lunes, 27 de abril de 2020

Guías Temas sobre Jesús 2 Pagola y Pierre


S E G U I R   A   J E S Ú S   (2)
ENTRAR  EN  EL  MOVIMIENTO  DE  JESÚS

Reflexión – Espiritualidad - Compromiso


JESÚS ES COMPAÑERO NUESTRO DE CAMINO.


-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
  etapa :  LA  BUEN  NOTICIA  SOBRE  DIOS.


HEMOS TERMINADO LA 2ª ETAPA
Hasta ahora hemos visto cómo Jesús decidió cómo iba a ser su camino: Impulsado por el Espíritu a ser fiel al Padre, Jesús fue enviado a los pobres para ayudarles a recuperar una vida digna en todas sus dimensiones. Nos ha de llamar la atención que Jesús no vino por asuntos directamente religiosos, sino humanos. Se nos ha aclarado que no vino:
-        Ni para traernos un programa religioso,
-        Ni para darnos definiciones de quién es Dios,
-        Ni para precisarnos reglas de moral,
-        Ni para organizar grandes liturgias…
Más bien nos viene a revelar:
-        ¡Cuánto nos ama Dios y qué espera de nosotros!
-        Cómo hay que vivir el Reino de Dios en esta tierra,
-        A quiénes ir con preferencia,
-        Como ser una comunidad signo y presencia del Reino…
Vamos a profundizar ahora qué nos anuncia Jesús sobre Dios.

BIENVENID@S A ESTA 3ª ETAPA
               Lo primero que vamos a escuchar de los labios de Jesús por los caminos de Galilea es una Buena Noticia sobre Dios. La necesitamos todos. La necesita el mundo. La necesita la Iglesia. Entre tantas noticias malas vamos a conocer la agradable noticia de un Dios bueno, cercano, amigo del ser humano y salvador de nuestras vidas, con nosotras/os.
               Jesús no define quién es Dios sino que, mediante imágenes, nos dice cómo actúa Dios y qué espera de nosotras/os. Vamos a profundizar sobre las parábolas más conmovedoras de Jesús sobre su Padre, las que más trabajó en lo hondo de su corazón. Seguramente también fueron las que más repitió de una y otra manera y las que más impacto provocaron en sus seguidoras y seguidores. Serán las que iremos profundizando en esta 3ª etapa.

  1. El padre bueno (Lucas 15,11-32).
Es la parábola más entrañable de Jesús: ¿quién no la conoce? Se la llama erróneamente “del hijo pródigo’. Dios es este padre naturalmente bueno que ofrece siempre acogida y perdón a todos quienes se lo piden. Esta parábola bien entendida puede transformar de raíz nuestra relación con Dios y nuestra convivencia con los demás.

  1. Dios busca a los perdidos (Lucas 15,1-7).
La mayor alegría de Dios consiste en buscar a los “perdidos” hasta encontrarlos: tanto los que no hallan el camino acertado de su vida como los que lo rechazan. Cuando nos sentimos o estamos perdidos, Dios nos está buscando hasta encontrarnos. Cuando nosotros rechazamos a alguien que catalogamos como indeseable o perdido, Dios lo está buscando con amor y nos busca también a nosotros para que rectifiquemos, porque nadie está perdido definitivamente.

  1. Dios es buenos con todos (Mateo 20,1-15).
La bondad insondable de Dios está por encima de nuestros esquemas y cálculos. No estamos calificados para poner límites ni  cuestionamientos a su bondad. Hemos de dejar a Dios ser bueno con todos… y saber manifestar que él es así. Esto se llama ‘convertirnos’ a Dios.

  1. Dios escucha a los que confían en su misericordia (Lucas 18,9-14ª).
Dios es compasión infinita. Ante él hemos de aprender a vivir, no presentando nuestros méritos, sino invocando su misericordia. Esta es la oración que siempre nos justifica: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador”.

¡Aprendamos a saborear estas parábolas para mejor hacerlas vida en nuestra vida!


 Tema  12 :  EL  PADRE  BUENO.

Motivación inicial
               Vamos ahora a profundizar sobre la parábola más conocida y más cautivadora de Jesús. En ella Jesús nos invita a su experiencia de un Dios sumamente bueno que ofrece siempre su acogida y su perdón a todos y que busca sin cesar a los que están perdidos hasta encontrarlos. Si la interiorizamos bien, esta parábola puede transformar nuestra relación con Dios y nuestras relaciones con los demás.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

  1. Motivación
Me voy evaluando cuánto confío en la misericordia de Dios, en particular conmigo.

  1. Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 14, 11-32: El Padre bueno.

  1. Profundización de la lectura bíblica:
-        Introducción. Conocemos esta parábola como la del “Hijo pródigo”, del hijo perdido, título que no abarca el corazón del mensaje deseado por Jesús. De hecho, ¿quién es el verdadero protagonista de la parábola? ¿Qué títulos le podría poner y por qué?
-        La actuación del hijo menor. ¿Por qué motivos se marcha de la casa el hijo menor? ¿En qué consiste su verdadero error o pecado? ¿Sabría yo actuar con el padre de la parábola con hijos que actuaran como el hijo menor de la parábola?
-        Consecuencias de una vida desordenada. La parábola describe con detalle la vida de humillación y soledad del hijo menor lejos de la casa familiar. ¿Cuáles son los rasgos principales de su nueva situación?
-        Reacción del hijo menor. Un día, este decide regresar a la casa de su padre: ¿cuáles son los distintos pasos que da para lograr regresar donde su padre? ¿Qué me parece lo más importante de este proceso? ¿Será una decisión tan fácil de tomar?
-        Acogida sorprendente del padre. Frente a la llegada de su hijo, ¿cuáles son las varias actuaciones de su padre? ¿Cuál es la actuación que más me llama la atención y por qué? ¿Con qué palabras justifica el padre su actuación? ¿Qué me dicen a mí estas palabras?
-        Rebeldía del hijo mayor. Según mi parecer, ¿por qué motivos rechaza el hijo mayor, por una parte, de participar en la fiesta y, por otra, de hacer caso a su padre: Envidia a su hermano menor, miedo a perder la herencia, desconfianza en el padre…? ¿Qué pienso de un hijo que ‘obedece’ en todo a su padre, pero no sabe ‘amar’ ni a su padre ni a su hermano?
-        Bondad del padre con el hijo mayor. ¿Qué quiere lograr el padre con su hijo mayor? ¿Por qué la decisión del padre en “hacer fiesta” con todos, más allá de los de la casa? ¿Imagino a Dios organizando un banquete con mucha comida, música, baile… con todos sus hijos e hijas por el único motivo de que los ‘perdidos’ han vuelto a ‘encontrarse’ con él y con todos? ¿Cómo me siento incluido dentro de esta fiesta desde ya?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “DIOS OFRECE SIEMPRE SU PERDÓN”.

               Algunos la siguen llamando “parábola del hijo pródigo” o derrochador, pero el verdadero protagonista del relato es el padre bueno que tiene problemas para mantener unida a su familia. Unas veces porque el hijo menor se marcha de casa para vivir su aventura; otras porque el hijo mayor no quiere recibirlo cuando vuelve. ¿Será esta la tragedia de la humanidad? ¿Será Dios el misterio de un padre que busca con amor construir una familia humana feliz?
               Jesús conocía bien los conflictos que se vivían en las familias de Galilea: discusiones entre padres e hijos, deseos de independencia de algunos, rivalidades entre hermanos por los derechos de herencia. Cuando Jesús comienza su relato todos saben de qué está hablando.
               “Un padre tenía 2 hijos…”. El conflicto surge cuando el hijo más joven plantea una exigencia insólita: “Dame la parte de la herencia que me corresponde”. El padre no dice nada, respeta la sinrazón de su hijo y les reparte los bienes. Los campesinos que los oyen tuvieron que quedar desconcertados: ¿qué clase de padre es este que no impone su autoridad? ¿Cómo puede consentir la desvergüenza de un hijo que le pide repartir su herencia antes de morirse? ¿Cómo un padre puede perder así su dignidad?
               Repartida la herencia, el joven se desentiende de su padre, abandona a su hermano y se marcha a “un país lejano”. Pronto una vida desquiciada lo lleva a la destrucción. Sin recursos para defenderse de un hambre severa, solo en un medio de un país extraño, sin familia ni protección alguna, termina como esclavo de un pagana cuidando cerdos. Su degradación no puede ser mayor: sin libertad ni dignidad alguna, llevando una vida infrahumana en medio animales impuros, sin poder alimentarse ni siquiera de las algarrobas que comen los puercos que cuida.
               Al verse en una situación tan desesperada, el joven reacciona. Recuerda a la casa de su padre donde abunda el pan: aquel es su hogar. No puede seguir por más tiempo lejos de su padre. Su decisión es firme: “volveré a casa de mi padre”. Reconocerá su pecado. Ha perdido todos sus derechos de hijo, pero tal vez consiga ser contratado como jornalero.
               La acogida del padre es insólita. Jesús la describe con rasgos inolvidables. Aquel padre que lo había visto marcharse de casa con tristeza, nunca lo ha olvidado. El hijo podrá volver a casa en cualquier momento sin temor alguno. Cuando un día lo ve acercarse hambriento y humillado, al padre se le conmueven las entrañas, “sintió compasión por él, perdió el control y corrió al encuentro de su hijo.
               La escena es increíble. Jesús la recreó sin duda más de una vez n su corazón desde la experiencia de la bondad de Dios. El padre le abraza con ternura sin dejar que se eche a sus pies; le besa efusivamente sin temor a su estado de impureza. Este padre no actúa como el patrón y patriarca de una familia de Galilea: esos abrazos y besos entrañables delante de todo el pueblo son los gestos de una madre. Interrumpe la confesión de su hijo para ahorrarle más humillaciones. Ya ha sufrido bastante. No necesita más explicaciones para acogerlo como hijo.
               No le impone castigo alguno. No le exige un ritual de purificación. No le parece sentir ni siquiera la necesidad de manifestarle con palabras su perdón. No hace falta. Nunca ha dejado de amarlo. Siempre ha buscado su felicidad. El mismo se preocupa ahora que su hijo se sienta bien. Le regala el anillo de hijo, el mejor vestido de la casa y las sandalias de hombre libre. Matarán al novillo cebado. Habrá un banquete para todo el pueblo, y música y baile en la plaza. El hijo ha de conocer junto al padre la fiesta buena de la vida, no la diversión falsa que buscaba entre prostitutas paganas. A padre se le ve feliz. Todo está más que justificado, porque “este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado”. Por fin podrán vivir en familia de manera digna y dichosa.
               Desgraciadamente falta el hijo mayor. Llega del campo al atardecer. Un día más ha cumplido su trabajo. Al oír “la música y el baile” queda desconcertado. No entiende nada. La vuelta del hermano no le produce alegría como a su padre, sino rabia. Irritado se queda fuera, sin entrar en la fiesta. El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha salido al encuentro del hijo llegado de lejos. No le grita ni le da órdenes. Al contrario, de nuevo como una madre le suplica una y otra vez que entre a disfrutar de la fiesta.
               Es entonces cuando el hijo mayor explota y deja al descubierto su ira. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre como un esclavo, pro no ha sabido disfrutar de su amor como un hijo. Tal vida su vida de trabajo sacrificado ha endurecido aún más su corazón. Nunca se ha marchado de casa, pero nunca ha vivido en familia; si su padre le hubiera dado un cabrito, habría organizado una fiesta, no con él, sino con sus amigos. Ahora no sabe sino humillar a su padre tachándole de ingrato y poco generoso (“no me has dado ni siquiera un cabrito”) y denigrar a su hermano denunciando su vida libertina (“ha malgastado tu patrimonio con prostitutas”). Este hijo sabe “obedecer órdenes”, pero no sabe “amar”. No entiende el amor de su padre hacia aquel miserable. Él no acoge ni perdona.
               El padre le habla con ternura especial. Desde su corazón de padre él ve las cosas de manera diferente. Aquel desgraciado que ha llegado de lejos no es un depravado sino “tu hermano”, un hijo “que estaba muerto y que ha vuelto a vivir”. Y él mismo, que no quiere entrar en la fiesta, no es un esclavo, sino un hijo querido que puede vivir junto a su padre, disfrutando y compartiendo todo con él. El deseo más hondo de su corazón de padre es ver a sus hijos sentados en la misma mesa compartiendo amistosamente un banquete festivo.
               Jesús interrumpe aquí su relato. ¿Qué sintieron los que escucharon por vez primera este relato? Ciertamente no era esto lo que escuchaban en el templo ni en las sinagogas. ¿Es posible que Dios sea así? ¿Como un padre que no se guarda sus bienes para sí mismo, que respeta totalmente el comportamiento de sus hijos, que no anda obsesionado por su moralidad, que sólo busca para ellos una vida digna, fraterna y feliz? ¿Será esta la mejor metáfora de Dios: un padre acogiendo con los brazos abiertos a los que andan “perdidos” y suplicando a quienes lo escuchan que se acojan mutuamente como hermanos? ¿Será esto el “reino de Dios”? ¿Un padre que quiere conducir la historia humana hacia una fiesta final donde se celebra la vida, el perdón y la liberación definitiva de todo lo que esclaviza y degrada al ser humano?
               Jesús habla de un banquete abundante para todos, habla de música y de baile, de hijos perdidos que desatan la ternura de su padre y de hijos llamados a acogerse. ¿Será esta la Buena Noticia de Dios? ¿Qué sintieron los padres que habían cerrado para siempre las puertas a sus hijos escapados de casa para vivir su propia aventura? ¿Qué experimentaron los que llevaban años lejos de Dios, al margen de la Alianza? ¿En qué pensaron los que vivían cumpliendo fielmente los mandatos de la ley, pero despreciando a pecadores, recaudadores, prostitutas, e indeseables? ¿Y qué sentimos nosotros, seguidores de Jesús, que estamos escuchando esta parábola salida de su corazón?
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO


ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
  1. ¿Cómo evaluamos nuestra confianza en la misericordia de Dios, en particular nosotras/os mismos?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 14, 11-32: El Padre bueno.
  1. ¿Por qué se llama aquí esta parábola como la del “Padre buenos” y no la del ‘Hijo pródigo’?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
  1. Conversión personal: ¿En qué aspectos me impacta más está parábola del padre bueno?
  2. Compromiso: ¿Qué tengo que cambiar para adecuarme mejor a la actitud de este padre bueno?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Alguien dice:
Escuchemos nuevamente el relato de la decisión del hijo menor de regresar a casa de su padreen los versículos 17-20. Recordemos en silencio los momentos en que nos hemos alejado de Dios. Repitamos entre todos: “Volveré dónde mi padre y le diré: ‘He pecado contra Dios y contra ti’”.
Luego escuchamos el relato de la acogida del padre con su hijo menor: vv. 20b-24. Recordemos en silencio los momentos en que hemos sentido la acogida y el perdón de Dios.
Digamos entre todos:
“Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida;/
estaba perdido y lo hemos encontrado”/.
-        Alguien lee la siguiente oración: Repetiremos luego alguna parte que nos ha llamado la atención.
Dios mío, a veces pienso que todo cambiaría en mi vida si te sintiera como mi mejor amigo.
En el fondo mío estoy seguro de que eres más humano,
Más comprensivo y más bueno que todo lo que me han dicho.
¡Qué alegría si no tuviera esta especie de miedo que me distancia de ti!
Padre bueno, graba bien en mi corazón que tú sientes sólo amor hacia mí.
Que no se me olvide nunca que me aceptes tal como soy,
Que perdonas mis pecados y que me quieres aun cuando no cambio.
¡Qué suerte que seas así!
A veces pienso que mi gran pecado es no terminar de creer en ti y en tu amor.
¿Por qué no confío más en tu bondad y en tu fuerza salvadora?
¿Dónde podría yo refugiarme con mis debilidades y cobardías, sino en ti?
Dios de los débiles y los pequeños, nadie puede entenderme mejor que tú.

