Vamos a ir de mal en peor hasta que reaccionemos como país hasta revalidarlo. Se trata de revitalizarlo para el bien de nuestro país y de nuestras familias mediante la decisión de cumplirlo, defenderlo y emprender una nueva organización familiar y social. Mientras no lo hagamos, vamos a ir de mal en peor.
Para regresar a una convivencia civilizada debemos
confirmar las bases de esta nueva organización social. He aquí un esquema que
nos ayuda a entender cuáles son los criterios mínimos de toda organización
social, que sea la familia, el barrio o la sociedad. Partiremos de una gráfica
que llamamos “el Árbol de la vida”. Los cristianos lo llamamos “el Árbol del
Reino”. Veamos.
El punto de partida, lo llamaremos “la Fuente” o
Dios, es decir esta “Energía” que está al origen de todo y nos mantiene en
existencia. Esta ‘Fuente’ está compuesta de 3 elementos básicos que sustentan y
producen todo lo que existe. Los reconocemos con “vida, amor y comunidad”
porque son los componentes del universo y de cada uno de nosotros los humanos y
de todo lo que existe.
Esta dinámica se transforma en un proyecto de
“armonía” que forma el cosmos del cual participamos todas y todos. Podemos
llamarla “Ecología” global que debemos respetar, lo que va más allá de “no
destruirla”. Se trata de cuidarla y fomentarla de muchas maneras. Todo esto es
la “Espiritualidad” que habita el universo y está viva en todos nosotros y
nosotras.
Esta dinámica se desarrolla en 3 dimensiones: la
naturaleza, la humanidad y la sabiduría. La “Naturaleza” está conformada por el
conjunto de los 4 elementos de nuestro planeta (tierra, aire, agua y fuego) de
los cuales nacen primero los vegetales y los animales. Son los “Bienes” que
necesitamos para vivir y convivir. Esto supone una organización en torno al
repartir para la satisfacción de las necesidades que todos. Esto se llama nada
menos que la “Economía” que se encarga del compartir equitativo. Cuando falla
la ‘economía’ aparece la “acumulación” por parte de pequeños grupos, se
destruye la convivencia armoniosa provocando desigualdades y violencias.
El segundo elemento básico de la armonía global es
la “Humanidad”, o sea, el conjunto de los humanos que nos necesitamos los unos
a los otros para sobrevivir y crecer. Aquí, el proyecto es “cohabitar”, es
decir, controlar el poder bajo sus distintas expresiones para desterrar la
“dominación”, opresión y represión… Esto es el arte de la “Política” en la que
estamos todos implicados. Si nos quedamos indiferentes, colaboramos en la
multiplicación de relaciones destructoras.
El tercero elemento básico de esta armonía global
es la participación consciente a la ‘Energía’ que nos habita y que se
transforma en “Sabiduría”, es decir en el arte de vivir, convivir y
“expresarnos” individual, colectiva y creativamente. De ahí surgen ideas,
proyectos e “ideologías” para organizar la política, la economía y la
espiritualidad. Cuando falla la sabiduría, usamos nuestra capacidad de crear
vida y amor para engañarnos, mentir y distorsionar la verdad.
Hemos descubrimos que tenemos 4 objetivos a
dinamizar: espiritualidad, sabiduría, economía y política. La espiritualidad fomenta el respeto a un
orden cósmico hecho de vida, amor y comunidad que se encarna en sabiduría. Esta
se traduce en un convivir armonioso -la política- en nuestras relaciones
humanas. La política orienta el compartir equitativo -la economía- de los
bienes y servicios que resuelven nuestras necesidades. De esta manera ejercemos
la sabiduría que todos abrigamos, porque todos hemos recibidos sus capacidades
espirituales, políticas y económicas. El desorden viene de la destrucción de la
vida, del amor y de la comunidad mediante la dominación sobre los demás, la
acumulación de bienes, el rechazo a la verdad y el desconocimiento de la espiritualidad
íntima de cada uno.
Todo esto es el sueño del cosmos -nuestro sueño-:
el impulso de la energía primera, la dinámica de la fuente vital que todo lo
mueve… si sabemos a abrirnos a todas nuestras capacidades y posibilidades.
“Vida, amor y comunidad”: ese es el llamado que nos acompaña y fortalece
siempre, porque eso somos cada una y cada uno de nosotros. La Biblia nos lo
describe en sus primeras páginas y nos dice: “Pongo delante de ti la vida y la
muerte… Te invito a elegir la vida” (Deuteronomio 30,15-20)
Animémonos los unos a los otros a hacer poco a
poco realidad el mensaje de este “Árbol de la vida” para nuestro bien
individual y nuestro convivir nacional que tanto lo necesitan. Eso es el
contrato social que necesitamos urgentemente.