  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  13 :  DIOS  BUSCA  A  LOS  ‘PERDIDOS’.

Motivación inicial
               Todos estamos envueltos en la vida y el amor de Dios: él cuida de cada una y cada uno de nosotras y nosotros. Su mayor alegría consiste en buscar hasta encontrar a quienes viven “perdidos” sin poder dar con el camino acertado. En la parábola Jesús nos quiere hacer entender que, cuando estamos perdidos, Dios está más cerca que nunca de nosotros. Y cuando nosotros damos a alguien por ‘perdido’ Dios lo está buscando más que nadie, hasta encontrarlo…


1ª parte: PROFUNDIZACIÓN PERSONAL.

A. UBICARME
Decirse cómo se siente al comenzar esta reunión.

B. ME DEJO INTERPELAR POR JESÚS
  1. Lectura de la Palabra de Dios. Lucas 1,1-7: Alegría por la oveja encontrada.
  2. Acercamiento al texto de hoy y aplicación a mi persona
-        Los que se acercan a oír a Jesús. La ley lo definía todo: quién era justo delante de Dios y quién era pecador, con mucha discriminación para los pobres. ¿Quiénes mayoritariamente se acercaban a Jesús? Según mi parecer, ¿por qué se acercaban los ‘pecadores’ y los ‘indeseables’ a escuchar a Jesús?
-        Los que murmuran contra Jesús… son los fariseos y maestros de la ley que interpretaban las leyes según sus intereses. ¿Por qué les molesta la actuación de Jesús? Y yo, ¿me siento en confianza con Jesús?
-        La parábola… que llamamos de “la oveja perdida”. ¿Corresponde este título al mensaje de la parábola? ¿Qué título le podría poner? ¿He sentido esta cercanía de Dios conmigo? ¿En qué circunstancias?
-        La pregunta inicial de Jesús. ¿A quién se dirige Jesús? ¿Por qué motivos será? Con esta parábola, ¿siento que Jesús se dirige también a mí?
-        Las actuaciones del pastor. Reviso como actúa el pastor con la oveja perdida. ¿Qué me parece el comportamiento del pastor de la parábola tal como lo presenta Jesús? Generalmente damos poca importancia a los que se pierden… ¿Qué significado saco de estas actuaciones del pastor?
-        Conclusión: la alegría compartida y celebrada. ¿Responde esta conclusión de Jesús a las críticas de los fariseos y maestros de la ley? ¿Qué me enseña a mí esta parábola?
Puedo hace un momento de oración.

C. LEO EL COMENTARIO: “Dios busca a los perdidos”.
               Jesús no sólo habla de un Dios bueno, cercano y acogedor, siempre dispuesto a perdonar y ofrecer una vida digna y dichosa, sino que él mismo es una parábola viviente de ese Dios. Movido por el Espíritu, es el primero en acercarse a los pecadores y gentes indeseables, interesarse por su vida y sentarse con ellos en la mesa.
               Los evangelios hablan de distintos grupos a los que Jesús acogía amistosamente. Están en primer lugar los “pecadores”: son los que no cumplen la ley, rechazan la Alianza y viven lejos de Dios, sin dar señales de arrepentimiento; los dirigentes religiosos los consideran excluidos de la salvación.
               Junto a este conjunto de personas se habla más en concreto de los “publicanos” o recaudadores de impuestos; su trabajo es considerado por todos como una actividad propia de ladrones y gente poco honrada, que viven robando y sin devolver lo robado a sus víctimas; no tienen perdón, son despreciados por todos. Como veremos más tarde, Jesús acoge también a las “prostitutas”, un grupo de mujer de pueblo, vendidas a veces como esclavas por su propia familia, y humilladas por todos. Estas gentes constituyen el desecho de la sociedad, los “perdidos” y “perdidas” de Israel.
               Lucas nos dice que “los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para oírle”. Seguramente muchos de ellos lo escuchaban conmovidos. No era esto lo que oían en los encuentros de las sinagogas ni en las celebraciones del templo. Sin embargo ellos necesitaban a este Dios bueno y acogedor. Si Dios no les comprende y perdona, ¿a quién van a acudir?
               Sin embargo a los maestros de la ley y a los sectores fariseos no les agrada el comportamiento de Jesús. Su acogida amistosa a esta gente pecadora les parece un escándalo intolerable. Lo que más les irrita es que acoja a los “pecadores” y que “coma con ellos”. La actuación de Jesús es insólita. Ningún profeta había hecho algo parecido. ¿Cómo puede un hombre de Dios aceptar a los pecadores y pecadoras como amigos, sin exigirles previamente algún signo de arrepentimiento?
               La actitud de estos maestros de la ley es diametralmente opuesta. Un hombre piadoso no debe mezclarse con pecadores. Hay que aislar a los transgresores de la ley. Hay que separarlos de la comunidad santa de Israel. No son dignos de convivir con los que son fieles a Dios. ¿Por qué Jesús parece despreocupare de los que cumplen la ley y se dedica tanto a un grupo de perdidos y perdidas?
               Jesús les respondió con una parábola sorprendente. Quería grabar bien en el corazón de yodos algo que llevaba muy adentro: los “perdidos” le pertenecen a Dios. Él los busca apasionadamente y, cuando los recupera, su alegría es incontenible. Todos tendríamos que alegrarnos con él. También los fariseos y maestros de la ley.
               Jesús comienza esta vez su parábola con una pregunta: Imagínense que son un pastor, tienen cien ovejas y se les pierde una, ¿nos dejarían las noventa y nueve “en el desierto” para ir a buscarla hasta dar con ella? Los oyentes dudarían bastante antes de responderle. ¿No es una locura arriesgar así la suerte de todo el rebaño? ¿Es que la oveja vale más que las noventa y nueve?
               Jesús sin embargo les habla de un pastor que actúa precisamente así. Al hacer el recuento acostumbrado al atardecer, descubre que le falta una oveja. El hombre no se entretiene en razonamientos y cálculos de sentido práctico. Aunque esté perdida la oveja le pertenece. Es suya. Por eso no duda en salir a buscarla, aunque tenga que abandonar de momento las noventa y nueve.
               El pastor no para hasta encontrar a su oveja. Su corazón no lo deja descansar. Y cuando da con ella, le sale desde dentro un gesto lleno de ternura, y de cuidado amoroso. Co alegría pone a la oveja, cansada y tal vez herida, sobre sus hombros alrededor de su cuello, y vuelve a su majada. Al llegar convoca a sus amigos pastores y les invita a compartir su dicha: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!”.
               San Lucas concluye su parábola con estas palabras: “Les asegura que también en el cielo -es decir, en Dios- habrá más alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Dios es así. No sólo busca apasionadamente al que está perdido sino que celebra jubilosamente el encuentro en el misterio de su corazón.
               Los fariseos y maestros de la ley deberían entender aquellas comidas alegres y festivas que Jesús celebra con los pecadores. Él ha venido de Dios a “buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lucas 19,10). ¿Cómo no entienden que viva acogiendo a los pecadores, recaudadores y prostitutas? ¿Cómo no entienden su alegría al poder encontrarse con ellos en torno a una mesa? Todo el pueblo debería sumarse a su alegría, pues nace de la alegría del mismo Dios.
               La parábola es breve pero su mensaje es de gran hondura. ¿De verdad puede este pastor ser una metáfora de Dios? Hay algo que todos los que escuchan a Jesús han de reconocer: los humanos son criaturas de Dios, le pertenecen a él. Y ya se sabe lo que uno hace para no perder algo suyo que aprecia de verdad. Pero ¿puede Dios sentir a los “perdidos” como algo suyo y tan querido?
               Tal vez algunos de los que oían a Jesús recordaban lo que había dicho el profeta Ezequiel seis siglos antes: en el pueblo de Dios hay ovejas sin pastor; ovejas “débiles” a las que nadie conforta; ovejas “enfermas” a las que nadie cura; ovejas “heridas” a las que nadie venda. Hay también ovejas “descarriadas” a los que nadie se acerca y ovejas “perdidas” a las que nadie busca. Pues bien, así dice el Señor: “Yo mismo buscaré a la oveja perdida, traeré a la descarriada, curaré a la herida, fortaleceré a la enferma” (34,16). Ahora pueden ver en Jesús, con sus actuaciones y sus palabras, está encarnando en su vida a ese Dios que busca a los perdidos.
               La parábola se convierte así en una llamada a cambiar. Si Dios no rechaza a los “perdidos”, sino que los busca apasionadamente, y si Jesús, lleno del Espíritu de Dios, los acoge y come con ellos… ¿no tendremos que cambiar radicalmente algunas de nuestras posturas? ¿Seguiremos discriminando, condenando y despreciando a los que a nosotros nos parecen “perdidos”? ¿A quién queremos seguir? ¿A los fariseos y maestros de la ley o a Jesús, nuestro único Maestro y Señor?
               La parábola tal vez sugiere algo más. La oveja no hace nada para volver al redil. S el pastor que la busca incansablemente, la carga sobre sus hombros y la recupera. ¿No está sugiriendo Jesús que el retorno del pecador no se debe a sus esfuerzos por convertirse, sino a la iniciativa de Dios que irrumpe en su vida con su misericordia insondable? ¿Cómo no nos vamos a alegrar con este Dios de amor infinito y desconcertante? ¿Cómo no vamos a confiar en este Dios cuando nos veamos perdidos y sin fuerza para transformar nuestra vida? ¿Cómo no vamos a imitar a Jesús, abriendo nuestros corazones y nuestros brazos a quienes nos parecen alejados?
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


2ª parte: REUNIÓN DE GRUPO.

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

A. SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

B. ‘VER’: DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
El animador invita a los presentes a:
-        Decir cómo se siente cada uno. ¿Ha provocado la última reunión un cambio personal o algún compromiso?
-        Comuniquemos alguna experiencia parecida al tema que se va a compartir.

C. ‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA. Lectura de Lucas 1,1-7: Alegría por la oveja encontrada.
  1. Comentarios sobre la lectura y aplicación a nosotras/os
-        Los que se acercan a oír a Jesús. La ley lo definía todo: quién era justo delante de Dios y quién era pecador, con mucha discriminación para los pobres. ¿Quiénes mayoritariamente se acercaban a Jesús? Según nuestro parecer, ¿por qué se acercaban los ‘pecadores’ y los ‘indeseables’ a escuchar a Jesús?
-        Los que murmuran contra Jesús… son los fariseos y maestros de la ley que interpretaban las leyes según sus intereses. ¿Por qué les molesta la actuación de Jesús? Y nosotros, ¿nos sentimos en confianza con Jesús?
-        La parábola… que llamamos de “la oveja perdida”. ¿Corresponde este título al mensaje de la parábola? ¿Qué título le podríamos poner? ¿Hemos sentido esta cercanía de Dios conmigo? ¿En qué circunstancias?
-        La pregunta inicial de Jesús. ¿A quién se dirige Jesús? ¿Por qué motivos será? Con esta parábola, ¿sentimos que Jesús se dirige también a nosotros?
-        Las actuaciones del pastor. Revisemos como actúa el pastor con la oveja perdida. ¿Qué nos parece el comportamiento del pastor de la parábola tal como lo presenta Jesús? Generalmente damos poca importancia a los que se pierden… ¿Qué significado sacamos de estas actuaciones del pastor?
-        Conclusión: la alegría compartida y celebrada. ¿Responde esta conclusión de Jesús a las críticas de los fariseos y maestros de la ley? ¿Qué nos enseña a nosotros esta parábola?

  1. Apoyo del comentario del tema: “Dios busca a los perdidos”.
¿Qué punto más llamativo del comentario queremos compartir?

D. ‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
  1. Conversión personal
-        ¿Cuándo nos hemos sentido perdidos, lejos de Dios? ¿Alguien nos tendió la mano para que saliéramos adelante? ¿Relacionamos esto con el pastor de la parábola?
-        ¿Nos gustaría celebrar con alguien o algunos amigos este reencuentro con uno mismo y con Dios? ¿Nos pueden ayudar para esta celebración los símbolos traídos?
-        ¿Podemos ser para otros que lo necesiten, este ‘pastor bueno’ de la parábola?
  1. Compromiso colectivo
-        ¿Quiénes son hoy los perdidos, los discriminados, sean personas individuales o grupos sociales? ¿Tenemos con ellos los sentimientos parecidos a los del pastor de la parábola?
-        ¿Conocemos personas o instituciones que trabajan con estas personas rechazadas? ¿Tenemos contactos con estas personas o instituciones? ¿O los podríamos tener?
-        ¿Cómo nos podemos ayudar para tener con las y los discriminados tanto una mirada nueva como un acercamiento?

E. ORACIÓN-CELEBRACIÓN COMUNITARIA.
  1. Se coloca en la mesa los símbolos traídos por cada una/o y se explica su significado.
  2. Sugerencias para la oración
-        Momento de silencio. Nos disponemos a rezar.
Escuchamos a alguien que va leyendo: “El pastor deja a las 99 ovejas en el desierto y va a buscar a la perdida hasta que la encuentre. Y cuando da con ella se la echa al hombro lleno de alegría”. Pensemos en este pastor bueno, en la oveja perdida, en la alegría celebrada. Digamos en nuestro interior:
Dios de paz, a cada una y a cada uno
Nos miras con infinita ternura y profunda compasión.
Dios de amor, a cada una y cada uno
Nos ama y nos buscas con infinita ternura y profunda compasión.
-        Alguien lee la siguiente oración y luego repetimos una frase que nos gustó.
Ven, Jesús, a buscarme;
Deja a las 99 y busca la que se te ha perdido.
Ven, pastor amoroso: busca la oveja perdida que soy.
Tú puedes encontrar al que buscas, tomarlo en brazos y llevarlo al redil.
Jesús, búscame, encuéntrame, acógeme, llévame.
Ven tú mismo conmigo: llévame sobre tus huellas.
Así habrá liberación en la tierra y alegría en el cielo.
-        Repetimos frase por frase
Tú, Señor, no puedes soportar que uno solo de los tuyos se pierda./
Tú vas en busca de nosotros cuando nos alejamos de ti./
Tú vas en busca de los que nosotros abandonamos a su suerte./
A los que nadie echa de menos, tú vas a buscarlos./
Siempre te pierdes entre los perdidos para encontrarlos./
Señor, nos abandonamos a esta certeza,
A esta promesa que rompe nuestros esquemas,
A tu amor lleno de ternura e imaginación
Porque, en nuestra vida, hemos sentido tu misericordia y tu fidelidad.

  1. Padrenuestro. Abrazo de paz.

D. DESPEDIDA. Se recuerda la casa, el día y la hora de la próxima reunión.


 Tema  14 :  DIOS  ES  JUSTO  Y  BUENO  CON  TODOS.