2. LA ECONOMÍA ES NUESTRA PRÁCTICA Y RESPONSABILIDAD
Muchas veces pensamos que “la economía” es un
asunto de especialistas, cuando la que mejor maneja la economía es nuestra
mamá, para que la comida alcance a todos. Pues, en su esencia, la economía es
la organización del compartir equitativo, tal como lo logran las amas de casa
afín que la comida alcance para todos. También hacemos ‘economía’ todos los que
nos toca responsabilizarnos de los bienes materiales que nos pertenecen,
pertenecen a nuestra familia o son los bienes comunes a todos los ciudadanos de
un país.
La ‘economía’ abarca la producción y extracción de
bienes, su transformación, su comercio y su repartición… o acumulación. La
economía no es primero el dinero. No hay dinero si no hay producción de bienes
que comprar o vender. Y no hay bienes sino hay trabajadores que los producen.
Las y los trabajadores son los primeros creadores de la economía. Así que la
economía es nuestra práctica primera para poder vivir, comer, construir,
producir bienes que luego son comercializados. Es el comercio que necesita y produce
el dinero.
Los ricos lo entendieron muy bien porque fueron
los que acapararon la tierra, las herramientas, las fábricas, las armas, la
propiedad privada, la tecnología… y ahora la inteligencia artificial para
controlar la producción y almacenamiento de bienes. Conformaron la clase de los
acaparadores de la propiedad y del capital o del conjunto de bienes y
propiedades. Así nacieron los no propietarios que pasaron a ser los
trabajadores explotados, oprimidos, marginados y desposeídos de los frutos de
su trabajo. Luego siguió la explotación de la naturaleza, el saqueo de las
materias primas y la destrucción del medio ambiente. Esas son las primeras
violencias de la economía concebida como acumulación a costa de los
trabajadores.
Por eso el papa Francisco habló de manera
particularmente dura en su Carta encíclica “La Alegría del Evangelio: “Hoy
tenemos que decir ‘no’ a una economía de exclusión e inequidad. Esa economía
mata… ¡No a una economía
de la exclusión! (53-54). ¡No a
la nueva idolatría del dinero! (55-56). ¡No a un dinero que gobierna en vez de servir! (57-58). ¡No a la inequidad
que genera violencia! (59-60)… Hoy todo entra en el juego de la competitividad y de la ley
del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”.
A sus inicios el Pueblo de Jesús hizo una
experiencia positiva de la economía. Después de dejar la esclavitud de Egipto y
emprender la travesía del desierto del Sinaí, experimentó la escasez de
comida. Fue con el “maná’, pequeños
granos o ‘pan del desierto’: “Que cada uno
recoja solo cuanto necesite para comer él y la gente de su tienda… Ni los que
recogieron mucho tenían más, ni los que recogieron poco tenían menos. Cada uno
tenía lo necesario para su consumo” (Éxodo 16,14-21.
Esta experiencia del compartir equitativo fue la ‘regla de oro’ de su
organización económica… En la Biblia, el sabio Sirácides la explicita: “El pan
que mendigan es la vida de los pobres; el que se lo quita es un asesino. Mata a
su próximo el que le quita los medios para sobrevivir; retener el salario de un
trabajador es lo mismo que derramar su sangre” (34,21-22). Y los primeros cristianos también
practicaron esta regla de oro : “Se repartían todo cuanto tenían según la
necesidad de cada uno. No había entre ellos ningún necesitado” (Hechos 2,44 y
4,34).
Las conclusiones son claras: Por una parte,
sí se puede superar las desigualdades entre ricos y pobres y, por otra, tenemos
la misión de sustituir el sistema neoliberal multiplica las riquezas a costa
del empobrecimiento de millones de personas. ¿Quién es pobre y quién es ricos?
Somos pobres cuando compartimos, no explotamos a los demás y actuamos
colectivamente. Somos ricos cuando dejamos de compartir y acumulamos bienes y
riquezas, quitando a otros lo que le corresponde por derecho (tierra, empleo,
fábricas) o por trabajo (los frutos, el dinero). El gran problema actual es que este
acaparamiento está organizado mediante el sistema capitalista neoliberal: Es el
“pecado social” que nos divida, nos opone los unos a los otros y nos
destruye. Es más que necesaria la
sustitución de este perverso sistema neoliberal. Esta comienza cuando, desde la
familia, organizamos el repartir y compartir equitativo entre todos sus
miembros. Luego sentiremos la necesidad de tener en común la tierra, el trabajo,
las herramientas y los frutos del trabajo. En ese sentido nuestros hermanos
indígenas tienen mucho que enseñarnos. Así nos estaremos preparando para
diseñar y construir un país donde tengamos en común ‘pan, techo y empleo’, lo
suficiente para vivir con dignidad.
El presidente de
la Academia Internacional de Líderes Católicos, Mario J. Paredes, acaba de
declarar: “Urge una
nueva generación de laicos. Una generación que no renuncie a transformar la
realidad, armada de la verdad evangélica y de la fuerza de la Doctrina Social
de la Iglesia. Acojamos este cambio de época con la audacia de quien sabe que
cada crisis es un umbral. Caminando juntos, en un genuino espíritu de
sinodalidad, los laicos de hoy estamos llamados a ser los artífices de una
nueva primavera para nuestros pueblos. Seamos audaces y valientes en el
seguimiento de Cristo y de su doctrina para transformar el mundo”.
Que una economía equitativa sea nuestra
práctica y responsabilidad. Dejémonos guiar por las orientaciones del mismo
papa Francisco: Nos invita a dar “prioridad a la vida de todos sobre la
apropiación de los bienes por parte de algunos”. Propone atacar “las causas
estructurales de la inequidad”, renunciar “a la autonomía absoluta de los
mercados y de la especulación financiera”. Reivindica la organización popular,
la lucha social, la militancia comprometida, el ejercicio de la política
orientada hacia la justicia social. Retoma la opción por los pobres e invita a
asumir sus causas. Propone cuidar las semillas esparcidas de la solidaridad,
recogerlas para que se multipliquen al ponerla al servicio de nuestros pueblos.
Para lograrlo, el pastor
Felipe Adolf nos advierte: “Si
quieres ir rápido, ve solo; si quieres ir lejos, vayamos juntos”. Tengamos la audacia de seguir a Cristo y a
cuantos más para cambiar el mundo.
3. LA POLÍTICA ES LA ORGANIZACIÓN DEL CONVIVIR
La política consiste en la
organización armoniosa del convivir nacional en la que todas y todos, por el
mero hecho de existir estamos implicados en ella. Es el arte o la capacidad de
vivir bien juntos, comenzando por la familia, el barrio o el pueblo, la ciudad
y el país. Preguntémonos cómo organizamos o desorganizamos nuestro convivir
cotidiano, porque de él depende la organización y desorganización social local
y mundial.
Ya monseñor Pedro Casaldáliga del Brasil lo había dicho: “Si
yo no me implico en política, no me implico en justicia ni en amor fraternal”.
Y el papa Francisco retomó la frase pronunciada hace 100 años, en 1927
exactamente, por el papa Pío 11°: “La política es la forma más elevada de la
caridad”. Si no participamos dejamos que otros decidan por nosotros y muchas
veces contra nosotros.
Revisemos la organización política de nuestro país
para aportar consciente y activamente nuestra parte afín que ésta responda a
nuestras necesidades y a nuestros derechos. Tanto nos hemos desinteresado de la
política que nos encontramos en un país muy violento, corrupto y desigual al
extremo.
Es cierto que el Estado nacional y sus autoridades
tienen una gran responsabilidad en la política porque son los encargados de
cuidar de nosotros y de nuestros derechos. Pero recordemos que los derechos son
la otra cara de los deberes. Si no cumplimos con nuestros deberes de los unos
con los otros, perdemos nuestros derechos. Por eso en el mundo indígena sus
leyes mayores son 3 deberes: “No mentir, no robar y no ser ocioso”. En el
Pueblo de Jesús de Nazaret habían resumido en ‘los 10 mandamientos’ su
‘Constitución’ o conjunto de leyes: Eran sus principales deberes religiosos y
sociales”. Si nuestro país anda mal, es porque nosotros no andamos bien.
Revisemos brevemente cómo funciona nuestro país
para poder incidir más eficazmente en su organización y su promoción de
nuestros derechos. El Estado es el núcleo nacional de nuestra organización o
desorganización. Se compone de 5 entidades con poderes independientes que velan
por la democracia, es decir la participación de todos en la organización de
todos. Estos 5 poderes son el legislativo, el ejecutivo, el judicial, el
ciudadano y el electoral. El legislativo es el primero poder, su función es
doble: aprobar leyes que nos regulan al nivel nacional y fiscalizar los demás
poderes del Estado; actualmente la Asamblea legislativa tiene 151 asambleístas.