Motivación inicial
               Hoy Jesús nos manifiesta que Dios es bueno con todos nosotros. Pero tenemos que equiparar la bondad con la justicia: la bondad no puede suplir la justicia, ni la caridad, ni los derechos humanos. Nosotros los humanos tenemos nuestros propios criterios sobre la justicia, muchas veces deformados sin que nos demos cuenta. Dios es justo con todos y bueno y generoso con los necesitados víctimas de la injusticia. La justicia consiste en dar a cada uno lo que necesita para vivir dignamente. Jesús quiso dejar claro cuál es la justicia de Dios más allá de nuestros esquemas y cálculos. Prestemos atención a este tema de la bondad, tan vaciado muchas veces de… justicia.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

  1. Motivación
¿Cómo entiendo que la bondad y la justicia son las 2 caras de una misma moneda?

  1. Lectura de la Palabra de Dios: Mateo 20,1-15: El patrón justo con sus trabajadores.

  1. Profundización de la lectura bíblica:
-        Introducción. ¿Cuál es el mensaje que saco de esta parábola? ¿Da razón de esta parábola su título tradicional de “los obreros de la última hora”? ¿Cuál título más adecuado podría poner a la parábola?
-        La contratación. ¿Cuántas veces sale el patrono a contratar trabajadores para su viña? ¿Por qué motivo será esta preocupación de contratar más y más gentes: que no se pierdan las uvas, por el gran desempleo, por las necesidades de los trabajadores…?
-        La paga prometida. A cada grupo el patrono promete pagarle: ¿qué dice exactamente a cada uno de los 5 grupos?
-        La retribución. ¿Por qué el patrono da un denario a cada uno? ¿Por qué responde este pago a una justicia fundamental? ¿Cuál es el derecho de cada trabajador en cuanto al sueldo? ¿Hubiera sido justicia o bondad dar más a los primeros?
-        La protesta. ¿Me identifico con la protesta de los primeros trabajadores? ¿Qué significan mis dudas sobre mi sorpresa por la actitud del patrono? ¿No pondré primero la justicia matemática antes que los derechos básicos? ¿No seré como ‘negociante’ con Dios con mis méritos, mis ‘sacrificios’, mis devociones…?
-        La respuesta del dueño. Tomando la mirada de Dios, ¿por qué dice que es justo el dueño con todos? ¿Por qué da el dueño a unos más de lo que han merecido? ¿Cuándo entre nosotros la bondad atropella la justicia? De ahora en adelante, ¿cómo voy a entender mejor y “buscar primero el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6,33)?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “EL AMOR DE DIOS ROMPE NUESTROS ESQUEMAS”.

               Tradicionalmente se la llama “parábola de los obreros de la viña”, pero el verdadero protagonista es el dueño. Por eso algunos la llaman hoy parábola del “contratador bueno” o del “patrono que quería trabajo para todos”. Sin dudas es uno de los relatos más sorprendentes y provocativos de Jesús. ¿Dejaremos que su mensaje penetre en nuestros corazones?
               Los grandes propietarios, como este “dueño” de la viña, pertenecían a las clases ricas y pudientes. De ordinario no vivían en las aldeas pobres de Galilea, sino en Séforis, Tiberíades o en alguna ciudad importante. Sólo se acercaban a su propiedad durante la recogida de la cosecha o en las vendimias, para seguir de cerca los trabajos. Los “jornaleros”, por su parte, pertenecían a las capas bajas de la sociedad. Muchos eran campesinos despojados de sus tierras, que vivían al día y sin seguridad alguna. Jesús y sus seguidores los podían ver sentados en las plazas de los pueblos, esperando que alguien los contratara.
               La jornada comenzaba al amanecer (hacia las 6 de la mañana) y terminaba al caer el sol (en torno a las 6 de la tarde). Jesús va a comparar el Reino de Dios con lo que sucede en una jornada de vendimia con el propietario de la viña y sus jornaleros.
               Un propietario salió al amanecer para contratar obreros para su viña”. Así comienza Jesús su relato. El rico propietario viene el mismo a la plaza del pueblo a primera hora de la mañana. Se acerca a un grupo de jornaleros, acuerda con ellos el salario de un denario y los envía a trabajar a su viña. No es gran cosa, pero sí lo suficiente para responder, a lo menos durante un día, a las necesidades básicas de una familia campesina. Probablemente los oyentes se sorprendieron. No es normal ve el dueño de una viña en la plaza del pueblo contratando a los jornaleros. Eso era cosa de sus capataces o administradores. ¿Quién era ese propietario? ¿Por qué actuaba así?
               El dueño vuelve a la plaza a las 9 de la mañana, a las 12 del mediodía y a las 3 de la tarde. A los que están “sin trabajo” los contrata. A estos no les habla ya de un denario; les promete “lo que sea justo”. ¿Cómo le van a exigir nada? Se marchan confiados en lo que el señor les quiera pagar: probablemente una fracción de denario. Así pensaban también los que oían la parábola.
               El propietario vuelve todavía a las 5 de la tarde. Sólo faltaba una hora para que termine la jornada. Se encuentra con un grupo en la plaza que sigue “sin trabajo”. Nadie los ha contratado. A pesar de que ya no es mucho lo que pueden trabajar, les dice: “Vayan también ustedes a mi viña”. A estos ni les habla de salario. ¿Qué les puede pagar?
               Los oyentes no pueden entender este ir y venir del señor para contratar obreros. No es normal ir tantas veces a la plaza. La contratación se hace a primera hora de la mañana, después de calcular bien el número de jornaleros que son necesarios. ¿Qué clase de patrono es este? ¿Por qué actúa así? Nadie sale a contratar obreros a última hora. ¿Está tan urgido por la vendimia? El relato no dice nada acerca de la cosecha. Sugiere más bien que no quiere ver a nadie sin trabajo. Así les dice a los del último grupo: “Por qué están así parados todo el día?”.
               Llegó la hora de retribuir a los jornaleros. Había que hacerlo en el mismo día, pues de lo contrario no tendrían nada que llevare a la boca. Así lo mandaba la ley de Dios: “Le darás cada día su jornal, antes de ponerse el sol, pues es pobre y de ese salario depende su vida” (Deuteronomio 24,14-15). El dueño ordena que el pago se haga empezando por los que acaban de llegar. Entre los jornaleros se despierta una gran expectación, pues aunque apenas han trabajado una hora, perciben un denario cada uno. ¿Cuánto les dará a los demás?
               La decepción es enorme al ver que todos reciben un denario, incluso los que han estado trabajando todo el día. ¿No es injusto? ¿Por qué a todos un denario si el trabajo ha sido tan desigual? Es lo que dicen en su protesta: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y les pagas igual que a nosotros que hemos soportado el peso del día y del calor”. Sin duda, los oyentes de Jesús están de acuerdo con su protesta. Estos jornaleros no se oponen a que los últimos reciban un denario, pero, ¿no tienen derecho a que el señor sea también generoso con ellos? Está bien la generosidad con los que han trabajado sólo un rato, pero, ¿no exige la justicia esa misma generosidad con los que han trabajado todo el día?
               La respuesta del señor al que hace de portavoz es firme: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario?... ¿Es que no tengo libertad por hacer lo que quiera con lo mío? ¿O tienes que ver con malos ojos que yo sea bueno?”. Los que protestan le piden al dueño de la viña que los trate a todos según un sistema de estricta justicia, pero él se mueve en otra esfera. Quiere ser bueno y es precisamente su bondad la que rompe todos los esquemas. No es injusto con nadie. A todos les da lo que necesitan para vivir: trabajo y pan. No se preocupa de medir los méritos de unos y otros, sino de que todos puedan cenar esta noche con sus familias.
               La sorpresa de los creyentes tuvo que ser grande. ¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios que nosotros manejamos para imponer justicia e igualdad? Esta manera de hablar de Dios, ¿no rompe con todos nuestros esquemas religiosos? ¿Qué pueden decir ahora los maestros de la ley? ¿Qué pueden decir los moralistas de todos los tiempos? ¿Es que Dios no trata a sus hijos e hijas atendiendo escrupulosamente a lo que se han merecido?
               No es fácil creer en esa bondad insondable de Dios que supera todos nuestros esquemas. A más de uno le puede escandalizar. ¿Será verdad que Dios no está tan pendiente de nuestros méritos como a veces pensamos, sino que está atento más bien a responder a nuestras necesidades? ¡Qué suerte si Dios es como sugiere Jesús! Todos podemos confiar en este Dios, aunque nuestros méritos sean pequeños y pobres. ¿Pero, no es peligroso abrirse a ese mundo insondable e infinito de la misericordia de Dios, que escapa a todo cálculo humano? ¿No es más seguro y tranquilizador, sobre todo para los que se sienten fieles cumplidores de la ley, no salirnos de ningún esquema religioso donde los deberes, méritos y pecados están claramente definidos?
               El mensaje de Jesús nos invita a dejarle a Dios ser Dios. No hemos de empequeñecer su amor infinito con nuestros cálculos y esquemas ni desvirtuar su bondad mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con otros trazos de un Dios justiciero, tomados del Antiguo Testamento, o con deformaciones que nacen de nuestros propios miedos y egoísmos.
               Dios es bueno con todos. Nos mira con amor, lo merezcamos o no. Su bondad misteriosa está más allá de la fe de los creyentes y del ateísmo de los incrédulos. Ante este Dios, lo único que cabe es el gozo agradecido y la confianza total.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
  1. ¿Cómo entendemos que la bondad y la justicia son las 2 caras de una misma moneda?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Mateo 20,1-15: El patrón justo con sus trabajadores.
  1. ¿Qué es lo que nos sorprende en esta parábola y por qué motivos?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
  1. Conversión personal: ¿Qué es lo que tenemos que cambiar en nuestra mente para entender la justicia de Dios?
  2. Compromiso: Después de estas reflexiones, ¿qué voy a cambiar en mi manera de actuar?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Alguien lee las palabras del dueño de la viña: “¿Vas a ver con ojos malos que yo sea bueno?”.
-         Repetimos pasa a paso el Salmo 102:
“Dios es compasivo y clemente, paciente y misericordioso./
No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo./
No nos trata como merecen nuestros pecados/
Ni nos paga según nuestras culpas./
Como es alto el cielo sobre la tierra,/
Así es grande la bondad de Dios con nosotros./
Como dista el oriente del ocaso,/
Así aleja de nosotros nuestras culpas./
Como un padre siente ternura por sus hijos,
Así siente ternura el Señor por sus fieles,/
Porque él conoce de qué estamos hechos:/
Se recuerda de que somos barro.”/
-        Meditemos las frases siguientes con un momento de silencio entre cada una.
“El amor de Dios es mejor de cuanto se pueda pensar” (san Buenaventura).
“Para Dios, sólo en amar es su ejercicio” (san Juan de la Cruz).
“Dios no sabe ni quiere ni puede hacer otra cosa que amar” (A. Torres Queiroga).
“El amor de Dios es gratuito, incondicional, desconcertante, incansable” (J. M. Mardones).
“¿Quién podrá separarnos del amor de Dios?” (san Pablo).
-        Cada uno hace una oración espontánea.
-        Terminemos escuchando en el silencio de nuestro corazón:
Jesús, misterio de Dios encarnado, tú nos descubres esta realidad sorprendente:
Dios no quiere el sufrimiento ni la aflicción.
No causa en nosotros ni miedo ni angustia.
Dios sólo puede amarnos.

  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  15 :  DIOS  ESCUCHA  A  QUIENES  CONFÍAN  SÓLO  EN  ÉL.

Motivación inicial
               Vamos a profundizar un último aspecto de la actuación de Dios que nos describe Jesús. Esta parábola es una consecuencia de lo visto anteriormente: si Dios es como dice Jesús, la última palabra no la tiene la ley que juzga nuestras conductas, sino la misericordia de Dios que acoge nuestra petición de compasión. Así hemos de aprender que hemos de rezar no presentando nuestros méritos sino invocando la misericordia de Dios. Veamos.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

  1. Motivación
¿En qué aspecto insisto más en mis oraciones: peticiones personales, acción de gracias, perdón, preocupación por los demás, contemplación de Dios…?

  1. Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 18,9-14ª: El recaudador justificado.

  1. Profundización de la lectura bíblica
-        Los destinatarios de la parábola. Voy detallando cómo Lucas retrata al fariseo y al recaudador. ¿Cuáles son los rasgos que los caracterizan a cada uno? ¿Por qué es tan fácil que me reconozca mejor que los demás?
-        El relato. ¿Cómo son las maneras de rezar tanto del fariseo como del recaudador? ¿Cuál es la conclusión de Jesús sobre el resultado de las oraciones de cada uno?
-        La oración del fariseo. ¿Con qué postura exterior se presenta el fariseo en el templo? ¿Cuál es su actitud interior? ¿Qué me parece en su oración el olvido de sus relaciones con los demás? ¿Sé ser discreta/o en mis actos religiosos?
-        La oración del recaudador. Su postura exterior es distinta de la del fariseo: ¿Cuáles son las 3 indicaciones que nos da Lucas sobre el recaudador? ¿Me he sentido con una actitud de humildad, confianza y necesidad de un Dios que me salve la vida?
-        Conclusión de Jesús. Esta conclusión, ¿me sorprende, me parece justa? ¿Por qué motivos? Según mi parecer, ¿cuál es ante Dios la actitud decisiva? ¿Puede esta parábola ayudarme a adecuar mis maneras de entender y vivir la oración?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “DIOS ESCUCHA A QUIEN SE CONFÍA A SU MISERICORDIA”.