El poder ejecutivo tiene la función de confirmar las leyes votadas en la
Asamblea Nacional para que puedan ejecutarse; el poder ejecutivo tiene varios
ministerios para las distintas áreas de promoción de los bienes comunes; del
poder ejecutivo dependen la policía y el ejército. El poder judicial con las
Cortes constitucional y judicial, los jueces y abogados está encargado de
explicar y hacer cumplir las leyes. El
poder ciudadano está en manos del Consejo Nacional de Transparencia y Control
Social para defender a los ciudadanos y combatir la corrupción. Finalmente está
el poder electoral encargado de organizar y llevar a cabo las elecciones al
nivel nacional.
Toda esta organización está al servicio del bien
común o, mejor dicho, de los bienes comunes a todos y que nos permiten vivir
con dignidad. Nuestras autoridades necesitan de nuestra participación para
cumplir con sus responsabilidades: Hacen lo que les exigimos hacer y lo que les
permitimos hacer mal o no hacer. Por eso debemos comunicarles nuestra realidad,
participar en la elección de nuestras necesidades prioritarias, incidir en la
realización de los proyectos en marcha y colaborar con el control y la fiscalización
de las obras realizadas.
Si la desorganización es grande en nuestro país es
porque somos demasiado indiferentes a lo que sucede y porque no participamos de
la gestión y del desarrollo de nuestro barrio, nuestra ciudad y nuestro país.
La misma gente se está castigando por la falta de organización y de
participación. Eso pasa porque desconocemos nuestros derechos inscritos en la
Constitución, porque dejamos que nuestras autoridades y legisladores decidan lo
que a ellos les conviene, porque creemos ciegamente lo que nos dicen los grandes
medios de comunicación, porque somos corruptos y deshonestos los unos con los
otros…
Cuando el Pueblo de Moisés llegó en Canaán,
llamado luego Palestina, los Jueces o Líderes de aquella época (unos 11 siglos
antes de Jesús) se habían dado unos 7 criterios principales para su
organización social: 1. Si Dios nuestro creador es uno solo, todos somos
iguales y con iguales derechos; 2. la tierra es de Dios para todos, por eso
se reparte equitativamente entre todos y
no se vende ni se compra; 3. la organización es descentralizada con clanes
compuestos de varias familias, con tribus conformadas por varios clanes que
toman decisiones y organizan su defensa solidaria; 4. los 10 mandamientos no
cambian con el paso de nuevos dirigentes; 5. la educación abarca la lectura,
escritura, cultura y convivir; 6. para defenderse de ladrones e invasores, la defensa
es local, temporal y colectiva, entre todos los varones; 7. los sacerdotes, sin
propiedades pero con el diezmo, recuerdan y celebran las maravillas de Dios del
pasado y del presente. Para la elección de sus autoridades en Asamblea
generales, recordaban la experiencia del desierto: “Elige entre los hombres del
pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no
se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de
cien, de cincuenta o de diez” (Éxodo 18,21).
También san Pablo y Jesús nos
advierten: “El origen de todos los males es la codicia del dinero”. (1 Timoteo
6,10). – “Busquen primero el Reino de
Dios y su justicia; lo demás vendrá por añadidura” (Mateo 6,33) - “Donde está
tu tesoro, ahí está tu corazón. Así que no te dediques a amontonar dinero’ (Lucas
12,33). Nos dice el papa León 14: “Desenmascaremos las relaciones injustas de
poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los
desastres medioambientales".
Concluyamos recordando el
dicho: “Un Pueblo desorganizado será castigado”. Organicémonos para construir
el país que nos merecemos… Eso es buena política.
4. LA SABIDURÍA HABITA EN TODOS
La sabiduría es el arte de vivir de manera
armoniosa y feliz tanto a los niveles personal y colectivo como con la
naturaleza, el cosmos y el Misterio que nos envuelve. Es la madre de las
ideologías. Cada uno de nosotros tenemos sabiduría y estamos llamados a
desarrollarla a lo largo de toda nuestra vida; nos enriquecemos los unos a los
otros según nuestras culturas. Felizmente en Ecuador tenemos 3 grandes fuentes
de sabidurías: la cultura popular, la cultura indígena y la cultura
afroecuatoriana.
Estas sabidurías tienen 2 dinamismos fundamentales
y complementarios: la comunidad de fe y la convivencia equitativa. Preguntémonos si caminamos con
estos ‘2 pies’ …
La sabiduría se enraíza primero en la pertenencia
a una comunidad de fe en sentido amplio. La sabiduría crece por la ‘fe en
nosotros mismos’: tenemos capacidades infinitas por participar todos y todas de
la Energía vital que todo lo crea y lo recrea.
Otra dimensión es ‘la fe en los demás’ porque
todos somos iguales, infinitos y creadores. Una tercera dimensión es ‘la fe en
la naturaleza y el cosmos’ que son nuestra matriz primera en continuo
desarrollo y progreso benéfico.
La fuente última de nuestra sabiduría es ‘la fe en
la Energía vital’ que llamamos Dios con sus múltiples nombres, o la Fuente
originaria de todo, o la Creatividad en acción permanente. San Pablo lo decía a
su manera: “Si Dios (Energía, Fuente y Creatividad) está con nosotros, ¿quién
contra nosotros?” ... “Todo lo puedo en Cristo (el hombre total) que me
fortalece” (Romanos 8,31 y Filipenses 4,13). Esta fe múltiple vivida en
comunidad es el primer dinamismo de todo ser humano.
El segundo dinamismo de nuestra sabiduría es
nuestra capacidad de convivir armoniosamente como seres humanos: decidimos
individualmente de nuestras opciones de vida, pero es en comunidad que nos
desenvolvemos adecuadamente. Descubrimos que todos nos necesitamos porque ser
humano es ser hermano. Además, cada uno y entre todos somos una sola unidad con
la naturaleza que nos nutre y nos sana, y con el cosmos que nos abriga a todos.
Finalmente pertenecemos a esta Energía vital que todo lo engloba y lo dinamiza.
Por todo esto tenemos que ser optimistas: Somos,
con todo y con todos, una sola dinámica de vida en proceso de desarrollo
positivo. Lo hemos escuchado alguna vez: “¡Una sola gota de agua cambia el
nivel del mar!” – “¡Todo grito de dolor o de felicidad estremece el planeta!” –
“¡Somos polvo de estrellas, eternos!” – “¡El Reino no se detiene!”… Nuestro
destino es una convivencia armoniosa entre todos y con todo: Eso es el secreto
de la felicidad que no falla; el resto son placeres efímeros y pasajeros. Eso
es lo esencial.
Tienen nuestras sabidurías varias dimensiones:
individual, colectiva, cósmica y espiritual, que nos permiten construirnos
plenamente. Mediante nuestras sabidurías colaboramos, por una parte, a una
economía equitativa donde todos damos según nuestras capacidades y donde todos
recibimos según nuestras necesidades, y, por otra, para una política donde
todos participamos en todos los niveles sociales. Sabemos que la democracia es
participar todos en lo que interesa a todos, y que nadie es una isla.
Para potenciar nuestras sabidurías existen
espacios de los que todos somos parte: la familia, la escuela, la religión, los
medios de comunicación, los partidos políticos, la cultura y ahora la
inteligencia artificial. La familia es la primera experiencia social que nos
marca para toda la vida: Es la escuela de la sabiduría por el testimonio y los
consejos de nuestros padres. La educación escolar es para capacitarnos afín de
enfrentar los desafíos, las dificultades y la maldad que vamos a encontrar. Las
religiones están para humanizarnos plenamente porque lo abarcan todo: lo
individual, lo colectivo, lo socioeconómico y político, y lo espiritual. Los
partidos políticos son las expresiones de las organizaciones populares para
orientar la política y la economía: ponen la política antes que la economía. La
cultura es la herencia de siglos de sabidurías milenarias que nos habitan
consciente e inconscientemente y que debemos compartir para enriquecernos
respetuosa y mutuamente. La inteligencia artificial es el resultado que nuestro
desarrollo tecnológico que debe socializarse y ponerse al servicio del
desarrollo humano integral, la promoción de la naturaleza, la comunión con el
cosmos y la apertura a la dimensión trascendental.
La sabiduría que encontramos en la Biblia integra
las sabidurías de las civilizaciones contemporáneas: la de Mesopotamia (o
Persa), la de Egipto (en África), la de Grecia y la de los Celtas (ahora Europa
central y occidental). Los libros bíblicos de Sabiduría fueron escritos para
resistir, desde las sabidurías de los pobres, la violencia de los imperios
griegos y romanos. Jesús de Nazaret asume estas sabidurías -allí estaría el
sentido de la visita de los magos- para revelar, por una parte, que Dios es cercano,
amigo y liberador con nosotros y, por otra, para proponernos la construcción de
la fraternidad y la justicia universales a partir del protagonismo de los
pobres y de los que tienen el espíritu de los pobres. Llamó Jesús este proyecto
el Reino de Dios, el reinado de la vida, del amor y de la felicidad.