               Fue sin duda una de sus parábolas más desconcertantes. Según Lucas, Jesús la dirigió a quienes se consideraban “justos”, se sentían seguros de su propia religión y “despreciaban a los demás”. Ciertamente la parábola es una crítica a personas que se comportan así. Pero el relato no es sólo una historia ejemplar sobre la oración, pues nos invita a descubrir la misericordia insondable de Dios.
               En el relato aparecen en escena 3 personajes: un farisea, un recaudador y Dios que habita en el templo. No se habla sólo de 2 hombres que suben a orar, sino que se dice algo muy importante de cómo reacciona Dios cuando escucha su oración. ¿Cómo actuará ante 2 personas de vida religiosa y moral tan diferente y opuesta?
               Los que escuchan a Jesús han peregrinado más de una vez a Jerusalén. Conocen el templo. Lo llaman “la casa de Dios”, pues allí habita el Dios santo de Israel. Desde allí protege y bendice a su pueblo. Cualquiera no puede acercarse a este lugar santo. Lo decía un salmo que cantaban los peregrinos que subían a Jerusalén: “¿Quién podrá entrar en el recinto santo? Él de manos limpias y de corazón puro… Ese logrará la bendición del Señor, el perdón de Dios, su salvador” (Salmo 24,3-5). El relato de Jesús despierta enseguida el interés y la curiosidad. Suben al templo un piadoso fariseo y un recaudador deshonesto. ¿Qué va a pasar allí?
               Todos saben cómo es de ordinario un fariseo: un hombre religioso que cumple fielmente la ley, observa estrictamente las normas de pureza y paga escrupulosamente los diezmos. Es de los que sostienen el templo. Sube al santuario sin pecado: Dios no puede sino bendecirlo. Todos saben cómo es un recaudador: un personaje que vive de una actividad despreciable. No trabaja para sostener el templo, sino para recaudar impuestos e enriquecerse. Su conversión es imposible. Nunca podrá reparar sus abusos ni devolver a sus víctimas lo que les ha robado. No se puede sentir bien en el templo. No es su sitio.
               Jesús describe en primer lugar la oración del fariseo. El hombre ora de pie, seguro y sin temor alguno. Su conciencia no le acusa de pecado alguno. De su corazón brota espontáneamente el agradecimiento: “Dios mío, te doy gracias”. No es un acto de hipocresía. Todo lo que dice es real: cumple fielmente todos los mandatos de la ley, ayuna todos los lunes y jueves por los pecados del pueblo, aunque sólo es obligatorio una sola vez al año, en el Día de la Expiación; no sólo paga los diezmos obligatorios de los productos del campo (grano, aceite y vino) sino incluso de todo lo que posee. Con una vida tan irreprochable se siente seguro ante Dios. No pertenece al grupo de los pecadores, donde naturalmente está el recaudador, y lo dice con orgullo: “No soy como los demás… ni como ese recaudador”.
               Tiene razón. Su vida es ejemplar. Cumple fielmente sus obligaciones y hasta las sobrepasa. No se atribuye a sí mismo mérito alguno, es Dios quien sostiene su vida santa. Si este hombre no es un hombre justo, ¿quién va a serlo? Es un modelo de obediencia a Dios. ¿Quién podrá ser como él? Puede contar con la bendición de Dios. Así piensan seguramente los que escuchan a Jesús.
               La oración del “recaudador” es diferente. Se queda atrás. Sabe que no es digno de estar en aquel lugar sagrado. No se atreve ni siquiera a levantar los ojos del suelo. Se golpea el pecho, pues reconoce su pecado y su vergüenza. Examina y no encuentra nada grato que ofrecer a Dios. Tampoco se atreve a prometer nada. No puede restituir lo que ha robado a tantas personas cuya identidad desconoce. No puede dejar su trabajo de recaudador ni cambiar de vida. No encuentra una salida mejor que abandonarse en la misericordia de Dios: “Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador”. El pobre hombre no hace sino reconocer lo que todos saben. Nadie quisiera estar en su lugar. Dios no puede aprobar su vida de pecado.
               De pronto Jesús concluye su parábola con una afirmación sorprendente: “Este recaudador bajó a su casa justificado por Dios, y este fariseo no”. El hombre religioso que ha hecho incluso más de lo que pide la ley, no ha encontrado favor ante Dios. Por el contrario, el recaudador, que se abandona a su misericordia, sin comprometerse siquiera a cambiar de vida, baja a su casa reconciliado con él. Jesús ha pillado a todos por sorpresa. De pronto les abre a un mundo nuevo que rompe todos sus esquemas. ¿No está Jesús amenazando todo el sistema del templo? ¿Qué pecado ha cometido el fariseo para no encontrar gracia ante Dios? ¿Y qué méritos ha hecho el recaudador para salir del templo justificado? El Dios santo del templo habría confirmado al fariseo y reprobado al recaudador. No es fácil aceptar lo que dice Jesús.
               ¿Será verdad que ante Dios, lo decisivo no es la observancia de la religión, sino la invocación confiada en la misericordia insondable de Dios? Si es cierto lo que dice Jesús, ya no hay seguridad para nadie que confíe sólo en sus méritos, por muy santo que crea. Todos hemos de recurrir a la compasión infinita de Dios. El recaudador no ha podido presentar a Dios ningún mérito, pero ha hecho lo más importante: acogerse a su misericordia; vuelve a casa transformado, reconciliado con Dios, “justificado”. El fariseo, por lo contrario, ha decepcionado a Dios. Salió del templo como entró: sin conocer la mirada compasiva de Dios.
               Cuando alguien se siente bien consigo mismo y ante los demás, se apoya en su propia vida y no necesita de más, tiene el riego de vivir en una “falsa inocencia”. Por lo contrario, cuando uno se siente culpable y sin fuerza para cambiar, ¿no siente la necesidad de acogerse a la misericordia de Dios y sólo a su misericordia?
               Cuando actuamos como el fariseo nos situamos ante Dios desde una religión donde nos hay sitio para el recaudador. Cuando nos confiamos a la misericordia de Dios, como el recaudador, nos situamos en una religión en la que caben todos. ¿No será esta la verdadera religión del Reino de Dios? Hay algo fascinante en Jesús: es tan desconcertante su fe en la misericordia de Dios que no nos resulta fácil creer en él. Probablemente los que mejor lo pueden entender son quienes no tienen fuerza para salir de su vida inmoral.
               Después de escuchar en los últimos encuentros las parábolas de Jesús, ¿no sentimos nosotros la necesidad de comunicar la Buena Noticia de Dios en la sociedad y en la Iglesia? ¿No es apasionante vivir como testigos de este Dios de misericordia insondable? ¿No nos llevará a todos a convivir desde una actitud de mayor compasión recíproca?
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
  1. ¿En qué aspecto insistimos más en nuestras oraciones: peticiones personales, acción de gracias, perdón, preocupación por los demás, contemplación de Dios…?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 18,9-14ª: El recaudador justificado.
  1. ¿Cuáles son las grandes diferencias entre las 2 maneras de rezar, tanto la del fariseo como la del recaudador?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
  1. Conversión personal: ¿Qué nos dicen las palabras de conclusión de Jesús?
  2. Compromiso: ¿Qué vamos a cambiar en nuestras maneras de rezar?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Presentémonos ante Dios con la actitud y oración del recaudador.
Repetimos entre todos: “Señor, ten compasión de mí que soy un pecador”.
-         Alguien lee la siguiente oración:
Muchos salmos son súplicas a Dios pidiendo compasión y perdón.
Escuchemos partes de ellos en silencio. Luego repetiremos alguna frase que nos gustó.
Del Salmo 50: Misericordia, Dios mío:
Por tu bondad y tu inmensa compasión, limpia mi pecado.
Del Salmo 129: Desde lo más hondo te grito: Señor, escucha mi voz.
Si llevas cuentas de las culpas, ¿quién podrá subsistir?
Pero de ti, Señor, procede el perdón.
Del Salmo 37: Me siento abrumado por mis culpas: son un peso superior a mis fuerzas.
No me abandones, Señor: Ven aprisa a socorrerme, Dios de mi salvación.
-         Repetimos frase por frase
Señor Jesús, no tienes manos; tienes sólo nuestras manos/
Para construir un mundo nuevo donde florezcan la paz y la justicia./
Señor Jesús, no tienes pies; tienes sólo nuestros pies/
Para poner en marcha a los oprimidos por el camino de la libertad./
Señor Jesús, no tienes labios; tienes sólo nuestros labios/
Para proclamar a los pobres la Buena Noticia de Dios./
Señor Jesús, no tienes rostro; tienes sólo nuestro rostro/
Para alegrar a los tristes y serenar a los fracasados y perdidos./
Señor Jesús, somos nosotros tu Evangelio/
El único Evangelio que nuestros hermanos pueden ver/
Si en nuestra vida hay palabras y hechos solidarios/
Para todos los que padecen olvido y necesidad./
Señor Jesús, aquí tienes nuestras manos, nuestros pies, nuestros labios,/
Nuestro trabajo, nuestro tiempo, nuestra vida…/
Todo lo que somos y tenemos./
¡Aquí estamos, Señor Jesús, cuenta con nosotros!

  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.




  etapa :  RASGOS  DE  JESÚS.


            Después de haber conocido un poco mejor a Dios, vamos ahora a descubrir a Jesús. Vamos a seguirlo por los caminos de Galilea, tal como hicieron las primeras y los primeros discípulos. Estando cerca de él, iremos conociendo cómo es, cómo se acerca a la gente y cómo hace más humana su vida introduciendo salud, perdón, amistad y esperanza. En su acción sanadora y liberadora iremos desvelando el proyecto salvador de Dios: lo que Jesús llamaba “Reino de Dios”.
            Poco a poco iremos destacando algunos rasgos inconfundibles de Jesús. Lo veremos como curador de la vida, amigo de los pecadores, defensor de los pobres y amigo de las mujeres. No son sólo los rasgos de un gran profeta. En esos rasgos Jesús nos va revelando el rostro y el corazón de un Dios humano, fuente de vida y de perdón.
            Seguir a Jesús es aprender de él a vivir, crecer y actuar. Él nos llama a actualizar su presencia y su acción salvadora en el mundo de hoy. Él nos invita a la conversión personal, de nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros grupos, nuestra Iglesia… al caminar con una mayor fidelidad a su Espíritu.

JESUS FUE CURADOR DE LA VIDA
Los 3 primeros temas nos van a ayudar a descubrir a Jesús como curador de la vida. Él puede liberarnos de lo que nos impide vivir de una manera sana y creativa en la sociedad y en la Iglesia.
-        Tema 16: El hombre curado en sábado (Marcos 3,1-6). Comenzamos viendo cómo Jesús cura a un desconocido, interrumpiendo la liturgia de la sinagoga un día sábado. Jesús nos quiere hacer ver que, para Dios, lo primero no es la religión, sino la vida.
-        Tema 17: El paralítico curado del pecado (Marcos 2,1-12). Jesús cura la vida desde la raíz. Por eso ofrece el perdón de Dios a un paralítico, liberándolo de su pecado y despertando en él la fuerza que necesita para enfrentarse a la vida.
-        Tema 18: El leproso curado de la exclusión (Marcos 1,40-45). Jesús cura la vida haciendo posible una convivencia sana. El Dios de Jesús no excluye a nadie de su amor. Hemos de eliminar de la vida toda discriminación.

JESÚS FUE EL AMIGO DE LOS PECADORES
A Jesús lo llamaron “amigo de los pecadores” y nunca lo desmintió, pues era verdad. Los acogía a su mesa, los defendía y les ofrecía el perdón de Dios.
-        Tema 19: Amigo de los pecadores (Marcos 12,3-17). Su costumbre de comer con pecadores y gentes indeseables es el gesto más expresivo y también más escandaloso de Jesús. Quiere dejar claro que Dios no excluye a nadie de su amor.
-        Tema 20: La prostituta acogida por Jesús (Lucas 7,36-50). Un incidente provocado con una prostituta nos ayuda a descubrir cómo Jesús defiende a los pecadores a quienes se condena sin respetar su dignidad.
-        Tema 21: El rico buscado por Jesús (Lucas 19,1-10). Jesús busca al rico Zaqueo y se hace acoger en su casa, mientras todos se escandalizan de su gesto. Quiere dejar claro que él viene “a buscar y a salvar lo que está perdido”.

JESÚS FUE EL DEFENSOR DE LOS ÚLTIMOS
Para Jesús “los últimos han de ser los primeros”, pues son los predilectos de Dios por ser víctimas de la injusticia y la maldad. Ellos han de ocupar el centro de nuestras vidas, de nuestros grupos y de la Iglesia.
-        Tema 22: Dichosos los pobres (Lucas 6,20-26). Ellos son los preferidos de Dios. Jesús los lleva muy dentro de su corazón de profeta. Ellos interpelan nuestras vidas satisfechas, muchas veces muy tranquilas e indiferentes.
-        Tema 23: El rico indiferente y el mendigo hambriento (Lucas 16,19-31). La parábola de Jesús pone al descubierto el abismo de egoísmo e insolidaridad que separa a los ricos y poderosos de los pobres y hambrientos, aquí en este mundo como en el corazón de Dios.

JESÚS FUE EL AMIGO DE LAS MUJERES
Los 2 temas siguientes nos van a ayudar a captar mejor la actuación de Jesús como liberador de la mujer. En su proyecto del Reino de Dios no cabe la dominación de la mujer por parte del varón.
-        Tema 24: La mirada a la mujer encorvada (Lucas 13,10-17). En medio de una sociedad dominada por el varón, Jesús mira a la mujer “encorvada”, la libera de sus ataduras, la pone en pie y le devuelve su verdadera dignidad. Esta escena nos ayudará a descubrir a Jesús como amigo y liberador de la mujer.
-        Tema 2: La defensa de la mujer adúltera (Juan 8,1-11). La actuación de Jesús ante una adúltera a punto de ser apedreada nos revela la voluntad radical de Jesús de liberar a la mujer de su sometimiento injusto al varón y a leyes patriarcales.



  parte :  JESUS  FUE  CURADOR  DE  LA  VIDA


 Tema  16 :  EL  HOMBRE  CURADO  EN  SÁBADO.


Motivación inicial
               Jesús tenía el don de curador. Lo ponía al servicio de los demás y de la vida. Un día curó a un hombre que tenía la mano atrofiada. No es un relato más. Jesús lo cura al interior de una sinagoga, lugar reconocido como sagrado donde se reunía todo el pueblo; además lo hace precisamente un día sábado, día consagrado a Dios. Con esta curación Jesús quiere dejar claro que para Dios, lo primero es la vida y no la religión y que la religión está al servicio de la vida. Los seguidores de Jesús hemos de aprender que, incluso en el centro de nuestra práctica religiosa, hemos de dar un servicio preferencial a quienes no pueden vivir de manera digna para que lo puedan conseguir.


1ª parte: PROFUNDIZACIÓN PERSONAL.

1.      Motivación
¿Por qué decimos que no hay lugares sagrados, ni personas sagradas, ni gestos sagrados, sino que toda la vida, todas las personas, todas las acciones (buenas) son sagradas?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Marcos 3,1-6: Curación en una sinagoga en sábado.

3.      Profundización de la lectura bíblica:
-        Introducción. ¿Quiénes son los diversos actores de este episodio? ¿Qué significación tenían para los judíos la sinagoga y el día sábado?
-        Actitudes de los fariseos. Los fariseos eran un grupo de judíos muy piadosa que buscaban cumplir estrictamente la ley. ¿Cuáles son sus actitudes en este episodio? ¿Por qué motivos están en oposición a Jesús?
-        Actuación de Jesús. ¿Qué dice Jesús al hombre enfermo y por qué lo coloca en el centro de la sinagoga? ¿Por qué le preocupa más a Jesús la curación del hombre que el cumplimiento estricto de la ley?
-        Reacción de los fariseos. ¿Por qué no enfrentan a Jesús? ¿Por qué encontramos muchas veces la misma actitud en nuestra Iglesia? ¿Cómo reacciono con personas que se limitan al cumplimiento de ‘los mandamientos’?
-        Conclusión. ¿Cuáles son los sentimientos de Jesús ante el silencio opositor de los fariseos? ¿Cómo actúa Jesús? Después de esta curación, ¿qué deciden los fariseos? ¿Cómo ayudo en mi alrededor a la defensa y la promoción de la vida?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “LO PRIMERO ES LA VIDA, NO LA RELIGIÓN.