Durante 13 años el papa Francisco se ha dedicado a
volver al mensaje de un Jesús liberador que aporta alternativas novedosas para
sustituir el sistema capitalista perverso y construir desde los pobres
organizados la civilización el amor y la justicia, respetuosa de la naturaleza
y abierta a la trascendencia del cosmos.
Actualmente los pueblos autóctonos del planeta se
rebelan contra los sistemas que quieren seguir colonizándolos y proponen desde
sus sabidurías alternativas de sociedad políticamente más participativas,
económicamente más equitativas, ideológicamente, por una parte, más respetuosas
de las personas, los pueblos y la naturaleza y, por otra, más abierta a la
trascendencia del cosmos que nos unifica y nos cobija.
Terminamos repitiendo las afirmaciones
contundentes del escritor francés Georges Bernanos, fallecido en 1948: “Yo digo que el mundo será salvado por
los pobres, aquellos a quienes la sociedad moderna elimina porque ya no pueden
adaptarse a ella y porque ella es incapaz de asimilarlos, hasta que su
ingeniosa paciencia, tarde o temprano, venza su ferocidad. Yo digo que los
pobres salvarán al mundo: ellos lograrán esta hazaña colosal». ¿Estaremos entre
esta clase de pobres?
5. LA ESPIRITUALIDAD ES NUESTRA FUERZA INVENCIBLE
La dimensión espiritual es parte de nuestra
naturaleza humana: Mora en nuestra personalidad. Es todo lo invisible que nos
habita. Decía el autor de “El Principito”, Antoine de Saint-Exupéry: “Lo
esencial es invisible para los ojos”.
Somos materia y espíritu. Somos ‘materia’ porque
somos de “carne, hueso y sangre”; somos
‘espíritu’ porque la vida, el amor y la belleza son más que nosotros.
¿Nos hemos preguntado cuál es el espíritu que nos anima? ¿Será un espíritu que
aprecia la vida, que se deja mover por la compasión con el que sufre o pasa
necesidad, que gusta de belleza y gratitud, que está abierto a la
trascendencia?
Esta espiritualidad la hemos heredado, a través de
nuestros padres, de la naturaleza y del cosmos. Nuestra característica como
seres humanos es que somos consciente de todo aquello. La espiritualidad es el
corazón de la vida, del amor y de la belleza. Está presente en las culturas y
las civilizaciones y se manifiesta en las religiones con sus signos y símbolos,
sus ritos y sus cultos, sus devociones y creencias. La espiritualidad nos
relaciona con la Energía vital, la Fuente original, el Misterio del universo
que todo lo habita y lo anima.
Las culturas y civilizaciones nacen y renacen de
los progresos humanos que las transforman mediante nuevos conocimientos.
Actualmente las religiones tienen dificultades para expresar las nuevas
culturas del conocimiento y de la comunicación. Se detienen en el pasado en vez
de adaptarse a las novedades culturales actuales. Por eso no hablan a las
nuevas generaciones que se alejan. Estas buscan nuevos caminos y nuevas
expresiones espirituales. Si las religiones pierden pie, espacios e
importancia, la espiritualidad no. Todos, más allá de religiones e ideologías,
nos soñamos humildes, buenos y generadores de vida, de fraternidad, de
justicia, de belleza. A pesar de nuestras limitaciones y maldades tenemos la
nostalgia del Absoluto y un sueño de eternidad inconfesado. A pesar de nuestros
empeños por acomodarnos a la sociedad, soñamos ser auténticos.
Jesús de Nazaret fue un ser humano que logró su
plenitud en sus distintas dimensiones: personal, social y espiritual. Su muerte
no destruyó su testimonio; más bien la muerte lo hizo universal: muriendo
nos ‘encendió’ a todos para tocar lo que nos parece inalcanzable. ¿Cuál era la
espiritualidad de este Jesús? En su bautismo hizo la experiencia del Misterio
universal, de la Energía vital, de la Fuente creadora de todo. Como sus
compatriotas lo llamó Dios, pero lo reconoció como Padre y Madre que cuida de
todo y de todos: en la intimidad le decía “¡Papito Dios!”. En la
‘transfiguración’, se reconoció infinito, compasivo a lo máximo, habitado por
esta Energía indomable.