               Este episodio de la curación de un hombre en día sábado tiene una importancia especial. Marcos presenta a Jesús de una manera que sorprende a todos: no se preocupa de reafirmar la observancia de la religión o del culto a Dios, sino que se dedica a curar enfermos y perdonar a pecadores. Lo primero para Dios no es la religión, sino una vida digna y saludable para todos. Y cuando los sectores fariseos condenan su actuación, poco respetuosa de ciertos preceptos, Jesús responde con unas palabras inolvidables: “Dios creó el sábado por amor al hombre, y no al hombre por amor al sábado” (Marcos 2,27. La religión ha de estar al servicio del hombre y no al revés. ¿Aprenderemos los seguidores y seguidoras de Jesús a cultivar una religión al servicio de la vida tal como la quería él?
               Antes que nada hemos de notar que la curación ocurre en “una sinagoga”, y precisamente en un día de “sábado”. Estos 2 datos tienen gran importancia. En la 2sinagoga” se reúne el pueblo para alabar a Dios y escuchar su Palabra: es el lugar sagrado donde se alimenta la religión judía. El “sábado” es un día totalmente consagrado a dar gracias a Dios por haber creado la vida y haber liberado al pueblo de la esclavitud. Un día instituido para celebrar la vida, el descanso y la libertad.
               En tiempos de Jesús, el sábado era una de las principales señas de identidad del pueblo judío. Se le atribuía tal importancia al descanso del sábado que, a lo largo de los años, se había ido elaborando todo un conjunto de normas y prescripciones que, según los sectores fariseos, se debían cumplir de manera rigurosa. Se podía curar o cuidar a un enfermo si estaba en peligro de muerte; en caso contrario era estrictamente prohibido.
               Jesús “entra en una sinagoga”. No tiene miedo a hacerse presente en aquel lugar donde se promueve una religión que no libera a las personas, sino que les hace daño, porque, vivida de un entramado legal interpretado de manera rigorista, no les ayuda a vivir. El asunto es demasiado importante para quedarse fuera sin intervenir. Por eso Jesús entra en la sinagoga y él mismo provoca el conflicto.
               En la sinagoga está “un hombre que tiene la mano atrofiada”. Este personaje no habla ni actúa por iniciativa propia. Su mano reseca y sin vida es la figura de una persona impedida para desarrollar una vida plena y digna. Este hombre incapacitado parece representar a todo el pueblo que se reúne en la sinagoga y que vive malogrado por una forme de entender la religión de manera equivocada y dañosa.
               Los fariseos “lo están esperando para ver si lo cura en sábado”. Aferrados a su posición legalista, buscan motivos para acusar a Jesús. Quieren ver si se atreverá a violar el sábado delante de ellos. Recordemos que este hombre no está en peligro de muerte, y por tanto está prohibido curarlo. No les importa la vida de aquel pobre hombre, sino que se respeten las normas. Hay que cuidar la legalidad. Eso es lo importante.
               En medio de una tensa expectativa, Jesús toma la iniciativa. E él sí le preocupa la vida de aquel hombre. Por eso se dirige a él con estas palabras: “Levántate y ponte allí en medio”. La orden de Jesús tiene un significado profundo. “Levántate”: Así quiere Dios ver a las personas, de pie, erguidas, no paralizadas, sino llenas de vida. “Ponte en medio”: este hombre necesita atención, ayuda y amor. No ha de quedar marginado. Ha de ocupar el centro de la sinagoga y de la religión. La celebración del sábado ha de ayudarlo a vivir de manera más plena y digna.
               Después de atraer la atención de todos hacia aquel hombre necesitado, Jesús les hace una doble pregunta: “¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal?”. Los fariseos, preocupados sólo por la celebración legal del sábado, sólo se plantean si “curar” aquel hombre está permitido por la ley o está prohibido. Jesús, por el contrario, preocupado por la vida de aquel hombre, se plantea qué es lo mejor para él: ¿hacerle el bien y devolver le la salud o, por el contrario, hacer el mal y dejarlo abandonado sin prestarle ayuda alguna?
               Con su segunda pregunta, Jesús radicaliza todavía más su planteamiento al hacer lo en término de vida o de muerte: “¿Qué hay que hacer en sábado: salvar una vida o destruirla? ¿Hay que dar vida a la mano muerta de aquel hombre, sanarlo, potenciar su vitalidad, o, por el contrario, hay que dejar su mano muerta, abandonarlo a su desgracia, no liberarlo de su atrofia? Para Jesús, no ir a favor de la vida es ya ir a favor de la muerte. Esta es la cuestión: la religión, ¿está al servicio de la vida o de la muerte? Si en el centro de la religión no están el amor y la ayuda a la vida de las personas, ¿qué sentido tiene ante Dios, Padre solícito de todos sus hijos e hijas?
               Los fariseos permanecen callados. Su silencio es rechazo hostil. No saben cómo responder y no quieren dialogar. Todos saben que lo primero es hacer el bien y defender la vida. Pero, ¿cómo van a ir en contra de las leyes que regulan el sábado? En lo íntimo de su corazón siguen dando culto a un Dios más preocupado por la observancia del sábado que por la vida de sus hijos e hijas. Para ellos, “bien” y “mal” significan “observancia” y “no observancia”. En su religión está ausente la fe en un Dios amigo de la vida.  En su vida falta amor a las personas.  ¿Tenemos también nosotros el riesgo de vivir así la religión cristiana?
               Jesús reacciona con dureza. El evangelista hace 2 observaciones. Primero, “los miró con ira”: su mirada expresa su indignación profética ante los que no están a favor de la vida plena y digna de los que sufre, pues no entienden que eso es precisamente lo que Dios quiere antes que nada. Luego indica que lo hizo “apenado por la dureza de su corazón”: sentía tristeza ante su ceguera incurable y su resistencia a la verdadera voluntad de Dios. En el corazón de Jesús, sólo hay amor: la ira brota de su amor a los que sufren, la pena nace de su amor a los fariseos.
               Jesús va a demostrar con su gesto curador lo que Dios quiere que se olvide nunca en la religión. Le dice al enfermo: “Extiende la mano”, despliega tu vitalidad, desarrolla tus potencialidades, llénate de vida y no viva de forma atrofiada. “El hombre la extendió, y su mano quedó restablecida”. El evangelista no dice más. Nadie se admira, nadie alaba a Dios. Los fariseos “salen fuera” y traman con los herodianos cómo eliminar a Jesús.
               La actuación de Jesús es una llamada a vivir como él: haciendo el bien, promoviendo la vida, curando heridas, aliviando el sufrimiento, ayudando a quienes son víctimas de la desgracia a recuperar su dignidad. La verdadera religión como la entiende Jesús, es la que ayuda a vivir de manera más sana, más íntegra y digna. Nunca la que esclaviza, humilla, paraliza o impide a las personas desplegar sus cualidades y su creatividad.
               En el centro de nuestros encuentros cristianos y nuestras celebraciones han de estar siempre muy presentes, los enfermos, los que sufren, los que necesitan nuestra ayuda. Si vivimos con el espíritu de Jesús, la práctica religiosa no nos llevará nunca a olvidarnos de los problemas y sufrimientos de los demás. Al contrario se convertirán en el mejor estímulo para vivir muy atentos a los que sufren.

               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Por qué decimos que no hay lugares sagrados, ni personas sagradas, ni gestos sagrados, sino que toda la vida, todas las personas, todas las acciones (buenas) son sagradas?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Marcos 3,1-6: Curación en una sinagoga en sábado.
2.      ¿Por qué da tanta visibilidad a la curación de un hombre a la mano paralizada?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Qué lección sobre lo que es ‘sagrado’ nos quiere dar Jesús?
4.      Compromiso: Después de estas reflexiones, ¿qué vamos a cambiar de nuestra mirada sobre la vida, las personas, la creación en general?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-        Alguien repite la orden de Jesús: “Levántate y ponte en medio”.
Después de un momento de silencio, ponemos ‘en el centro de nuestro grupo’ los nombres de personas que están enfermas, paralizadas, sufridas…
-        Alguien lee la siguiente oración, repitiéndola entre todos paso a paso:
Señor Jesús, tú eres nuestra luz, tú eres la verdad./
Señor Jesús, tú eres nuestra paz, tú eres nuestra fuerza./
Para acompañarnos, te hiciste peregrino;/
Compartiendo nuestra vida, nos muestras el camino./
No basta con rezarte, diciendo que te amamos./
Debemos amarte ayudando a los que sufren./
Nos pides que te tengamos humilde confianza:/
Tu amor nos exige luchar por la vida sana y digna de todas y todos./
-        Escuchamos en silencia; luego repetiremos alguna frase.
Jesús, ¡qué potente confirmación de la vida!
Cuando pronunciaste aquella proclama de libertad:
“No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”.
No es el hombre para el Estado, sino el Estado para el hombre.
No es el hombre para la Iglesia, sino la Iglesia para el hombre.
No es el hombre para la religión, sino la religión para el hombre.
No es el hombre para Dios, sino Dios para el hombre y el hombre para su hermano.
Y te condenaron a muerte, sin piedad.
¡Cómo cambiaría el mundo si todos tus discípulos nos pusiéramos
A practicar tu potente proclama de libertad!
No es el hombre para la ley, sino la ley para el hombre.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  17 :  EL  PARALÍTICO  CURADO  DE  SU  PECADO.

Motivación inicial
               La palabra ‘pecado’ se relaciona con Dios. Creemos que Dios es fuente de vida y de amor y nos llama a colaborar a su desarrollo. Al ir destruyendo conscientemente la vida y el amor, nos oponemos a su proyecto de siempre más vida y amor: eso es pecado. Con la curación que vamos a profundizar hoy, Jesús nos quiere enseñar que cura desde la raíz de todo mal. Por eso en el relato de la curación del paralítico, también le perdona sus pecados. Jesús reconstruye al enfermo liberándolo del pecado que lo bloquea desde dentro y despertando en él nuevas fuerzas para enfrentar su futuro de manera digna y responsable. ¿No necesitaremos también nosotros acoger y celebrar hoy, de manera más viva, el perdón de Dios para liberarnos del pecado que paraliza nuestras vidas como seguidores de Jesús?


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Cuál es mi mayor debilidad que me paraliza muchas veces?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Marcos 2,1-12: El paralítico perdonado.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Introducción. El evangelista ofrece diversos detalles sobre el escenario del episodio: ¿cuál es para mí el más significativo? ¿Es fácil para mí acercarme a Jesús y escuchar su mensaje?
-        El paralítico. Se puede observar que, por una parte, no dice ni hace nada y, por otra, se habla 4 veces de su “camilla”. ¿Qué sentido doy a estas 2 observaciones?
-        Los amigos del paralítico. Vuelvo a leer las varias actuaciones de estos amigos. Según mi parecer, ¿qué es lo que les mueve a actuar así? ¿Me parece importante ayudar a otros a acercarse a Jesús?
-        El perdón concedido por Jesús. ¿Qué es lo que mueve Jesús a actuar? ¿Por qué comienza perdonando los pecados del paralítico?
-        Los maestros de la ley. Se puede observar que “están sentados” y se quedan en silencio. ¿Qué me parecen sus actitudes y sus pensamientos?
-        El razonamiento de Jesús. ¿Qué quiere dar a entender Jesús al perdonar los pecados del paralítico? Personalmente, ¿pienso que el pecado en mí está a la raíz de mis debilidades, limitaciones y maldad?
-        La curación. Jesús da 3 órdenes al paralítico: ¿Qué sentido doy a cada una? ¿Por qué motivos la gente da gracias a Dios? ¿Me siento necesitado/a de ser curado/a primero del perdón de mis pecados, como fue el caso del paralítico?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “CURAR LA VIDA DESDE SU RAÍZ”.

               Al curar al hombre de la mano atrofiada hemos visto que Jesús revela que Dios busca antes que nada una vida digna y sana para sus hijos e hijas: incluso la religión ha de estar al servicio de la vida del ser humano. Ahora en la curación del paralítico, vamos a descubrir que Dios quiere curar nuestra vida liberándonos del pecado, que arruina de raíz nuestra vida.
               El episodio tiene lugar en Cafarnaún, en la casa de Pedro, donde al parecer, vive Jesús después de haber abandonado a su familia de Nazaret. Sin embargo Marcos señala algunos rasgos chocantes: la casa se ha convertido en un lugar de reunión; la gente acude a ella como si fuera una sinagoga; dentro está Jesús “predicando la Palabra”; allí están también sentados algunos maestros de la ley; es tal la aglomeración que no es posible llegar hasta Jesús.
               Le traen a Jesús un “paralítico”. Se trata de un hombre anónimo y sin voz, hundido en la invalidez y a pasividad total. No hala ni dice nada: ni siquiera para pedir ayuda a Jesús. No puede moverse por sí mismo. No tiene iniciativa alguna. Vive atado a una “camilla”, de la que no se puede levantar. Su mal es prototipo de su incapacidad para acercarse a Jesús. Si no hay alguien que lo ayude, nunca se encontrará con él. ¿No es esta la situación de bastantes personas que conocemos y queremos?
               En contraste con la inmovilidad del paralítico, 4 amigos que lo quieren de verdad se movilizan de todas sus fuerzas y su ingenio para acercarlo a Jesús. No se detienen delante de ningún obstáculo. No pueden acceder a la puerta, pues está obstaculizada. No importan. Harán lo que hace falta para llevar al paralítico allí “donde está” Jesús predicando la Buena Nueva de la salvación. Saben que Jesús puede ser el comienzo de una nueva vida para su amigo.
               Todo comienza con una mirada de Jesús, que “ve” en el fondo de los esfuerzos de los amigos “la fe que tienen en él”. Y, de pronto, sin que nadie haya pedido nada, pronuncia estas palabras que pueden cambiar para siempre una vida. “Hijo, tu pecados te son perdonados”. Dios te comprende, que quiere y te perdona.
               Jesús lo llama afectuosamente “hijo”, porque en verdad es hijo de este Dios Padre que no excluye a nadie de su amor: tampoco a un hijo pecador. Jesús va directamente al fondo de la realidad. Lo que está en la raíz del mal, paralizando su vida y bloqueando su libertad, es el pecado. Eso es el obstáculo que lo separa de la vida que Dios quiere para él. Por eso Jesús le ofrece su perdón gratis, de manera incondicional e inmerecida.
               Se nos dice que había allí “unos maestros de la ley”. En contraste con los 4 amigos a los que su fe sencilla les mueve para ayudar al paralítico, ellos están “sentados”. No les preocupa aquel enfermo ni tienen fe en Jesús. Se sienten maestros y jueces. Hablan con seguridad absoluta: lo saben todo acerca de Dios. No se cuestionan su manera de pensar: Jesús “está blasfemando”. Ellos lo saben porque, según la teología oficial, para recibir el perdón de Dios es necesario subir al templo y ofrecer los sacrificios prescritos por la ley.
               Jesús intuye “lo que piensan en su interior”. No entra en discusión teórica con ellos. No hace falta. Él vive lleno de Dios. Y ese Dios que sólo es amor, lo impulsa a perdonar gratuitamente a los pecadores liberando su vida del pecado. Les mostrará a los letrados su poder invisible de perdonar los pecados, haciéndoles ver su poder visible de curar aquel paralítico: “Qué es más fácil decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, carga con tu camilla y vete’?”. Realizará delante de sus ojos lo que, desde un punto de vista superficial, puede parecer más difícil. Curará al paralítico para que crean que su perdón no es una palabra vacía.
               Los letrados conocen las Escrituras y saben que en el libro de Daniel se habla de un personaje sorprendente a que se le llama “Hijo del hombre” (humano). El profeta Daniel dice que es este “Hijo de hombre” Dios les ha dado “poder, gloria y reino”, y que “su poder” es eterno y nunca pasará (Daniel 7,10). Jesús les invita a creer que él es precisamente ese Hijo del hombre al que Dios le ha concedido el poder de perdonar gratuitamente el pecado. Los que queremos seguir a Jesús lo hemos de hacer con una confianza inquebrantable, pues sabemos que nos está ofreciendo día a día, de manera gratuita e inmerecida, el perdón de Dios que sana nuestra vida.
               Después de este largo preámbulo Jesús pasa a la acción. Da al paralítico 3 órdenes: “Levántate”, ponte de pie, recupera tu dignidad, libérate de lo que paraliza tu vida. “Toma tu camilla”, enfrenta a la vida con fe nueva, no tengas miedo a cargar con tu pasado, estás perdonado. “Vete a tu casa”, aprende a convivir de manera creativa y responsable con los tuyos. Estás perdonado de tus pecados y curado de tu parálisis.
               El paralítico no dice nada, pero “se pone en pie, carga enseguida con su camilla” y marcha hacia su casa. Todos lo pueden ver lleno de vida que Jesús le ha infundido con sus palabras. Mientras el paralítico se pone de pie, la acusación de “blasfemo” cae por tierra. Nadie se nos dice de la reacción de los maestros de la ley. La gente, por el contrario, queda admirada y “da gracias a Dios diciendo: ‘No hemos visto cosa igual’”.
               No alaban a Dios por alguna doctrina que han escuchado de Jesús, sino por algo que han podido “ver” ellos mismos. Dios no es alguien lejos y distante, que vive aislado, ofendido por nuestra vida llena de pecados. Al contrario está en Jesús, ofreciéndonos siempre su perdón. El amor perdonador de Dios está siempre ahí, penetrando todo nuestro ser por dentro y por fuera. Incomprensible, insondable, infinito. Sólo amor.
               Una cosa es clara. No podemos seguir a Jesús a causa de nuestro pecado, que nos hace vivir como “paralíticos” que no saben levantarse del inmovilismo, la inercia o la pasividad. ¿No necesitamos reavivar en nosotros la acogida del perdón que se nos ofrece en Jesús? Ese perdón nos puede poner de pie, liberarnos de lo que nos bloquea interiormente y devolvernos la alegría, la vida y la capacidad de comprometernos en hacer un mundo más fraterno, más sano y más digno del ser humano. Con Jesús todo es posible. Nuestra vida puede cambiar. Nuestra fe puede ser más libre, creativa y audaz.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Cuáles son las debilidades que más nos paralizan?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Marcos 2,1-12: El paralítico perdonado.
2.      ¿Cómo justifica Jesús su capacidad de perdonar los pecados del paralítico?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Cómo sentimos que la raíz del mal está en nosotros como pecado?
4.      Compromiso: ¿Cómo vamos a luchar contra esta raíz de la maldad en nosotros y nosotras?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio. Podemos  hacer una breve celebración colectiva del perdón.
-         Alguien lee la siguiente oración y todos respondemos a cada invocación: “¡Perdón, Señor, perdón!”.
Tú estás cerca, Señor, y nos ofreces siempre tu amor: Perdón por nuestra falta de fe. – Todos: ‘Perdón, Señor, perdón’.
Respetas nuestra libertad, caminas con nosotros y sostienes nuestras vida, sin que nos demos cuenta: Perdón por nuestras mediocridades. – Todos…
Nos ayudas a conocernos, nos hablas como a hijos, nos animas a vivir y muchas veces no te hacemos caso: Perdón por nuestra falta de acogida.- Todos…
Nos amas con ternura, quieres lo mejor para nosotros y no te lo agradecemos: Perdón por nuestra ingratitud. – Todos…
Podemos ahora hacer algunas peticiones de perdón, terminando con la misma invocación.
-         Alguien va recordando las palabras de perdón de Jesús al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Luego nos decimos unos a otros, llamándonos por nuestro nombre: “X…, tus pecados te son perdonados”, y terminamos dándonos un abrazo un abrazo de paz.
-         Escuchamos frase por frase y al final de cada una decimos: “Sí, Señor, creemos en ti”.
Señor, tú siempre me has dado la fuerza necesaria, por eso aunque soy débil, digo: Creo en ti./ - Todos…
Señor, tú siempre pones paz en mi vida y, aunque vivo turbado, digo: Creo en ti./
Señor, tú siempre me guardas en las pruebas y, aunque a veces sufro, digo: Creo en ti./
Señor, tú siempre alumbras mis tinieblas y, aunque no veo siempre la luz, digo: Creo en ti./
-         Terminamos bendiciéndonos unos a otros y dándonos un abrazo de paz en entre todos.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  18 :  EL  LEPROSO  CURADO  DE  LA  EXCLUSIÓN.

Motivación inicial
               No es posible vivir de manera humana sin convivir dignamente con los demás. En el relato de leproso “limpiado” por Jesús vamos a ver que él no sólo cura la vida: sana también del daño de la exclusión que le producen la lepra. Dios no discrimina ni excluye a nadie de su amor. Somos nosotros que nos excluimos por discriminar a otros. Los seguidores de Jesús estamos llamados a trabajar por una sociedad y una Iglesia donde nadie sea excluido ni marginado.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿A quiénes siento que voy marginando?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Marcos 1,40-45: El leproso reintegrado.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        El leproso. Para conocer más la exclusión social y religiosa de los leprosos, leer Levítico 13,4-46. ¿Qué prohibiciones sociales y religiosas conllevaba la enfermedad de la lepra en el país de Jesús?
-        Actuación de Jesús. ¿Qué actitudes tiene Jesús con el leproso? ¿Qué pide exactamente Jesús al leproso? ¿Qué significado doy a las actuaciones de Jesús?
-        Las palabras de Jesús. ¿Me parece importante lo que dice Jesús al leproso? ¿Qué logra Jesús con el leproso además de la curación de su enfermedad?
-        Despedida del enfermo. ¿Por qué motivo será que Jesús pide al leproso curado de no divulgar la curación? ¿Por qué pide Jesús al leproso avisar al sacerdote y presentar una ofrenda?
-        Conclusión del relato. ¿Noto la contradicción: el leproso es reintegrado en la comunidad social y religiosa… y a Jesús, qué le pasa? ¿Qué sentido doy a esta situación?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “CURAR LA VIDA DE LOS EXCLUIDOS”.

               Jesús anda predicando su mensaje por toda Galilea. De manera inesperada, un “leproso”, rompiendo las normas sociales y religiosas que le obligaban a vivir lejos de todo contacto, “se acerca a Jesús”. Su deseo de salir de la miseria y marginación es más grande, sin duda, que su temor a infringir la ley. ¡Necesita a Jesús!
               Estos leprosos que se mencionan en los relatos evangélicos no son víctimas de la “lepra” conocida hoy por nosotros (enfermedad de Hansen). Son personas afectadas por diversas enfermedades de la piel (tiña, soriasis, eccemas…) que, extendidas por todo el cuerpo, produciendo decoloración, erupciones y llagas purulentas, resultan especialmente repugnantes. El leproso no era solamente un enfermo, sino un estigmatizado, sin sitio en la sociedad, sin acogida en ninguna parte.
               Una vez declarado impuro, el leproso quedaba excluido del acceso al templo del Dios santo, y por lo tanto de la convivencia dentro de su pueblo. No eran separados por temor al contagio (su enfermedad no era necesariamente contagiosa), sino por ser considerados “impuros” que pueden contaminar a quienes pertenecía al pueblo santo de Dios. La prescripción de la ley era cruel: “El afectado por la lepra… irá gritando ‘Impuro, impuro’. Todo el tiempo que dure la lepra quedará impuro y vivirá aislado, fuera de los poblados” (Levítico 13,45-46).
               El comportamiento, sancionado por las Escritura, era claro: la sociedad ha de excluir a los leprosos, pues son impuros ante Dios. En una sociedad como la de Galilea, donde el individuo sólo puede vivir integrado a su familia y su aldea, significa una tragedia. El leproso se siente un ser maldito de Dios, sucio y repugnante para todos. Su mayor angustia es pensar que tal vez no podrá volver entre los suyos, casarse, tener hijos, participar en las fiestas y peregrinaciones. Abandonados por Dios y los hombres, excluidos de la convivencia social y religiosa, estos enfermos constituyen el sector más marginado de Galilea. Pero, ¿están realmente abandonados por Dios o tienen un lugar privilegiado en su corazón?
               Según el relato, el leproso se acerca a Jesús, pero inmediatamente se postra a sus pies y de rodillas le hace su súplica desde el suelo. Sabe que está transgrediendo la ley. Se presenta como un ser indigno y culpable. Tal vez teme que Jesús se enfade por su osadía. Su gesto está pidiendo a grito piedad.
               Su petición es breve y sencilla: “Si quieres, puedes limpiarme”. Su confianza en el poder salvador de Jesús es total. No duda de que Jesús pueda limpiarlo, pero no está seguro de que quiera hacerlo. ¿Se atreverá aquel hombre de Dios a ir contra lo prescrito por la ley, por la religión del templo y por la sociedad entera? El leproso no pide ser curado, sino quedar “limpio”, es decir, que Jesús elimine el obstáculo que lo separa de Dios y lo excluye de su pueblo santo. ¿Lo hará?
               Jesús no se echa atrás horrorizado. Al parecer está solo. Tal vez la gente y los discípulos han huido ante la presencia del leproso. Según el evangelista, Jesús “se compadece”. El texto dice literalmente que “le temblaron las entrañas”. La expresión indica la conmoción profunda de Jesús. Siente compasión no sólo por aquel leproso que tiene a sus pies, sino por la miseria y exclusión de tantos enfermos marginados por la religión y por aquella sociedad que se siente “pueblo santo” de Dios.
               Al gesto del enfermo Jesús responde con otros 2 gestos: “extendió la mano” y “lo tocó”. Extiende la mano para transmitirle su fuerza curadora. Toca su piel repugnante para liberarlo de los miedos y tabúes, pero también para invitar a todos a superar la exclusión entrando en contacto con los que parecen malditos. El leproso había violado la ley acercándose a Jesús. Ahora Jesús completa la transgresión de manera más grave con su contacto físico. Lo actuación de Jesús lo dice todo: la ley religiosa que margina y excluye a estos desgraciados no expresa la verdadera voluntad de Dios. Dios acoge a todos, sin excluir a nadie. Así ha de actuar también su pueblo.
               A las palabras del leproso responde Jesús también con las suyas: ¡Quiero, queda limpio”. El leproso tiene que saber lo que quiere Jesús: la ley no tiene piedad por los leprosos; él por el contrario se conmueve hasta las entrañas por su situación; la ley no piensa en los que quedan excluidos; Jesús, por el contrario, pone siempre el bien de la persona por encima de la ley. El evangelista dice que “al instante le desapareció la lepra y quedó limpio”. Ocurre lo contrario de lo que dice la ley: el contacto físico con el leproso no contamina a Jesús, sino que limpia al leproso. En Jesús, el Hijo de Dios encarnado, se nos revela que la exclusión no es de Dios, sino de los hombres: quien margina no es Dios, sino la institución religiosa. ¿Aprenderemos sus seguidores a vivir sin excluir ni marginar a nadie?
               Al despedirlo Jesús pide severamente que guarde silencio y no cuente a nadie lo ocurrido. No es fácil interpretar esta prohibición. Sabemos que el evangelista Marcos presenta Jesús a sus discípulos que hablen de él. Al parecer teme que lleven al pueblo a graves malentendidos viendo en él un Mesías de carácter político y revolucionario (secreto mesiánico). En este caso, tal vez teme que el leproso curado lo presente como un curandero más, desvirtuando toda la novedad que introduce Jesús al suprimir la exclusión religiosa, revelando la verdadera voluntad de Dios que acoge a todos.
               Pero Jesús le pide que se presente a un sacerdote para que lo declare oficialmente “limpio” y pueda reintegrase al pueblo de Dios. Era competencia de los sacerdotes llevar a cabo un minucioso examen del leproso y un conjunto de ritos de purificación antes de autorizarlo a incorporarse de nuevo a la convivencia. Este ritual tenía el objetivo de hacer constatar ante el pueblo la curación del enfermo. Sin embargo Jesús le pide al curado que se someta a lo prescrito para que conste “como prueba ante ellos”. La expresión es enigmática y admite diversas lecturas. Posiblemente se quiere reafirmar que la curación llevada a cabo por Jesús, movido por su compasión y sin requisitos ni purificaciones rituales, ha de servir de prueba “contra” la dureza de aquel sistema religioso que no ayuda a los excluidos, sino que les exige complicadas condiciones rituales para salir de la exclusión.
               El relato culmina con un final bastante enigmático y lleno de ironía. El leproso, que había estado incomunicado, “se pone a divulgar a voces” lo ocurrido. Por el contrario, Jesús, que lo ha liberado de la exclusión, se ve obligado a “quedarse fuera, en lugares despoblados”, como si fuera un leproso. ¿Por qué no puede entrar abiertamente en ninguna ciudad? ¿Quiere evitar las aclamaciones de la gente? ¿Es que lo consideran como un hombre impuro? El evangelista pone fin al relato diciendo que, a pesar de quedarse en logares despoblados, “seguían acudiendo a él de todas partes”.
               De manera inconsciente vivimos cautivos de una red invisible de barreras y prejuicios, tan profundamente interiorizados por la sociedad y la religión que son ellos quienes nos dictan a quien acoger y a quien rechazar, con quien tratar y a quien evitar. Nos parece lo más normal pensar que nuestra raza es superior a otras, nuestra patria más noble, nuestra religión más respetable, nuestros derechos más exigibles. Sin darnos cuenta levantamos muros y barreras para excluir a quienes pueden poner en peligro nuestro bienestar o “contaminar” nuestra tranquilidad: gentes de otras razas, inmigrantes, indigentes, enfermos psíquicos, delincuentes que han pasado por la cárcel, prostitutas, colectivos homosexuales… Incluso desde la Iglesia podemos reforzar estas marginaciones o generar nuevas de carácter religioso: miembros de otras religiones, cristianos alejados de la Iglesia, casados de manera irregular, mujeres que han abortado…
               Seguir a Jesús es comprometerse en ese “movimiento de compasión” que él puso en marcha para introducir en la historia humana un “amor no excluyente” que vaya eliminando barreras de carácter racial, religioso, social, cultural, económico, sexual…


               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      Digámonos a quiénes sabemos marginar.

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Marcos 1,40-45: El leproso reintegrado.
2.      ¿Qué significa para el paralítico ir a hablar con el sacerdote?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿De qué discriminaciones tiene que curarnos Jesús?
4.      Compromiso: ¿Cómo vamos a abrirnos a las personas que no tomamos en cuenta?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Alguien lee la siguiente oración. Luego destacamos alguna frase de ella.
Señor, en los pobres y marginados de siempre,
En los inmigrantes y desempleados sin horizonte,
En las mujeres maltratadas y los ancianos abandonados,
En los niños indefensos y las gentes estrelladas,
En todos los heridos del borde del camino:
Queremos buscarte y encontrarte en ellos, Señor,
Haz que sepamos verte, descubrirte, acogerte, abrazarte.
-        Repetimos frase por frase el siguiente “salmo del migrante”
Desde los confines de la tierra, clamo a ti, Señor;/
Vuelve hacia mí tus ojos./
Sé tú, oh Dios mío, mi torre inexpugnable,/
La patera que no naufraga,/
La alambrada que cede ante mis pies./
Me refugio está en ti: que no se me arrebate la vida./
Sé tú, Señor, mi escudo y mi liberador,/
Pues he tenido que abandonar mi casa por la maldad ajena;/
He tenido que huir de la injusticia y la explotación/
Sé tú mi puente y mi pasaporte;/
Pues allí donde llegan todas las mercancías, no soy yo recibido…/
¿Quién hará de la tierra mi hogar? pues la hiciste como morada de todos./
Un día plantaré mi tienda para siempre/
Allí donde encuentre leche y pan para los míos./
Pues tú, oh Dios, eres mi amparo y mi libertador./
-        Escuchamos en silencio
Dios de misericordia, el Evangelio es esta Buena Noticia:
Nadie está excluido de tu amor.
Haz de mí tu pregonero incansable.

  1. Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.


 Tema  19 :  AMIGO  DE  LOS  “PECADORES”.

Motivación inicial
               La gente de Galilea llegó a llamar a Jesús “¡Amigo de los pecadores!”. Él nunca lo desmintió, pues tenía costumbres de relacionarse y comer con ellos, que eran considerados ‘gentes indeseables’. No excluía a nadie de su mesa. Estas comidas eran el gesto más expresivo y también más escandaloso del gran proyecto de Dios: hacer de la humanidad una gran familia que no excluya a nadie de su convivencia. A los seguidores de Jesús, se nos ha de conocer por nuestra capacidad de acoger a todos y compartir mes con todos, sin excluir a nadie.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Sé invitar a mi casa los vecinos para aumentar mi red de amistades?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Marcos 12,13-17: Un cobrador de impuestos como discípulo de Jesús.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        El publicano Leví llamado por Jesús. ¿Eran bien vistos los cobradores de impuestos, llamados también ‘publicanos’ o ´pecadores’ y por qué motivos? ¿Qué escándalo provoca Jesús al llamar a un cobrador de impuestos como su discípulo?
-        Jesús come con ‘pecadores’. ¿A quiénes se llamaba ‘pecadores’ en tiempos de Jesús? ¿Qué quería comunicar Jesús al invitar a su mesa a todos, sin excluir a nadie? ¿Qué grupos hoy acogen a los ‘indeseables’? ¿Cómo me siento interpelado/a personalmente?
-        Crítica de los maestros de la ley. ¿Por qué se molestan los maestros de la ley? ¿A quiénes se dirigen para hablar estos maestros de ley? ¿Por qué motivos será?
-        Respuesta de Jesús. Vuelvo a leer el refrán popular que recuerda Jesús. ¿Qué misión se atribuye Jesús? ¿Por qué el compartir de la mesa con todos es tan importante para Jesús? ¿Qué conclusión saco para mí?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “COMPARTIR MESA CON ‘PECADORES’”.