Al leer al profeta Isaías
descubrió su misión: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para
llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a
los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y
proclamar el año de gracia del
Señor" (Lucas 4,18-21). Por eso decidió Jesús ser pobre con los
pobres para transformarlo todo y hacer la realidad humana y social más conforme
a la Fuerza que la habita. Es lo que llamamos su opción por los pobres. La
opción de Jesús consistió en 3 compromisos. Por una parte, fue opción por la
pobreza digna, es decir una vida sencilla y austera llena de compartir. Por
otra parte, fue opción contra la miseria para hacerla retroceder. En fin, fue
opción de lograrlo identificándose en las causas de los pobres, sus opciones y
sus luchas.
San Pablo lo entendió muy bien: “Ya
lo dijo la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios y haré fracasar la
pericia de los instruidos… Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para
avergonzar a los sabios, y ha tomado lo que es débil en este mundo para
confundir lo que es fuerte. Dios ha elegido lo que es común y despreciado en
este mundo, lo que es nada, para reducir a la nada lo que es” (1 Corintios
1,19-28).
Lo dijo también el papa Francisco
a los Movimientos sociales: “El mundo y la creación entera aguardan con
esperanza a ser liberados de la corrupción (cf. Romanos 8,18-22). Sean factores
de solidaridad y esperanza para todos. ¡No se dejen corromper! … Por favor,
hagan justicia juntos, pero en solidaridad con todos los marginados… La
conciencia de la crisis del trabajo y de la ecología necesita traducirse en
nuevos hábitos y políticas públicas. Para generar tales hábitos y leyes,
necesitamos que instituciones como las de ustedes cultiven virtudes sociales
que faciliten el florecimiento de una nueva solidaridad global, que nos permita
escapar del individualismo y del consumismo, y que nos motiven a cuestionar los
mitos de un progreso material indefinido y de un mercado sin reglas justas” (23 de noviembre de 2017). “Me atrevo
a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en
su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas. Ustedes son
poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores
de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial… El futuro
de la humanidad está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad
de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este
proceso de cambio. ¡No se achiquen! Ustedes son sembradores del cambio” (abril
12 de 2020, Santa Cruz, Bolivia).
La espiritualidad de Jesús se
enraíza en Dios padre y madre, en los pobres organizados y en los que optan por
sus causas y sus luchas. Es la espiritualidad del Buen Samaritano (Lucas
10,25-35) leída en clave colectiva, según el mismo papa Francisco: ‘El viajero asaltado representa, por una
parte, a quiénes están excluidos de la organización social, económica y
política de un país y, por otra, representa a los pueblos, países y continentes
que están asaltados, heridos, saqueados y abandonados’. “La tarea humana
es de todos y la Iglesia ha de colaborar con otros, eso sí, ofreciendo su
palabra con audacia y valentía, pero también con humildad y capacidad de
aprender de los demás” (Carta ‘Alegría del Evangelio’). ¡A caminar!
Aquí
termina la serie de 5 artículos para entender la realidad de nuestro país y
motivarnos a unirnos desde los pobres organizados para detener la destrucción
de nuestro país. Jesús de Nazaret llamó este proyecto y esta lucha ‘el Reino de
Dios’… que no se detiene.
6.
“¡ALZAD LA MIRADA!”
Este fue el gran mensaje del papa
León 14 en su viaje a España: “¡Alzad la mirada!”… es decir: ‘No se limiten a soportar las
dificultades individuales y los problemas locales… La vida no se limita al
horizonte de todos los días’… “¡Alzad la vista!” dijo el papa a los españoles,
a toda Europa y a nosotros también.
En Ecuador estamos agobiados por una dictadura que
no para de creer y que nos obliga a enfrentar en situaciones terribles: la
violencia fomentada desde arriba que sigue campante, la falta programada de
empleo que nos asedia, la perversidad de un gobierno que hace de la persecución
su línea acción, olvidando la salud, la educación, las carreteras, la pobreza
que se torna miseria.
“¡Alzad la
mirada!” nos dice el papa, porque si hay tanta persecución es porque hay muchas
resistencias individuales y colectivas en muchas partes contra un sistema de
gobierno que está al acecho, mientras se prolonga desmesuradamente. Agachemos
apenas la cabeza para seguir caminando contra los vientos contrarios… y
juntémonos, porque así somos más fuertes para cambiar la dirección de los
vientos.