               Jesús anda predicando su mensaje por la orilla del lago, en las cercanías de Cafarnaúm. Era uno de los lugares preferidos para anunciar la Buena Nueva de Dios. Las gentes acuden a él de todas partes. Su mirada penetrante lo observa todo. Al pasar ve a Leví, hijo de Alfeo, sentado en su puesto para cobrar impuestas, y le dice: “Sígueme”. La gente tuvo que quedarse sorprendida y escandalizada: ¿cómo puede aquel profeta de Dios llamar a un recaudador de impuestos a seguirlo para formar parte de su grupo más cercano?
               ¿Quiénes son estos cobradores de impuestos llamados tradicionalmente “publicanos”? No los hemos de confundir con los recaudadores de los tributos del Imperio sobre estas tierras y los productos del campo: Roma confiaba esta tarea a familias poderosas y bien seleccionadas, que respondía con su fortuna de su cobro eficaz. Los ‘publicano’ que aparecen en los relatos evangélicos son los recaudadores que cobran impuestos de mercancías o derechos de tránsito en los límites de las provincias, en los puentes o las entradas de ciudades importantes. Dentro de este colectivo están los “jefes de publicanos”, hombres ricos y poderosos, como Zaqueo, que controlan y explotan los puestos de cobro, como Leví.
               Estos últimos formaban un grupo de gentes que no había podido encontrar un medio mejor para subsistir. Su trabajo, considerado como una actividad propia de ladrones e individuos pocos honrados, era tan despreciada socialmente que a veces se recurría a los esclavos para cobrar los impuestos. Lo publicanos eran probablemente el prototipo de pecadores, privados de la bendición de Dios y excluidos del pueblo santo. Se consideraba su conversión como prácticamente imposible, pues no podían restituir lo robado en tantas personas en tránsito.
               Sin duda, Leví era un hombre conocido en Cafarnaúm, dentro del colectivo de publicanos, que, por cierto, debía de ser bastante numeroso. No hemos de olvidar que Cafarnaúm era una ciudad fronteriza entre la Galilea de Antipas y el territorio gobernado por su hermano Filipo. Por sus cercanías pasaba una calzada comercial importante, llamada “Vía maris” (Vía del mar), donde se cobraban los impuestos de las ricas mercancías proveniente del Extremo Oriente.
               A Jesús no le importa la mala reputación que pueda tener Leví entre sus vecinos. Rompiendo una vez más las discriminaciones sociales y religiosas, lo llama a seguirlo. Su llamada significa para Leví un cambio total de vida. Ya no se dedicará a su negocio. Aprenderá a vivir desde Jesús y colaborará con su proyecto. No importa su pasado al margen de las leyes religiosas. Comienza para él una vida nueva. Con Jesús todo es posible.
               Lleno de alegría y agradecimiento, probablemente es él que organiza en su casa un banquete para celebrar su nueva vida. La escena que describe el evangelista es insólita. Los sectores religiosos de Cafarnaún no pueden admitir un escándalo semejante. Jesús está sentado en la mesa presidiendo una extraña comida. Por una parte se sienten a la mesa los discípulos que lo siguen. Pero se sientan también “muchos publicanos y pecadores”, invitados sin duda por Leví. Todos comparten el mismo banquete. En torno a Jesús está comenzando un movimiento liberador donde caen las barreras y los prejuicios que levantan los hombres en nombre de Dios.
Leví no ha invitado sólo a sus amigos “publicanos”. Junto a él ha acudido el grupo de indeseables a lo que se designa con el nombre de “pecadores”. Jesús los acoge a todos a su mesa. ¿A quiénes se aplicaba este grave calificativo? Los “pecadores” componen un grupo socialmente reconocible de personas que viven al margen de la ley de Moisés sin dar signos de arrepentimiento: usureros, estafadores, ladrones, recaudadores de impuestos, prostitutas y delincuentes de todo tipo. Viven fuera de la Alianza y se los considera excluidos de la salvación. Son “los perdidos”. De ellos habla seguramente Jesús en su parábola de la “oveja perdida”.
Los maestros de la ley, pertenecientes al sector fariseo, no pueden soportar aquel espectáculo: ¿cómo se le ocurre a un hombre de Dios acoger amistosamente a “publicanos y pecadores” hasta el punto de compartir mesa con ellos? Se dirigen directamente a los discípulos, pero su hostilidad es contra Jesús. Su tono es despectivo. No pronuncian siquiera el nombre de Jesús. Se sienten con derecho a pedir explicaciones: ¿Por qué come con publicanos y pecadores?” ¿por qué no guarda la debida separación?
Lo que más escandaliza no es ver a Jesús en compañía de gente pecadora y poco respetable, sino observar que se sienta con ellos en la mesa. Esta costumbre es uno de los rasgos más sorprendentes y originales de Jesús, tal vez lo que más le diferencia de todos sus contemporáneos y de todos los profetas y maestros del pasado. Es difícil encontrar algo parecido en alguien considerado como “un hombre de Dios”.
El asunto es explosivo. Sentarse a la mesa con alguien siempre es una muestra de respeto, confianza y amistad. No se come con cualquiera. Compartir la misma mesa quiere decir pertenecer al mismo grupo. Por eso los sectores judíos que quieren observar la santidad propia del pueblo elegido excluyen a los pecadores. ¿Por qué no hace Jesús otro tanto? ¿Acaso pertenece al grupo de los pecadores?
Jesús sorprende a todos. Su mesa está abierta a cualquiera. Nadie se debe sentir excluido. Puede compartir su mesa gente de mala fama o de dudosa moralidad, incluso pecadores que viven al margen de la Alianza. Jesús no excluye a nadie. El reino de Dios es una mesa abierta donde se pueden sentar todos, incluso los pecadores. Por eso la identidad de Jesús y de sus seguidores consiste precisamente en no excluir a nadie.
Cuando Jesús oye la crítica de los letrados fariseos, no deja que respondan sus discípulos. Interviene el mismo para dejar claro el significado profundo de su actuación. En primer lugar les recuerda un refrán probablemente conocido por todos: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”. De esta manera tan sencilla cambia por completo la perspectiva del planteamiento: a los fariseos les preocupa conservar intacta la propia identidad santa, sin contaminarse con pecadores; a Jesús lo que le preocupa es la necesidad que pueden tener de él los pecadores para sentirse acogidos por Dios.
Con pocas palabras descubre su manera de mirar a quienes, por razones diferentes, no viven a la altura moral de los que observan las prescripciones de la ley. Más que “pecadores” son “enfermos”, más que culpables son víctimas del mal. Necesitan ayuda más que condena, acogida más que exclusión.
Al mismo tiempo Jesús revela su modo de acogerlos. Aquellas comidas tienen para él un carácter terapéutico. Al ofrecerles su confianza y su amistad los libera de la vergüenza y la humillación, los rescate de la exclusión, los acoge como amigos y amigas. Poco a poco su amistad los va curando por dentro. Por primera vez se sienten acogidos por un hombre de Dios. Jesús no actúa como un maestro que los condena en nombre de la ley, sino como un médico amigo que quiere para ellos una vida más sana, digna y dichosa. Junto a Jesús empiezan a intuir que Dios no es un juez sombrío y peligroso que los espera airado; es un amigo que los busca para ofrecerles su amistad. No tienen nada que temer. Junto a él pueden beber vino y cantar canciones. Con su acogida amistosa Jesús no está justificando el pecado, la corrupción o la prostitución. Está rompiendo el círculo diabólico de la exclusión y abriendo un espacio nuevo y acogedor para su encuentro con Dios.
Jesús termina su intervención explicando solemnemente su misión: “Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Jesús provoca con su actuación una verdadera “subversión”: los que se creen con derecho a pertenecer al pueblo santo de Dios y no sienten la necesidad de cambio alguno, pues observan fielmente la ley, quedan excluidos; los que por su condición de pecadores no pueden hacer otra cosa sino reconocer su exclusión, son llamados y acogidos.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Sabemos invitar a nuestra casa vecinos para aumentar nuestra red de amistades?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Marcos 12,13-17: Un cobrador de impuestos como discípulo de Jesús.
2.      ¿Por qué causa escándalo el llamado de Jesús a Leví-Mateo para que sea parte de sus apóstoles?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Qué nos enseña la actitud de Jesús al llamar a Leví-Mateo para conformar su Comunidad de vida?
4.      Compromiso: ¿Con quiénes nos vamos a relacionar para abrirnos a otros?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
-         Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Escuchamos en silencio:
Padre y madre Dios: todos somos tus hijos; todas somos tus hijas.
El mundo los llama: maldito, ladrón, drogadicto, prostituta,
Borracho, demente, vagabundo, terrorista, loco, violador…
Los justos y los buenos los llaman: perdido, pecadores, desviado, condenado;
Mejor olvidarlos y no perder tiempo ni energía con estos náufragos.
Para ti, Dios nuestro, tú eres su padre y madre de todos y todas para siempre.
Él es siempre tu ‘hijo amado’; ella es siempre tu ‘hija amada’.
Son tus hijos y tus hijas enfermos de amor, necesitados de amor.
-        Alguien lee la siguiente oración que repetimos paso a paso
No has venido, Señor, para juzgar,/
Sino a buscar a los que estaban perdidos,/
Para abrazar con ternura a los que estaban enfermos,/
Para librar de culpas y temores a los que estaban hundidos./
Señor, tú sabe que somos barro, con nuestro pasado de pecado:/
Con nuestras ambigüedades y limitaciones,/
Con nuestros pecados personales y colectivos,/
Con el pecado del mundo./
Señor, tú has venido para amarnos sin límites./
-        Hagamos alguna oración personal.

  1. Bendición y abrazo de paz.


 Tema  20 :  LA  PROSTITUTA  ACOGIDA  POR  JESÚS.

Motivación inicial
               Vamos a profundizar más en la acogida de Jesús a los ‘llamados pecadores’. Un incidente provocado por una prostituta nos va a permitir descubrir mejor cómo acoge y defiende Jesús a estos pecadores frente a quienes los condenan sin respetar su dignidad.  Seguir a Jesús es aprender a mirar cómo miraba él, también a estas gentes extraviadas que casi todos desprecian.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Cómo miro a las mujeres que se prostituyen?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 7,3-50: La prostituta acogida por Jesús.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Actuación de la prostituta. ¿En casa de quién se encuentra Jesús? ¿Cuáles son los distintos gestos de la mujer con Jesús? ¿Cómo interpreto su actuación?
-        Reacción del fariseo. ¿Qué piensa el fariseo de la mujer? ¿Por qué se siente con derecho a juzgarla? ¿Cómo interpreto que Jesús se dejar tocar por una mujer prostituta?
-        La parábola. ¿Por qué el prestamista condona la deuda de los 2 endeudados? ¿Cuál es el mensaje de la parábola?
-        Aplicación de la parábola. Según Jesús, ¿en qué ha fallado el fariseo en su acogida de Jesús? ¿De qué manera resalta Jesús la dignidad de la mujer? ¿Qué desveló Jesús al fariseo en esa mujer prostituta?
-        Palabras finales de Jesús a la mujer. ¿Cómo entiendo las 2 series de palabras de Jesús a la mujer? ¿También a mí me dirige Jesús estas mismas palabras?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “UNA MIRADA DIFERENTE.

               Jesús acepta la invitación de un fariseo y entra a su casa para comer. Sentarse en torna a la mesa es siempre una buena ocasión para dialogar y anunciar la Buena Noticia. Los comensales, todos varones, toman parte en la comida recostados cómodamente en torno a una mesa baja. Al parecer no caben al interior de la vivienda.  El banquete tiene lugar probablemente delante de la casa, de manera que los curiosos pueden acercarse, como era habitual, a observar los comensales y escuchar su conversación.
               De pronto se presenta una prostituta de la localidad. El fariseo Simón la reconoce y se siente molesto y nervioso. Conoce bien a estas prostitutas que se acercan al final de los banquetes en busca de clientes. Esta mujer puede contaminar la pureza de los comensales y estropear el banquete. Las prostitutas que aparecen en los relatos evangélicos no son prostitutas que trabajan en los burdeles controlados por los esclavos en las ciudades importantes. Son prostitutas de las aldeas, casi siempre mujeres repudiadas, viudas empobrecidas o jóvenes violadas. A parecer, estas mujeres despreciadas y humilladas por todos se acercaron muy pronto a las comidas que se hacían en torno a Jesús.
La prostituta se dirige directamente a Jesús, se acerca por detrás y se pone junto a sus pies, mientras él sigue recostado. El narrador se detiene a describir con detalles los gestos de la prostituta, llenos de emoción, gratitud humilde y amor desbordante. La mujer acapara con sus gestos la atención de todos los comensales.
No dice nada, sólo acierta a llorar hondamente. No sabe cómo expresar su alegría y agradecimiento. Sus lágrimas riegan los pies de Jesús. Olvidándose de todos los presentes se suelta su cabellera y, frotando suavemente, se los va secando. Es un deshonor para una mujer soltarse el cabello delante de los varones, pero ella no repara en nada: está acostumbrada a ser despreciada. Luego besa una y otra vez estos pies queridos y, abriendo el pequeño frasco que lleva colgado en el cuello, se los unge con un perfume precios de mirra. Es difícil no pensar en el texto de libro de Isaías, donde se puede leer: “¡Qué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena noticia y proclama la salvación!” (52,7).
El fariseo contempla la escena horrorizado. La actuación atrevida de la mujer y la acogida serena de Jesús lo llenan de indignación. Su mirada de hombre experto en las tradiciones fariseas sólo ve en aquella mujer una “pecadora” indigna que está contaminando la pureza de los comensales; no repara en sus lágrimas; sólo ve en ella los gestos desvergonzados de una mujer de su oficio que sólo sabe soltar el cabello, besar, acariciar y seducir a los hombres con sus perfumes. Su mirada de desprecio le impide además reconocer en Jesús al profeta de la compasión de Dios: su acogida serena a la mujer lo desconcierta; no puede ser profeta.
La mirada de Jesús es diferente. En aquel comportamiento que tanto escandaliza al fariseo Simón, él sólo ve el amor grande y agradecido de una mujer que se sabe muy querida y perdonada por Dios. Simón no lo puede ni sospechar. Jesús, que hasta ahora ha estado en silencio reclama su atención, pues quiere descubrirle una manera nueva de ver las cosas: “Simón, tengo que decirte una cosa”.
Jesús le cuenta una pequeña parábola que habla de un prestamista El relato es sencillo y claro. De manera sorprendente el acreedor perdona la deuda a los dos. Sin duda es un hombre generoso que comprende los apuros de quienes no pueden pagar lo que deben. La deuda de uno es grande: quinientos denarios, el sueldo de casi 2 años de trabajo en el campo, un cantidad casi imposible de para un campesino. La deuda del otro sólo asciende a cincuenta denarios, una suma más fácil de conseguir, el sueldo de siete semanas. Jesús termina con una pregunta: ¿quién de los dos le estará más agradecido? La respuesta de Simón es lógica: “Supongo que aquel a quien perdonó más”.
Jesús pasa en seguida a la aplicación concreta de la parábola. Va a enseñarle al farseo a mirar a la prostituta de manera diferente: “Ves a esta mujer”. Con admirable pedagogía va a destacar los tres gestos que la mujer ha tenido con él, en contraste con el descuido que ha mostrado Simón al recibirlo en su casa. Los gestos de la mujer manifiestan su amor grande y agradecido a Jesús; los olvidos de Simón al atenderle a él muestran su falta de acogida y hospitalidad.
Al entrar en la casa Simón no le ha ofrecido agua para lavarse los pies; la mujer, por el contrario, se los ha bañado con sus lágrimas. Simón no le ha dado el beso de la paz; la mujer no ha cesado de besar sus pies. Simón no ha ungido con aceite su cabeza; la mujer le ha ungido los pies con perfume. Todo queda iluminado por la pequeña parábola. Si la mujer “da tales muestras de amor es que se le han perdonado sus muchos pecados”: la prostituta sabe que es pecadora, y que el perdón que recibe de Dios es inmerecido; se siente querida por Dios, no por sus méritos, sino por la bondad de ese Dios del que habla Jesús; por eso se despierta en su corazón tanto agradecimiento y amor. Por el contrario, “al que se le perdona poco mostrará poco amor”. Es lo que le sucede a Simón: sabe que observa la ley; apenas siente necesidad del perdón de Dios; sus pecados son tan pocos que no se siente pecador y tampoco perdonado; por eso el mensaje de Jesús sobre el perdón de Dios lo deja indiferente. En su corazón no se despierta la alegría y el agradecimiento. ¿No nos puede pasar algo parecido?
El relato va llegando a su fin. Delante de todos, Jesús se dirige ahora a la mujer, despreciada por el fariseo Simón y sus amigos para confirmarle solemnemente el perdón de Dios: “Tus pecados quedan perdonados”. Aquella mujer, despreciada por el fariseo Simón está disfrutando del perdón de Dios. Ha cometido muchos pecados, pero nadie tiene más amor a Dios que ella. Los comensales no salen de su asombro: “¿Quién es este que hasta perdona los pecados?”. Esta es la pregunta que el evangelista deja resonar para que nosotros vayamos ahondando en el misterio que se encierra en Jesús.
Las últimas palabras de Jesús son para la prostituta. Esta mujer ha de saber que es su fe en el amor de Dios lo que le ha abierto a su perdón gratuito y salvador: “Tu fe te ha salvado”. Luego la invita a iniciar una vida llena de paz. Ya no importa su pasado. En adelante puede vivir reconciliada con Dios y consigo misma: “Vete en paz”.
Este relato conmovedor nos invita a reaccionar ante Jesús, Profeta de la compasión, en el que se nos ofrece el perdón de Dios. ¿Somos conscientes de que todos vivimos del perdón inmerecido de Dios? Y si todos hemos de vivir agradeciendo a Dios de su perdón: ¿cómo nos atrevemos a vivir juzgando y condenando ligeramente a los demás? ¿Cuándo aprenderemos a mirar a todos como miraba Jesús?
En el evangelio de Mateo ha quedado recogida una frase provocativa de Jesús a los dirigentes religiosos de su pueblo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el Reino de Dios” Mateo 21,31). Los escribas hablan constantemente de la ley; los sacerdotes del templo alaban a Dios sin descanso. Nadie dudaría de que están haciendo la voluntad de Dios. Pero las cosas no son siempre como parecen. Los publicanos y las prostitutas no hablan de Dios; no se preocupan de la ley; son pecadores despreciados por todos. Sin embargo, según Jesús, van por delante en el camino del Reino de Dios. Ellos saben entender y acoger mejor que nadie el perdón de Dios.