‘Alcemos la mirada’ para no desanimarnos. En todas
partes se está gestando un futuro mejor. Es la ley de la vida, parecida a un
gran parto: ¡Hasta los muertos son fuentes de vida! ¡Pueden matar a las
personas, pero no los sueños ni las utopías! Las personas, los pueblos, la
naturaleza y el cosmos están preñados de un futuro mejor que hay que construir
sin desmayar. Ya hace 2000 años san Pablo lo decía a los romanos: “Algo
entretiene la inquietud del universo, y es la esperanza de que los hijos e
hijas de Dios se muestren como son… Vemos que la creación entera gime y sufre
dolores de parto. Y también nosotros gemimos en nuestro interior mientras
esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo… En todo
eso saldremos triunfadores” (8,19-23). Somos los
hijos de la esperanza del universo y de Dios.
Comencemos
mirando a nuestro alrededor y digámonos que el bien es y será más fuerte que la
maldad. Valoremos los pequeños gestos de la vecina que no se cansa de cuidar de
sus hijos, y los del vecino que limpia la calle y siembra plantas y flores, y a
aquellos que nos saludan y nos sonríen. Miremos a las y los niños que juegan
gritando de alegría. Miremos a los que se unen, se reúnen y se organizan para
compartir, crear conciencia crítica, proponiendo alternativas… Claro, ¡son unas
pocas gotas de agua en un océano agitado y turbulento! Pero, el mar está hecho
de millones de gotas de agua y “¡una sola gota ya cambia su nivel!”
Alcemos la
vista y miremos más allá de nuestras fronteras nacional y continental. Los
estadistas calculan más de 50 conflictos armados en nuestro planeta… y el
genocidio de Palestina que no termina. Al mismo tiempo, preguntémonos cuándo no
ha habido guerras en nuestro mundo. No se respetan los derechos humanos, de los
pueblos, de la naturaleza… Pero, “antes”, ¡ni se hablaba de derechos humanos!
Estamos en un
mundo que quiere ser y vivir mejor a pesar de todos los pesares, porque esto es
nuestro destino, inscrito en nuestro ADN. Una sola vela hace retroceder mucha
oscuridad. Decía Jesús de Nazaret: “¡Ustedes son la luz, la sal y el fermento
del mundo!” Nunca ha habido tantas Organizaciones Internacionales y Mundiales.
Es cierto que muchas funcionan mal o no funcionan. Pero su existir nos dice que
es posible hacer cosas nuevas, construir fraternidad, sembrar justicia, aplacar
algo de la maldad… Nos dice que eso es nuestra tarea y nuestra responsabilidad,
nuestra vocación y nuestra misión. A cada uno nos toca dejar el mundo un poco
mejor.
Hace 25 años,
un 11 de septiembre, la desgracia del derrumbe de las Torres Gemelas en Estados
Unidos marcó el comienzo concreto de que la hegemonía norteamericana no es
intocable. Actualmente Irán demuestra que el poderío militar de Estados Unidos
no es invencible. Trump es un error garrafal de la historia norteamericana. La
muerte de Allende en Chile proclama que el socialismo es posible y mejor que el
capitalismo. El problema no es la perversidad de unos pocos, sino la
indiferencia y pasividad de millones, entre los cuales nos incluimos nosotros
en algún momento.
El
neoliberalismo nos ha ganado la batalla de la organización, de la fraternidad y
de la justicia, pero no ha terminado con las luchas por la vida que siglos tras
siglos triunfan de la muerte, del odio y de la explotación en algún lugar del
planeta. La bondad de algunos nos salva de la perversión de tantos malvados.
Por eso el culto a los héroes y mártires de los pueblos… bien diferente del
culto de los libros de historia que nos cuenta la historia parcializada de los
vencedores.
Alcemos la
mirada y aprendemos a mirar desde el revés de la historia, desde abajo, desde
los pobres, las mujeres, los pueblos indígenas, los movimientos sociales, la
Iglesia de los pobres, la música de los rebeldes. Otra historia se está
escribiendo, proclamando, cantando: es la sabia de una vida nueva, de una
convivencia mejor, de una armonía con la naturaleza, de una comunión con el
cosmos y su Energía vital que nada ni nadie puede detener. Ubiquémonos en este
buen lado de la historia, para aportar nuestro granito de arena, sentir la
esperanza que todo lo anima y celebrar, en chiquito y por pedazos, “la fiesta
que vendrá”, la fiesta que viene.