               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Cómo miramos a las mujeres que se prostituyen?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 7,3-50: La prostituta acogida por Jesús.
2.      ¿Qué es lo que más nos llama la atención de la actitud de Jesús?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Sabemos mirar positivamente a las personas que todo el mundo condena?
4.      Compromiso: ¿Qué vamos a cambiar con nuestras miradas y nuestras palabras para acoger a todos y todas?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
  1. Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Alguien lee esta oración. Luego repetimos alguna de sus expresiones.
Señor, reina en mí la oscuridad, pero en tu está la luz.
Me siento sólo, pero tú no me abandonas.
Estoy desalentado, pero en ti está la ayuda.
Estoy intranquilo, pero en ti está la paz.
La amargura me domina, pero en ti está la paciencia.
No comprendo tus caminos, Señor, pero tú sabes el camino para mí.
-         Escuchamos en silencio las palabras de Jesús a la mujer prostituta.
Después de cada frase hacemos un momento de silencio
“Tus pecados quedan personados”…
“Tu fe te ha salvado”…
“Vete en paz”…
-         Repetimos frase por frase el Salmo 102, pensando en nosotros y en los que condenamos cuando Dios los perdona.
“El Señor es compasivo y clemente, paciente y misericordioso.
No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo.
No nos trata como merecen nuestros pecados,
Ni nos pagas según nuestras culpas.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
Así siente Dios ternura por sus fieles,
Porque sabe de qué estamos hachos:
Se acuerda de que somos barro”.
-         Hacemos alguna breve oración espontánea.

  1. Bendición y abrazo de paz.


 Tema  21 :  EL  RICO  BUSCADO  POR  JESUS.

Motivación inicial
               Seguimos ahondando en la amistad de Jesús con los pecadores. En la ciudad de Jericó, Jesús busca al rico Zaqueo, le ofrece su amistad y entra en su casa. Eso provoca el escándalo de unos -los legalistas- pero logra la conversión de Zaqueo. Jesús quiere dejar claro que “ha venido para buscar y salvar lo que está perdido”. Así está también hoy entre nosotros: Jesús busca y salva a las y los que nosotros consideramos como ‘perdidos’ o lo que echamos a perder.


1ª parte: PREPARACIÓN PERSONAL

1.      Motivación
¿Cómo considero a la gente rica o muy rica? ¿Me he puesto a pensar cómo salvar a los ricos?

2.      Lectura de la Palabra de Dios: Lucas 19,1-10: Jesús y Zaqueo.

3.      Profundización de la lectura bíblica
-        Zaqueo. ¿Cuáles son los rasgos con que se describe a Zaqueo? ¿Cómo era considerado Zaqueo por sus vecinos? ¿Qué hace Zaqueo al saber que Jesús está atravesando las calles de Jericó?
-        Actitud de Jesús. ¿Cómo responde Jesús ante la iniciativa de Zaqueo para verlo? ¿Cómo reacciona la gente de Jericó a ver a Jesús ir a casa de Zaqueo? ¿En qué me llama la atención las actuaciones de Jesús?
-        La acogida de Zaqueo. ¿Cómo reacciona Zaqueo ante la actuación de Jesús para con él? ¿Son importantes las decisiones que toma Zaqueo? ¿Qué me parecen las decisiones que toma Zaqueo?
-        Conclusión. ¿Qué siento al escuchar que Jesús ‘ha venido para buscar y salvar lo que está perdido’? ¿Tengo la experiencia de haber vivido algún momento de ‘salvación’ en beneficio de alguien? ¿Qué tengo que cambiar en este momento de mi vida?
Puedo hacer un momento de oración.


2ª parte. Comentario: “BUSCAR Y SALVAR LO PERDIDO”.

               Camino de Jerusalén, Jesús entra en la ciudad de Jericó, donde vive Zaqueo, un hombre bien conocido por todos. Lucas lo describe con 2 rasgos. Es un poderoso jefe de recaudadores que controlan el paso de las mercaderías que entran en la zona de Jericó, importante encrucijada de caminos. Es por lo mismo un hombre rico que vive explotando a la gente al cobrarles los impuestos y derechos de tránsito.
               Zaqueo no es querido en Jericó. La gente lo considera como un ‘pecador’ que no puede contar con la bendición de Dios. Su actitud es despreciable, propia de personas poco honradas que viven explotando a los demás. No merece ser llamado ‘hijo de Abraham’. Su misma riqueza le está condenando: no sirve a Dios sino al dinero. Seguramente Jesús lo condenará.
               Sin embargo, este hombre despreciado por todos como pecador, “quiere ver a Jesús”. No es sólo curiosidad. Quiere saber quién es, qué misterio se encierra en ese profeta que tanto atrae a la gente. Ha oído hablar de Jesús, pero no lo conoce. Ahora que ha llegado a Jericó quiere verlo de cerca y encontrarse con él. No es fácil para un hombre rico, instalado en su mundo de poder y explotación. Pero su deseo de ver a Jesús va a cambiar su vida. No lo hemos de olvidar.
               Zaqueo tendrá que superar varios obstáculos. Lucas dice que la gente le impide ver a Jesús, porque es “bajo de estatura”, sobre todo porque su vida está motivada por ideales muy poco nobles: con los ojos puestos en la riqueza es difícil ver a Jesús con claridad. Por otra parte, la gente es también un impedimento. Zaqueo tendrá que superar prejuicios sociales para descender de su mundo de poder y acercarse humildemente a Jesús como un necesitado más.
               Zaqueo da pasos concretos para ver a Jesús. Lo hace con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre y se sube como un niño a una higuera por dónde va a pasar a Jesús. No le importa actuar de manera poco acorde con su dignidad de  señor importante. Sólo busca el momento y el lugar adecuado para encontrarse con Jesús. Ni el mismo sabe que está buscando paz, verdad, un sentido más digno a su vida.
               Pronto descubrirá que también Jesús le está buscando a él. Aquel hombre, juzgado por todos por ‘pecador’, para Jesús es simplemente una persona que vive “perdida”. Por eso, al llegar al lugar donde se encuentra Zaqueo, “levanta los ojos” hacia él. Ahora es Jesús quien lo mira. El relato sugiere un encuentro de miradas entre el Profeta defensor de los pobres y el rico explotador de Jericó.
               No hay por parte de Jesús ningún gesto de condena. Lo llama por su nombre y le dice. “Zaqueo, baja enseguida”. No hay que perder más tiempo. “Hoy tengo que alojarme en tu casa”. Jesús le ofrece su amistad: comerá en su casa, le escuchará, podrán dialogar despacio. Quiere entrar en el mundo del rico. Zaqueo responde inmediatamente a la llamada de Jesús y les abre las puertas de su casa, lleno de alegría. Hay momentos decisivos en que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que estamos echando a perder. No hemos de dejarlo escapar.
               Mientras tanto, todos en Jericó critican a Jesús y se escandalizan porque “ha entrado en casa de un pecador”. No comprenden su actitud acogedora. No entiende que aquel profeta que fustiga con tanta riqueza a los ricos y los llama malditos, busque la amistad de Zaqueo. Zaqueo lo necesita: entrará en su casa.
               Lucas no describe el encuentro. Sólo le interesa destacar el profundo cambio que se produce en aquel rico. Zaqueo, mirado por Jesús, interpelado por su palabra, acogido y respetado, se deja salvar por aquel profeta sanador. Su manera de mirar la vida se transforma. Ya no piensa sólo en su dinero, sino en el sufrimiento de los pobres. No puede seguir viviendo como ahora: compartirá con ellos sus bienes. Se acuerda también de los que han sido víctimas de sus abusos: les devolverá con crees lo que les ha robado.
               Zaqueo deja que Jesús introduzca en su vida verdad, justicia y compasión.  Según el relato, Zaqueo “se pone en pie” para hablarle a Jesús de sus decisiones. Se siente otro. Ha adquirido otra estatura más humana. El encuentro con Jesús ha transformado su corazón y su vida entera.
               El relato culmina con unas palabras de Jesús que revelan u resumen lo acontecido en casa de Zaqueo. En primer lugar todos han de saber que “hoy ha sido la salvación de esta casa”.  Encontrarse con Jesús es siempre un momento de salvación. Zaqueo ha adquirido un nueva identidad.  Era un pecador excluido por todos del pueblo de Dios. Jesús lo declara ahora “hijo de Abrahán”.
               En el origen de esta salvación está Jesús.  Según dice él mismo: “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. Es una de las definiciones más hermosas de Jesús. No hemos de olvidar: acoger a Jesús es a Dios encarnado, que en Jesús viene a nosotros para salvar , reavivar y resucitar lo que nosotros echamos a perder.
               A todos se acerca Jesús ofreciendo la salvación de Dios, pero no a todos de la misma manera. En concreto a los ricos, se les acerca para salvarlos, antes que nada, de sus riquezas. La vida de quienes son esclavos del dinero son vidas “perdidas”, vidas sin verdad, sin voluntad de justicia, sin compasión hacia los que sufren. Pero Jesús ama a los ricos. Todo rico que lo deje entrar en su casa experimentará su fuerza salvadora.
               En nuestro itinerario andamos buscando a Jesús: tratando de ver quien puede ser para nosotros.  Si nos dejamos buscar por él, si escuchamos su llamada y si lo dejamos entrar en nuestra vida, experimentaremos su fuerza salvadora. Él está en medio de nosotros para salvar a lo que está perdido en nosotros. Él nos puede liberar del bienestar fácil, des consumismo deshumanizador y de tantas esclavitudes materiales que vacían nuestra vida de justicia, de solidaridad y de compasión.
               Bien puedo hacer un momento de silencio meditativo.


3ª parte: REUNIÓN DE GRUPO

ACOGIDA MUTUA Y FRATERNA

SALUDO: El animador saluda y presenta el tema con su motivación inicial.

‘VER’ DESDE NUESTRA VIDA PESONAL
1.      ¿Qué propuestas hacemos para avanzar en la conversión de los ricos?

‘ILUMINACIÓN’ EVANGÉLICA
Lectura de Lucas 19,1-10: Jesús y Zaqueo.
2.      ¿Cómo entendemos las reacciones de Jesús con Zaqueo?

‘ACTUAR’ POR EL PROYECTO DE JESÚS
3.      Conversión personal: ¿Cómo relacionamos este episodio de la vida de Jesús con nuestra propia vida?
4.      Compromiso: ¿Qué tenemos que cambiar para asemejarnos más a Jesús?

ORACIÓN-‘CELEBRACIÓN’ COMUNITARIA.
1.      Sugerencias para la oración: Nos repartimos las diferentes partes.
-         Se explica los símbolos presentes en la mesa.
Momento de silencio donde nos disponemos a rezar.
-         Repetimos paso a paso la siguiente oración.
Jesús, si vienes a nuestra casa, no la vas a encontrar arreglada./
No todo está limpio en nuestras vidas: necesitamos que vengas./
Sólo tú puedes cambiar nuestras vidas, sólo tú puedes renovarnos por dentro./
Ven y entra en nuestra casa como entraste en la de Zaqueo./
Necesitamos sentir tu salvación: Entra hasta el fondo de nuestro corazón./
Enciéndenos por dentro, reaviva nuestras fuerzas y nuestro amor./
Ven a buscar y salvar lo que echamos a perder./
-         Escuchamos en silencio las siguientes palabras de Jesús, haciendo una pausa entre cada una.
“Hoy tengo que alojarme en tu casa…
“Hoy es la salvación de esta casa…
“Vengo a buscar y salvar lo que está perdido”…
-         Repetimos el final de cada petición:
Jesús, conviérteme primero a mí para que pueda anunciar a otros tu Buena Noticia: Jesús, dame audacia.
En este mundo escéptico y autosuficiente, tengo vergüenza y miedo: Jesús, dame esperanza.
En esta sociedad recelosa y cerrada, yo también tengo poca confianza en las personas: Jesús, dame amor.
En esta tierra insolidaria y fría, yo también siento poca solidaridad: Jesús, dame constancia.
En este ambiente cómodo y superficial, yo también me canso fácilmente: Jesús, dame valor.
Jesús, conviérteme primero a mí para que pueda anunciar a otros tu Buena Noticia: Jesús, dame tu salvación.
-         Hagamos una breve oración espontánea.

2.      Bendición y abrazo de paz.

DESPEDIDA. Se señala la fecha y la casa donde tendrá lugar la próxima reunión.



No hay comentarios:

Publicar un comentario